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Posts Tagged ‘Charles Bukowski’

Llevo casi un año buscando o para ser preciso buscándote, en todo ese tiempo  he creído por necesidad en el destino y si bien pude ir de cama en cama siguiendo tu rastro no lo hice, parece que no hay ninguna posibilidad de encontrarte, parece que cada uno está atrapado en su historia particular, mi carne no es para tu carne, mi cerebro no se debe ocupar pensando en ti, porque al final nadie encuentra, porque en tu vida no hay otro o no existo yo. Tu vida esta llena y la mía que no es triste no se conforman si no te encuentra, pero que alguien me digas de una buena vez en donde demonios buscarte.

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A veces pienso que lo que en verdad pasa es que odio a los gatos, sobre todo porque uno de ellos duerme con Udele y porque los que dicen llevar un arma encima se la pasan sentados con un gato entre las piernas y un dedo en el gatillo.

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Todo el día el mismo pensamiento: este país se está hundiendo en la mierda; pero eso no es novedad, viene pasando desde hace décadas, pero la tecnología y las redes sociales nos hacen ver lo cruel y lo intolerante que somos desde siempre

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Un día te levantas y sabes que podrías estar muerto, sabes que ese día tiene que llegar, pero cuando la causa pueden ser los caprichos de unos cuantos que se hacen llamar delincuentes o narco delincuentes o simplemente narcos o como se llamen a sí mismos y porque portan armas y porque nadie les hace nada, entonces me dan ganas de preguntarles si en verdad creen que sus vidas valen algo, no cabe duda que un día moriré, pero ojalá que no sea por el rencor de unos cuantos que ven la vida de forma fea y se adueñan de las historias de nuestras calles y celebran porque un día tienen el control y lloran cuando lo pierden. Ese es el karma que tenemos que soportar, por vivir en estas tierras, por haber nacido en ellas. Viven anhelando la muerte del que tiene el poder, se quieren ver muertos y todo el tiempo comienzan sus batallas, todos los días de nuevo y nosotros, los que somos anormales ante ellos tenemos duda, ya no creemos cuando nos dicen que se va a poner  feo y nos dan ganas de decirles: ya dejen de estar chingando. También sus vidas penden de un hilo, solo que nosotros no usamos armas para defendernos, sino otra sería la historia, después de todo cuando los poderes no funcionan las calles no son de nadie y que se salve quien pueda. Me había jurado ya no hablar de esta historia pero es lo que se vive a diario y me siento mal sino lo hago, ustedes perdonaran las molestias.

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Lo primero que viene a mi mente, como el recuerdo más lejano: es una vieja cama quemándose, en mis recuerdos esa era mi cama, en una casa que suponía como nuestra.  Había un pequeño pantano, supongo que no era otra cosa y la gente solía pescar tortugas o eso es lo que recuerdo. Con el tiempo le he ido agregando otros elementos a esos recuerdos, pero ninguno es tan fuerte como la imagen de la cama que se estaba quemando. Era 1975 o los primeros días de 1976. Supongo que para mí aquellos no fueron tiempos violentos, aunque lago me dice que desde ese momento, el camino ya estaba trazado. Fue en ese escenario donde tuvo origen mi nombre, pues en un principio no era Carlos y tampoco era el nombre de un abuelo o amigo querido por la familia. Solo lo escuche. Era el nombre de un vecino y tal vez como parte de un capricho o un gusto o el deseo de no olvidarme del vecino, la verdad es que en este momento no lo recuerdo, le pedí a mi madre que me nombrara así y al parecer a ella la idea le gusto, pues me hizo caso.

Después hay un salto en mis recuerdos, no sé si el salto implique un tiempo considerable, pues si algo no tenía importancia era el tiempo. Estoy en casa de mi abuelo, el padre de mi madre, estoy en un extremo de una carreta, juego con otros primos y la carreta se balancea al lado contrario de donde estaba apoyada y todos vamos al suelo, mi abuelo me toma en sus brazos y según yo me da una muestra de cariño, quizá en otros tiempos me habría dado con una vara hasta hacerme llorar por el dolor y sus palabras, pero a mí no me toco ese abuelo que mi madre y mis tíos, solían contar en sus platicas. Después de la caída, veo una vagón del ferrocarril y unas letras que no conseguí entender hasta pasado muchos años: Nacionales de México (NdeM), en el vagón del tren viene mi madre y un perro blanco, el único que perro que jamás abandonaría mi memoria.

