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Posts Tagged ‘cuando ya nada importe’

En estos momentos intentaba escribir una historia, algo que no fuera nada complicado, tal vez una historia con mucho sexo o mucha sangre o mejor aún con mucho sexo y abundante  sangre, tal vez se trate de una novela, una no muy larga con personajes comunes y el asesinato de una mujer y que la mujer muerta aparezca debajo de un puente y que sea novia de un escritor obsesionado con las historias oníricas, pero como dije antes, intentaba escribir esa historia, pero algo me ha sacado de mi ambiente ideal para escribir y ahora me dedico a imaginar cómo sería esta historia y me olvido de escribir; no más por esta noche.

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Tengo que confesar que durante muchos años yo me creía poeta, escribía poesía, a escondidas, no quería que nadie las leyera porque decían cosas tan absurdas de las que ahora me río, sucedía todos los días lo de ponerme a escribir poesía, tenía las paredes tapizada de poemas. Un día me se me ocurrió leer esos poemas delante de un público y me di cuenta de que un hombre o una mujer no pueden vivir sin poesía, como tampoco pueden vivir sin un hombre o una mujer según sea el caso y fue entonces que deje de escribir poesía y de pretender leer con un público frente a mí y me dedique amar a una mujer que era toda la poesía que necesitaba, pero la cuestión amor no dura gran cosa y un día me descubrí en un cuarto a oscuras como si anduviera a hurtadillas, tratando de escribir un verso, uno solo por noche me repetía, mientras que mi mujer se lavaba las axilas y se perfumaba.

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Por la mañana, salimos del trabajo y nos fuimos a refugiar a su cama, ella insistía en preparar café. Yo me sentía triste como para de paso tomar café. Había vivido ya dieciocho  años con mi esposa y era la primera vez que me metía a otra cama sin que ella estuviera conmigo, no solo me sentía triste, debo decir que por primera vez en todos estos años me sentía vacio. Me puse la ropa lentamente, mientras que Aline (la voy a llamar Aline, porque su verdadero nombre no me gusta), bebía su café en la sala, me acerque a ella y la bese en la frente y le di las gracias. Antes de salir, ella me dijo que la había pasado muy bien y que espera volver hacerlo después de la siguiente guardia, fije los ojos en ella y comencé a caminar, no quería que me viera llorar y una vez fuera de su casa comencé a correr, necesita ver a mi esposa, necesitaba bañarme, necesitaba quitarme todas mis culpas, necesitaba no volver nunca más al trabajo.

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Lo más jodido de mi vida es que tengo que escribir después del sexo, pocas veces lo hago antes y me invento amantes. A veces creo que me jode el fútbol o solo es que no me gusta o si me gusta y lo que me jode es que algunos se vuelvan fanáticos. Amo a todas mis amantes, no importa que sean parte invento, parte deseos, parte ajenas. Quizá mi gran defecto es que me porto como un macho.

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Podría convertirme en novelista con mis cuarenta y tantos años, dicen que es la mejor edad para empezar a escribir. Yo no lo sé (apenas soy capaz de escribir dos o tres líneas cuando me canso), en todo caso nada me gustaría más, pienso que el mejor lugar para escribir es un sitio aislado del ruido, un lugar donde nadie rompa mis silencios (supongamos un cuarto propio) y con una salida de emergencia por si se llega a ofrecer y desde luego con una buena vista del exterior, la realidad es que en una frontera tan fea como esta de nada sirven las vistas al exterior, ni la supuesta soledad de un cuarto propio para poder escribir, como casi nada de lo que está alrededor suele servir, la noche con más silencio es cuando se escucha a lo lejos diversas detonaciones y los perros callan. Ya casi nadie escucha a los perros, no porque no presientan la muerte sino porque se han acostumbrado a ella que ladrarle supone una pérdida de tiempo para ellos y para nosotros. Como novelista estoy perdido y no por la falta de historias, sino porque las historias abundan y a mí nunca me sucede nada, tampoco quiere decir que para escribir acerca de un secuestro tenga que ser secuestrado. Así que lo pienso, le doy vuelta a la idea una y otra vez y mientras eso pasa sigo tratando de escribir todos los días, unas cuantas páginas que están huérfanas de una historia general, una historia que reconozca su maternidad y la pueda parir un tiempo después. Mientras todo eso pasa: ruidos, cuartos propios inexistentes, volverme escritor o no, etc., los años no dejan de pasar y cada día me voy creyendo la idea de estar calvo y no logro evitar suspirar.

