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Posts Tagged ‘DOLOR’

No entiendo muy bien porque algunas mujeres atormentan a sus maridos con su belleza, quizá por eso alguien ha inventado el infierno y los castigos por las cosas más ridículas, ¿acaso castigar la infidelidad no es cosa de tontos?

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Recién salía del trabajo y a unos cuantos metros habían encontrado a un hombre sin cabeza y sin brazos, alguien quizá muy inocente aún, preguntó: ¿está muerto?, no lo pude evitar y me reí, pero aún no estoy seguro si fue de miedo o de burla.

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La cambiaría por un libro si ella fuera mía. No la trato como puta. Me habría gustado ser gitano, como mi padre o mi abuelo, solo así creo que me atrevería a robármela. Estoy pensando en ella y la veo vestida dentro de un largo vestido blanco

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No trabajar en lo que más te gusta, es el error más grande del mundo, me había dicho un amigo.

¿Quién trabaja en lo que le gusta?, pregunté.

Todo lo que yo sabía era que trabajaba para poder pagar las cosas más básicas como comer y a veces hasta alcanzaba para soñar que podría pagar por una vida mejor para los hijos.

A veces creo que solo sabemos las cosas a la mitad, o mejor dicho: sabemos las cosas por la mitad y parte de lo que sabemos es una gran mentira. No nos gusta el trabajo porque nos habría gustado ser tal cosa, si somos tal cosa nos quejamos por ejemplo que tal situación no da para comer y el caso es que nunca estamos a gusto, pero si deseamos consumir y competir. Se trata de quien tiene el mejor carro, la mejor casa y todos los objetos adornos que son innecesarios en nuestras vidas, pagamos hipotecas imposibles, escuelas que no enseñan a razonar y compramos autos veloces que no podemos correr ni a la mitad de su potencia. Yo formo parte de esa sociedad, a veces quisiera renunciar a todo, romper con esas imposiciones sociales, vivir no en pareja, sino con dos mujeres, tener hijos con las dos y hacer lo más básico para vivir, no comprar muebles inflados y no por estar a favor de la naturaleza, reciclar y eso sería estar a favor de una vida sin condiciones económicas altas y sin sentido, pero en las ciudades ya no sabemos vivir sino tenemos dinero, sino tenemos un trabajo sin sentido y si no hacemos una reunión cada ocho días para presumir como pavorreales, lo último que nos hemos comprado.

Trabajar debería ser ilegal.

Uno no debería trabajar sobre todo en los meses que no se siente a gusto, por ejemplo cuando el calor es insoportable, tampoco se debería trabajar por la noche, ni cuando hay fiestas del lugar donde vives, se deberían hacer campañas publicitarias a favor de no trabajar y erradicar las que tienen que ver con el consumismo, pero como todo eso es un sueño, solo me resta volver al planteamiento inicial. Trabajar no es una cuestión de gusto, sino una necesidad que nos inventamos para poder suplir otra necesidad inventada que se llama consumir, consumir, consumir, hasta que la muerte nos separe.

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Ella escarba muy dentro de mí, incluso antes de regalarme su desnudez. Observo sus manos y me pregunto si después del sexo existe algo que nos pueda interesar, busco en sus manos la posibilidad de echar raíces y la respuesta una y otra vez es la misma, no hay nada, no esperes nada y disfruta de tu vida, tu propia vida e intenta escribir. Me jode el vacio que ese genera, me jode no tener el control de ella y hacerla mía después del sexo y que el gusto sea más allá de dos piernas desnudas. Su cuerpo, duro, firme, alucinante. Ella es flaca. Dialogamos de su pasado y quiero que tenga ganas de escuchar poemas y de escribir poemas que sean para ella y que nos tiemble la vida. Su cuerpo también es frágil. Mi poesía es una casa vieja llena de libros también viejos y abandonados. Leo en su sexo que después de hacer el amor ya no tendremos nada y me asusta. Comprendo que ella quiera huir, que ella prefiera la historia de su infancia, esa infancia donde yo no la vi crecer y entonces omito tantas cosas, como decir su nombre o encontrarme con ella  a solas y desnudos, porque no quiero que esta historia termine después de tener sexo. Silencios. Ella es una mujer perdida entre las horas de trabajo y las noches que paso en vela y a veces creo que he olvidado su rostro, pero nunca olvido su cuerpo desnudo aunque siempre la he visto con su ropa. Me inquieta, me seduce y me desgarro entre sueños. Soledad es lo que tengo de ella y esa es una metáfora jodida.

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A veces pienso que lo que en verdad pasa es que odio a los gatos, sobre todo porque uno de ellos duerme con Udele y porque los que dicen llevar un arma encima se la pasan sentados con un gato entre las piernas y un dedo en el gatillo.

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Estaba dispuesto a decirle adiós y desde luego recomendarle que cuidara mucho a su maridito, pero toda esa mierda emocional no me serviría de nada. lo que en verdad me preocupa es que a la hora de la hora no consiga una erección.

