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Posts Tagged ‘casa de muñecas’

Qué demonios somos sino tenemos sueños. Cuanto nos cambia la vida por un simple acto, por algo que parece no tener sentido y cuanto de lo que dejamos atrás termina por llevarnos a una vida que no se parece en nada a lo que alguna vez soñamos. Despierto, pienso en las cosas que estoy haciendo, hace unos días me quejaba de la edad y no tengo nada en contra de ella, pero me quejaba porque a lo largo de todos estos años me fui llenando de pendientes y mi emociones me insisten una y otra vez en hacer cosas que tal vez no quiero, pero que están presentes una y otra vez, como si en ello solo existiera una razón de ser y estar y que son todo lo que he ido deseando a lo largo de lo que he vivido. Cuánto de las cosas que hacemos terminan por cambiarnos, el trabajo, los deseos, los viajes, los enamoramientos frustrados y los enamoramientos digamos más o menos realizados. Durante años pensé que no habría otro destino para mí, que el trabajar como velador de cualquier fabrica, que al trabajar así podría tener una ganancia doble, es decir un sueldo que me permitiera vivir sin lujo alguno y de paso ese trabajo me daría la oportunidad de leer y escribir, eso era quizá uno de mis sueños recurrentes, un sueño donde me pagarían por escribir, aunque el contratista no sabría nunca que me pagaba por hacer lo que a mi gusta. Después de muchos años, resulta que termine trabajando de noche como si fuera un velador, aunque este trabajo me da muchas flexibilidades, por ejemplo no tengo que andar recorriendo las instalaciones del lugar ni nada parecido, solo estoy a la espera que se me requiera y me ocupo unos cuantos minutos y a entonces puedo seguir esperando. Es un buen trabajo, no me quejo, al menos no con las quejas habituales de que podría ser mucho mejor. Aunque debo decir que solo es un trabajo, un tanto ideal y me acomoda a placer. Alguna vez escribí lo que yo considero mi primera novela, una historia en la que narro la muerte del abuelo del personaje de esta historia, ese personaje mientras escribía este relato trabajaba en una empresa de guardias privadas que trabajaban por las noches, no sé si era una buena historia pero me divertí mucho mientras lo hice. Ahora escribir me resulta mucho más fácil, creo que el término fácil no es correcto, he querido decir que me desenvuelvo con mucha mayor facilidad, aunque me es más complejo porque descubro un mundo de errores y carencias, pero todo esto no es otra cosa que hacer lo que uno desea. Pero regreso a la idea original, la vida sin sueños, la vida con deseos y esos mensajes que nos lanzan las personas que amamos y no nos damos cuenta de ello. Somos especialistas en truncar sueños, en destruir esperanzas, en romper con un supuesto destino y todo gracias a nuestros caprichos. Aunque solo estoy jugando con esa idea. Todo esto viene a cuento porque hace una rato me manda un mensaje una de mis sobrinas, tiene diez años y recuerdo muy bien su primer día en este mundo, Yuni, así la he llamado desde siempre, tengo con ella una relación extraña, esa relación de amor constante. En su mensaje me dice que quiere una casa de muñecas, lo cual me parece de lo más normal de este mundo y después de dos o tres mensajes más me pide que le llame, lo hago. Me desbarata oírla, ella vive en la ciudad de México como a unos mil kilómetros de donde ahora vivo. Me desbarata porque ella me dice que su madre ha decido que se van a mudar y que ella se ha tenido que despedir de los amigos, y que el viernes fue a sus últimas clases de danza y que se ha tenido que despedir de sus amigos y que uno de ellos salió corriendo, no quiso hablar con ella y se refugió en los brazos de su papa´, mientras ella estaba llorando y deseaba que su amigo la abrazara, no quería despedirse de él de esa forma, ella está muy triste y solo entiendo porque desea una casa de muñecas, solo entonces entiendo a que viene el deseo de ella para que yo le hablara y enmudezco porque el llanto se apodera de mí y ella me dice: no llores peloncito, no quiero que tú también estés triste. Me hace pedazos y no sé qué hacer, le digo no tengo muchas opciones, y que si su madre ha pensado que es lo mejor seguramente así debe ser, y ella me dice que se va a mudar que no puede hacer otra cosa pero que ella preferiría mil veces vivir conmigo y que cuando este más grande me va a buscar, y entonces no logro controlarme y tengo tristeza, rabia, desesperación y un mundo de sueños de los que me voy alejando constantemente. No importan todas las cosas que pueda o no hacer en esta vida, no importa que los deseos o los sueños una y otra vez cambien de dirección, como tampoco importa que a estas horas yo no sea capaz de entender los mensajes que me lanzan mis amigos y pienso que no todo es lo que nosotros queremos, que no todo es un mundo ideal donde el final un día nos va a sorprender sin dolor alguno, donde las cosas que no hemos hecho dejaran de importarnos de un día a otro. Qué demonios es una vida sin sueños, qué sentido tiene esta vida si nos preocupamos por cosas vacías que solo llenan un espacio y nos perdemos de las pasiones y las sensaciones humanas y con ello de la gente que nos rodea. Pienso, siento, me escondo tras esta mascara que parece insensible ante los ojos de los demás, pero esta noche estoy seguro que no de dormir, tratando de rescatar de esa caja de recuerdos los mil sin sentidos que le he dado a muchos actos de mi vida, esta noche pienso que el cielo se va a convertir en mi cómplice y dejara caer sobre toda la ciudad una lluvia torrencial para recordarme con la humedad de la tierra que la esencia de la vida no es otra cosa que el instante que vamos viviendo y que no es momento de perder el tiempo en cosas que no tienen sentido. Yo esta noche confieso que estoy vivo, que a veces me dejo atrapar por una serie de cosas que no tienen sonido ni esencia, confieso que esta noche mi pequeña me ha devuelto un poco de lo que siempre he sido, yo he llorado porque las mudanzas siempre nos llenan de llantos aunque con el paso del tiempo nos olvidamos de estos instantes. Qué sentido tiene esta vida si nos olvidamos de los seres que amamos y dejamos de soñar. Quizá ninguno.

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