Mi abuelo que era un tipo muy creyente de Dios, solía hacer cosas de las más extrañas, por ejemplo, no entiendo porque a mi madre le había puesto Magdalena, o tal vez lo que no entiendo es el valor de Magdalena en el desarrollo de la historia bíblica y me quedo con la idea de que ella era una prostituta y me hace falta considerar los diversos valores en la enseñanza de esa doctrina, desde luego que para mi carece de importancia, considerando sobre todo que soy ateo, pero eso se definiría muchos años después de mis primeros recuerdos, aunque debo destacar que tanto barullo alrededor de Dios en los primeros años de mi existencia, terminaron por dar rumbo a  mi falta de fe. Lo que más me gustaba era el sonido de la ruedas del tren cuando viajaban a alta velocidad, el sonido de los petardos era ensordecedor, y si tenías oportunidad nos lo robábamos de las vías mis primos y yo. Creo que fue por ese tiempo que las cosas se pusieron mal en Centro América, aunque yo vivía en una parte de esa región, y mucho indocumentados comenzaban a usar el t5ren para internarse en el país, mientras huían de la realidad social y de las muertes sin sentido que experimentaban en su patria. He llegado a pensar que lo que en realidad fomento mis deseos por andar de un lugar a otro fue el ver a todos esos viajeros ocasionales huir de la suerte que les había tocado por haber nacido en un lugar y por  no resignarse al hecho de tener que contar: aquí nos toco vivir.

Mi abuela Bertha, que era la segunda esposa de mi abuelo materno, creía que era en honor a su nombre que mi madre me había puesto el segundo de mis nombres. La abuela era una mujer detestable y nunca pude entender porque mi abuelo no se divorcio de ella, desde luego que en el tiempo que ellos estuvieron juntos, la historia de los divorcios era algo que no pasaba por la mente de las personas con tanta facilidad como ahora, y lo otro es que a mi abuelo la vida cómoda le venía muy bien, por lo que incluso de vivir en esta época jamás se habría divorciado.

Luego parece no haber nada… luego las historias se van complicando. Dos personas que se la pasan peleando y fiestas que no podía entender. Al que en ese tiempo llamaba mi padre, le gustaba beber sin importar la cantidad, le gustaba más que trabajar. No se me ocurre otra forma de calificar la infancia, que no sea algo traumático, pero al hacerlo supongo que estaré pecando de vanidad, es decir, la historia de cada uno es personal y tan traumática como se quiera, nadie tiene una historia peor o mejor que los demás y no existe un parámetro de comparación, aunque muchas veces al oír la historia de otros uno juzga y valora, porque de eso se trata nuestra aburrida vida, de estar juzgando las acciones de los otros para así saber que tan mal nos va a nosotros y la gran verdad es que amamos que nos vaya mal porque es la única forma de sentir que estamos vivos. Todos los días nos levantamos deseando que nos ocurra algo malo, algo medianamente malo porque eso es mediocre y no vale la pena contarlo, sino algo malo, lo peor del mundo para así tener algo que contar durante el día, todos sin saberlo la mayor parte del tiempo, tenemos la necesidad de contar, es algo que viene en nuestra genética y se trata de alguna forma de trascender después de nuestra vida. Yo les temía a esas dos personas. Mi madre, que como dije antes era Magdalena  y mi padre Lázaro, uno se había levantado de la muerte y la otra una prostituta según el recuento bíblico y yo no podía entender qué demonios hacían con un hijo llamado Carlos, tal vez me merecía un nombre como Mateo o Santos o uno de tantos que aparecen a lo largo de esa historia.

A mí me gustaba la casa del abuelo. Era un hombre hermoso, se llamaba Pedro y fue al único abuelo que conocí.