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Por la mañana, la había dejado en la cama y me fui al trabajo, no había estado en turno la noche anterior y tenía muchas ganas de encontrarme con Abril, sentía ese deseo que te hace arder la piel. Deseaba abrazarla, deje preparado el café por si mi mujer se levantaba y una pequeña nota: salí a correr, regreso en un rato. Llegue al trabajo y me encontré con ella, de haber sabido que esa sería la última vez que la vería como mi amante, me habría quedado en la cama, pero tampoco quería dejar pasar la oportunidad de decirle feliz cumpleaños amor mío.  Mi mujer se entero tiempo después y se fue, la casa nunca había estado vacía y triste. Cuando hable con ella, me dijo que estaba dispuesta a regresar, pero había un par de condiciones, la primera era dejar de trabajar de noche y en el lugar que lo hacía, la segunda es que tenía que enviarle un mensaje a Abril y decirle que la condición de mi mujer para volver a mi lado es que ya no la vea nunca más y no solo eso, sino que ya no le puedo enviar mensajes. Abril me preguntó si eso era una despedida y le dije que más o menos. Salí del cuarto, me seque los ojos y mande todo a la chingada, sin trabajo y sin amante, como dijo José Alfredo Jiménez: la vida no vale nada

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La idea de contar siempre una historia distinta es algo que yo siempre he querido. A veces quisiera contar que trabajo en un hospital, otras veces que tengo una amante en Nueva York y que he comprado el boleto. A veces me gusta decir que he vivido en la ciudad de México y el cuento más largo es cuando digo que he de regresar a vivir a esa ciudad. A veces imagino que me están vigilando y otras pienso que todos en el trabajo son mis enemigos.

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No trabajar en lo que más te gusta, es el error más grande del mundo, me había dicho un amigo.

¿Quién trabaja en lo que le gusta?, pregunté.

Todo lo que yo sabía era que trabajaba para poder pagar las cosas más básicas como comer y a veces hasta alcanzaba para soñar que podría pagar por una vida mejor para los hijos.

A veces creo que solo sabemos las cosas a la mitad, o mejor dicho: sabemos las cosas por la mitad y parte de lo que sabemos es una gran mentira. No nos gusta el trabajo porque nos habría gustado ser tal cosa, si somos tal cosa nos quejamos por ejemplo que tal situación no da para comer y el caso es que nunca estamos a gusto, pero si deseamos consumir y competir. Se trata de quien tiene el mejor carro, la mejor casa y todos los objetos adornos que son innecesarios en nuestras vidas, pagamos hipotecas imposibles, escuelas que no enseñan a razonar y compramos autos veloces que no podemos correr ni a la mitad de su potencia. Yo formo parte de esa sociedad, a veces quisiera renunciar a todo, romper con esas imposiciones sociales, vivir no en pareja, sino con dos mujeres, tener hijos con las dos y hacer lo más básico para vivir, no comprar muebles inflados y no por estar a favor de la naturaleza, reciclar y eso sería estar a favor de una vida sin condiciones económicas altas y sin sentido, pero en las ciudades ya no sabemos vivir sino tenemos dinero, sino tenemos un trabajo sin sentido y si no hacemos una reunión cada ocho días para presumir como pavorreales, lo último que nos hemos comprado.

Trabajar debería ser ilegal.

Uno no debería trabajar sobre todo en los meses que no se siente a gusto, por ejemplo cuando el calor es insoportable, tampoco se debería trabajar por la noche, ni cuando hay fiestas del lugar donde vives, se deberían hacer campañas publicitarias a favor de no trabajar y erradicar las que tienen que ver con el consumismo, pero como todo eso es un sueño, solo me resta volver al planteamiento inicial. Trabajar no es una cuestión de gusto, sino una necesidad que nos inventamos para poder suplir otra necesidad inventada que se llama consumir, consumir, consumir, hasta que la muerte nos separe.

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Una mujer sin ropa espera impaciente, la boca pintada de rojo y el cabello negro, más negro que sus ojos y con un brillo hermoso, usa zapatos de tacón y tiene una sonrisa que seduce a cualquiera, solo la puedo ver de noche, cuando se supone que estoy dormido, por alguna razón ella nunca trae aretes, y tampoco una sortija en el dedo que me diga que es casada, si cierro los ojos pienso que sus senos me miran intensamente, me dan ganas de tomarla de la mano y de perderme con ella, pero creo que solo somos un sueño.

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Entre a la escuela de criminología, pensé que al hacerlo podría obtener muchos beneficios relacionados con el crimen, imaginaba mi pequeño cuarto al que llamo estudio, lleno de investigaciones, relatos, indagatorias, etc; desde luego que para obtener todos esos beneficios primero tendría que terminar una carrera y después me tendrían que contratar en la dependencia de policía correspondiente. Ya no recuerdo muy bien si lo que me desanimo fue la ola de violencia y que la mayoría de los crímenes van en ese sentido, es decir crímenes de poco interés, o si fue lo que pagan en la dependencia policiaca o si me canse antes de tiempo y no termine la carrera. Mi mujer me apoyaba en todo, pero supongo que una cosa es escribir de crímenes e infidelidades y otra muy distinta llegar a la casa con las manos manchadas de sangre. La otra situación aún más compleja es que para convertirme en investigador privado me tendría que volverme adicto al whisky y a los sueldos miserables, eso no quiere decir que en mi actual trabajo gane un sueldo digamos interesante. Como siempre no hice nada, pero cada día estaba más gordo.

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