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Qué demonios es el amor sino tengo cabellos para que ella me los acaricie. De inmediato pienso en las perdidas y en el dolor que le acompaña cuando este sucede, todo mundo se entrega a las pérdidas de sus seres queridos, y casi nadie comparte el dolor de perder una parte de nosotros: una pierna, un brazo, un ojo y quizá lo menos doloroso, el apéndice o la vesícula y desde luego algo que solo es parte de la vanidad, el cabello. Así estaba yo, rodeado de perdedores, yo era incluso uno de ellos. Uno piensa que la vida es siempre amor y que si uno no es capaz de dar amor y si tristezas en racimos como si fueran rosas, la cosa esta mal y que uno no vale la pena. Antes de perder el cabello yo quería una mujer para poder hacerle el desayuno y revolcarme con ella todo el día y que ella me contará lo que había hecho mientras no estuvimos juntos, eso era el amor y desde luego que sin importar la forma que uno le denote, encontrar el amor era una tarea jodida y dura, se podría encontrar sexo más o menos fácil y una que otra que quería que le hiciera el desayuno, pero nada más. La vida es difícil, siempre fue así.

Casi siempre terminaba por decirle a las mujeres que habían estado conmigo eres a toda madre y me daba media vuelta, eso era todo, eso era el amor.

El resto del tiempo salía a trabajar o me daba a la fuga no quería saber nada del mundo y mucho menos que era lo que alguno de mis conocidos había perdido, podría hoy en día hacer una larga lista, pero creo que carece de sentido. La felicidad en pocas palabras no es posible, ni el amor, solo el sexo y si tienes suerte unos cuantos orgasmos y la tristeza de las perdidas, yo, no tengo cabellos para que ella me acaricie mientras hacemos el amor, alguno no tiene piernas, otro no tiene uno o dos de sus ojos, y sobre todo por alguna razón estamos llenos de tristezas.

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Escribí por primera vez acerca de ella; pienso que se trataba de un cuento, donde mi mujer y yo teníamos una discusión, supongo que era por ella o tal vez por otra que al final resultaba ser ella. La historia era muy bonita, como dije antes tal vez era un cuento, el final no me gustaba del todo porque según recuerdo había un muerto o el muerto era yo o tal vez no era así y ella y yo rodamos por el suelo, mientras nos peleábamos porque mi mujer no nos dejaba en paz. Cualquiera había alabado ese final, pero a mí me seguía pareciendo deprimente. Escribí sin siquiera saber que pasado algún tiempo, dos o quizá tres años le habría de proponer que se fuera conmigo a la cama. La segunda vez que escribí acerca de ella las cosas ya eran diferente, la historia llevaba ya una intención, era un historia que hasta cierto punto me resultaba un poco ajena de las historias que suelen gustarme, era acerca de un lugar donde uno solo puede ver a las personas que ama, el resto es como si no existieran. En esa historia yo estoy muy enamorado de mi mujer, pero existe algo que me hace pensar que ella ha dejado de quererme, como si el amor tuviera fin y es que para ella comienzo a pasar sin que ella logre verme del todo, me fui desvaneciendo, sin embargo yo no dejaba de escribir mis cuentos acerca de ella, la que no era mi mujer y más de una vez incluso me puse a llorar porque sentía que en mis historias la estaba perdiendo, esa segunda era también triste y aburrida. Luego discutí con mi mujer, pero no por los cuentos, sino porque yo estaba empeñado en hacer las cosas como se me daba la gana y casi nunca era la mejor opción. Hubo desde luego una tercera historia, nada de otro mundo, en esa historia ella dejaba a su marido, pero yo seguía con mi esposa, yo no tenía el valor para dejarla y por su fuera poco estaba muy enamorado de ella y no la había dejado de amar. En esa historia ella, había tenido un hijo y el marido sospecho desde un principio que ese hijo no era suyo y ella termino por confesarle todo, desde el principio, le contó acerca del primer cuento, las pelas con mi esposa e incluso le conto lo enamorado que yo estaba, pero él no quiso entenderla y se fue de casa sin esperar a que el niño le dijera papá o le diera su primer beso. Después de todas esas historias, entendí porque ella había decidido dejarme, porque intentaba olvidarme cuando aún no había sucedido nada entre los dos, y es que algunas cosas se estaban haciendo realidad y eso a ella le preocupaba mucho. Desde luego que también vi la luna y vi las calles de París y vi la noche más larga y vi como un gato corría tras ella, deseando sus brazos, lo que no vi nunca más fueron sus ojos intensos.

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Por las mañanas pensaba en ella. Lo primero que hacía en cuanto abría los ojos era enviarle un mensaje para decirle que no hiciera el amor sin antes darme buenos días. Las mañanas nunca habían sido tan tristes, todo empezó desde que ella y yo dejamos de enviarnos mensajes. Por fortuna había otras mujeres y tenía la esperanza de un día después de que ella se dedicara a parir dos o tres hijos, me buscaría. Permanecía con otras mujeres en la cama, acariciando sus cuerpos, y notando como la tristeza me dejaba sin fuerza para poder mover las piernas, entonces temblaba y sentía unas ganas inmensas por llorar y por enviarle de nuevo muchos mensajes, pero me daba miedo el silencio que ella me había jurado guardar y como no tengo cabello, me golpeaba la barriga y juntaba los pies y después me quedaba inmóvil, como si estuviera muerto y dejaba caer la cabeza hacia atrás y no quería que nadie me viera y me encerraba todo el día. Estaba horrorizado y las mañanas no  tardaban mucho en llegar y yo todos los días deseaba leer un mensaje suyo. Desde luego que todo mundo ya sabe que fue lo que paso.

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