Vivía frente a las vías del ferrocarril, aunque eso ya lo he dicho antes, me gustaba correr, era un tipo muy rápido y cada que lo recuerdo pienso que pude ser un campeón velocista, pero nunca me dieron la oportunidad de participar en una carrera, además era extremadamente flaco y ahora que veo a los campeones de lo que sea, se ven llenos de músculos y creo que mis oportunidades de ser campeón era una mentira alimentada porque siempre le ganaba a mis primos y a mis vecinos que solo eran más lentos que yo, o estaba en las veces que me tocaba ganar y cuando me toco perder, habría deseado que fuera en una carrera, pero  muchas veces uno no escoge cuando perder, a  menos que ese día no quiera ganar.

Muchas cosas están como envueltas en un halo mágico, supongo que he olvidado la mayor parte de ellas, supongo que mi vida no ha tenido ese tinte de alegría de la que todos hablan, y cuando pienso en ella es irremediable que me ponga a llorar y me siento cansado y me pregunto una y otra vez el sentido de lo que hacemos, pero quiero entender que la vida no tiene sentido alguno, de tenerlo deja de ser vida y se puede llamar rutina o como uno quiera llamarle y ese argumento no sirve de nada. mis recuerdos son quizá lo que hoy en día forman mi carácter y estas ganas de querer contarlo todo.

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No hay poesía que nos devuelva la paz o la calma o los cuerpos olvidados en tierra de nadie; yo me quede con un vestido en la mano y unas ganas inmensas por despertarme a su lado. Ella se fue, quizá crea que  no va a morir nunca

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Estaba dispuesto a decirle adiós y desde luego recomendarle que cuidara mucho a su maridito, pero toda esa mierda emocional no me serviría de nada. lo que en verdad me preocupa es que a la hora de la hora no consiga una erección.

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He llegado a pensar que la gente habla de cosas inexistentes: el amor, el trabajo, Cómala el pueblo en la historia de Juan Rulfo; sin embargo puede ser que mi idea sea lo único inexistente. Todas las veces que he intentado escribir, se me ocurren cosas que no existen y trato de imaginar cómo serían si en verdad pudieran existir. A veces me voy a la cama, cuando ya estoy muy cansado y me enoja no tener tiempo para  otras cosas, las que sean,  me lamento esta vida que aunque no lo quiera está llena de rutinas y de obligaciones inventadas que para lo único que nos sirven es para llevarnos a la muerte de forma intempestiva y que lejos de sorprendernos, nos cansa y aquí cabe de nuevo un sin embargo y es que muchas veces me meto en un mundo inventado por la literatura, donde yo puedo hacer todo lo que se me venga en gana sin que a nadie más le importe y cuando leo estoy seguro que ese es el mundo existente, desde luego que lo de Rulfo es una gran excepción, sobre todo en lo que se refiere a Cómala.

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Cuando hablamos por última vez, él ya sabía que la había perdido, que era tal vez su última oportunidad y se veía muy deprimido, me dieron ganas de decirle que no importa la edad, que incluso con 80 años encima se puede conquistar a una, desde luego que tendría que ser de su edad, el parecía morirse de tristeza, así que  no le dije nada, a él en verdad le gustaba ella.

—¿Qué es lo que te pasa, Carl?

—Me ha dejado, se largo porque no podía soportar vivir con un marido engañado

—Cualquiera puede vivir una aventura Carl, no te entiendo muy bien

Carl se sonrió

—Se que no me vas a creer pero ella en realidad me gustaba, me gustaba tanto que hasta me atreví  a preguntarle: de cómo le iría sin  mí. Ella exploto y me dijo que era su vida y que yo no tenía nada que ver con ella.

No sabía que responderle.

—Nuestra sociedad está podrida Carl, hay tanta gente encerrada en sus mundos internos y en un pequeño cuarto, se pasan horas y horas con el teléfono en mano enviando mensajes sin parar, todo el día como si lo único importante fuera mantener el “contacto” vivo, se desviven por mantenerse conectados a sus redes sociales, sin ellas no son nada, dejan de respirar, no observan el sol y se han olvidado de cómo es la luna o la naturaleza, si ladra un perro piensan en bajar alguna aplicación para callarlos y matan a las arañas con sonidos que salen de sus dispositivos.

—Pues ella era así, y fue como terminamos.

—Entonces cuenta.

—Un día me envió un mensaje. Trabajamos en el mismo lugar, pero nunca nos deteníamos a platicar, lo que se dice una verdadera platica, casi siempre chismes y risas que no parecían tener sentido alguno. Un poco guapa, no la puedo imaginar con vestidos, flaca, no tiene un cuerpo estupendo pero si unos pechos generosos, a veces parecía no llevar ropa. Me dijo en el mensaje que había leído alguna de mis historias y claro después de eso yo me sentí atrapado y de inmediato quería saber más, así que comenzamos a enviarnos mensajes, hasta el punto en el que ya no podía parar.

—¿Un poco guapa?,  pregunté.

Carl se quedo callado, parecía estar pensando, supongo que sí, ahora todas me parecen guapas.

Entonces le dije que me cagaba la idea de que ahora maten a las arañas con una aplicación de sus dispositivos inteligentes y que no puede haber amor mediante mensajes, que no es como leer o escribir una historia, que además no tiene nada de romántico e como quien trata de tomarse una cerveza sin tomarla, que todo eso me parecía imposible. “Es lo mejor que nos puede pasar”, contesto él.

—Cuenta que paso después —le dije

—Bonita y muy flaca, ella no mataría una araña con su dispositivo, a ella solo le gusta oír música y platicar con sus amigos, creo que está muy sola, no importa que este casada, supongo que de alguna forma la han olvidado, aunque a ella eso le disgusta. Me contaba sus cosas, sus tristezas y la vida que le había tocado llevar, creo que de alguna forma yo le gustaba, pero luego vinieron los problemas, al marido no le gustaba que ella le pudiera poner los cuernos y yo no quería pedirle que lo dejara, tal vez ella nunca lo dejaría pero pude intentarlo, y lo que hice fue decirle que en cada mensaje que ella enviaba le estaba siendo infiel, quizá fue eso o que ella ya se había cansado de este juego que parecía no llevar a ningún lugar.

—La cagaste Carl, ella estaba en realidad enamorada de ti y tú al igual que todos los hombres solo querías joder, joder y lamer, debiste acercarte, besarla, divertirte con ella, demostrarle que la querías y luego presumes que puedes escribir historias y no fuiste capaz de darle rumbo a esta historia, te precipitaste y diste una respuesta incorrecta, era muy fácil cambiar la plática decirle lo importante que ella era para ti y luego así lo único que podrías logar es el final de la historia. Solo hay respuestas correctas y no lo que hiciste.

—¿Tú crees que ella va a regresar? —me preguntó

—No volverá —le dije y me levante

—Si tú pudieras ver esos ojos, esa boca y ese cuerpo que no logro imaginar con vestido alguno, flaca y hermosa y esos pechos, si tú ves esos pechos te pierdes.

—Lo que tienes que hacer es seguir escribiendo, quizá en alguna de tus historias ella lo haga contigo.

He soñado que me voy con ella a la cama, pero no podemos hacerlo, ella me habla de su gato y todo el tiempo cuando ya estamos a punto de hacerlo se nos aparece el marido, y no importa que ella quiera o que yo lo quiera o que no se aparezca el marido. No lo podemos hacer porque a mí me habían secuestrado y como muestra de que me matarían sino pagaban el rescate me habían cortado los genitales.

Me di media vuelta, eran las siete treinta y seis de la mañana mi turno estaba por terminar. No dije más y fui a visitar a la chica flaca, no era tan guapa como él decía, sentí hambre y pensé que para una mañana fría no me vendría mal algo caliente, pero no tenía ni puta idea de lo que podría ser, me rasque las axilas y me fui.

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Me aturde su silencio.  Estoy ausente tres o cuatro veces por semana de mi cama, alguien ha inventado el trabajo y yo quisiera ser gato o tener vida de gato e ir de la cama a los brazos de ella y no tener que conformarme con tanto silencio

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