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Posts Tagged ‘Carlos’

Hay días en los que espero con impaciencia, sin tener del todo claro lo que estoy esperando y creo que  hay  algo que nos va tragando, ese algo que esta aliado con el tiempo, y siento que nosotros somos su víctima preferida.

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Cuando recuerdo a mi abuelo, existe en mí un sentimiento extraño, no estoy seguro de si quiero llorar o me da por llorar después de todas esas cosas que me hacen reír. A mi abuelo reconocía sin importar si la distancia entre los dos era tal que se veía como un punto. Me gustaba cuando me tocaba la cabeza y me hacía pequeñas caricias, me gustaba parecerme a él, aunque todo mundo me decía que no me parecía en nada. Él tenía una sonrisa contagiosa, incluso en sus peores momentos se estaba riendo y nadie entendía  el motivo de esa risa. Cuando mi abuelo fue capaz de descifrar el silencio mi vida se torno un poco agria y triste o quizá triste y sin sentido, su silencio fue mejor que los dolores intensos de sus huesos. Ahora cuando veo reír a mi pequeño, me recuerda tanto a mi abuelo y yo le hago pequeñas caricias en su cabecita y todo eso me transforma la vida. Mi niño dio con la clave de la felicidad y lo mejor es que me la comparte.

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Me hablas de distancias, que no es otra cosa que kilómetros más kilómetros que nos dispersan y nos hacen imposibles y lo bueno es que estamos lejanos porque de otra forma ya nos estaríamos odiando hasta el cansancio, tú seguramente con ese silencio que acostumbras y yo trasplantando historias para atacarte a la primera oportunidad. La imposibilidad de verte no es un país, ni un visa, ni lo helado que es ese lugar, la imposibilidad se llama no reconocernos a la brevedad, se llama negarnos lo que somos y no querernos quitar la ropa a la primera, sino después de mucho regateo, después de tres o cuatro copas y cien mil versos que tengo que citar de memoria. ¿Distancias?, no es otra cosa que kilómetros y más kilómetros de tierras que sangran, que se cubren de blanco, que se esconden en océanos, lagos o ríos caudalosos, distancia es esta inmovilidad del cuerpo crucificado, del cuerpo quemado, del cuerpo escondido en un lugar imposible, y es la desunión total de lo que somos, de nuestras manos que dejaron de apartar nuestros muslos para dejarnos perdidos entre nuestras piernas, sin saber que eso algún día nos destruiría. Distancias es un país infectado de soldados, pagados por el miedo a que otros se adueñen del “negocio”.

La distancia también es lejanía, conspiración y una caja de huesos desbaratados.

Me duelen los músculos de tantos suspiros, malgaste mis sueños y sobre todo las horas que deje de escribir pensando en ti, malgaste tu silencio, pues en el estaba la oportunidad de olvidarte y deje que a la primera de cambio me habitaras de nuevo, con toda y esa distancia que es tantas cosas y a la vez nada. ¿por dónde ando yo?, escondido en tugurios en latitudes donde los soldados son huérfanos de lo que más quieren.

Las distancias son la soledad de unos días después de marzo, cuando el sol se ha encargado de alejar todo el frío que nos corta la piel y el alma se desbarata por no volverte a ver.

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Por  las noches hacía un par de cosas: una era escribir y la otra era adivinar un amor absurdo y por lo mismo casi imposible. Buscaba su cuerpo en los pasillos del hospital. Al principio su nombre carecía de interés, luego se fue transformando hasta tener una forma breve, no tan breve como el nombre de Ana y desde luego que no se volvió con el tiempo impronunciable. La busque tantas veces que ahora no estoy seguro si es que un día la encontré. La noche anterior a esta, la soñé y fue muy triste porque ella había muerto, un paro fulminante a su corazón y eso fue todo, yo prefiero los sueños donde mi nariz busca estar entre sus piernas, pero esos parecen estar perdidos y no hay para cuando logren aparecer, después de todo no importa, porque no es otra cosa que adivinar un amor, presentirlo, pero nunca tenerlo en mis brazos.

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En mi sueño, ella estaba conmigo, en la cama, desnuda, afuera de la casa caían copos de nieve, aunque en este lugar nunca caen copos de nieve, pero caía algo muy parecido a los copos de nieve o se sentía tanto frío que yo creo que bien podría decir que eso estaba sucediendo. No la pude retener porque fui un débil, porque  deje que ella se diera cuenta de una realidad que parecía inverosímil y sin sentido, ella no habría de morir en mis manos, pero tampoco habría al otro día copos de nieve en la calle y mi sueño se habría esfumado para siempre. Desde luego que nadie habla del futuro y de los sueños lo único que se puede hacer es hablar de ellos. Hay algo en este vivir diario en el mundo, algo muy cercano a la nada, pero tardamos toda una vida para darnos cuenta, yo en este momento aún lo ignoro, y como dije antes del futuro nadie habla y yo no voy a romper con esa tradición. Esto que ahora hago se llama no dormir, algunos creen que duermo cuando vengo al trabajo, pero no es otra cosa que entrar en romance con el silencio, es el instante en el que puedo leer o intento escribir, es la destrucción de uno que otro sueño y es romper la virginidad de ella en cuestiones de fidelidad; cuando le dije a ella que lo que hacíamos era otra forma de infidelidad, le rompí su virginidad y aún saboreo ese sabor de la sangre que rompió con las historias que intentaba ser narradas, nadie ha salido limpio, me duelen los sueños, esos donde caen copos de nieve y ella esta desnuda en mi cama, deseando ser penetrada.

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Vamos a suponer que tienes razón, que el matrimonio lo es todo y que el amor es algo con lo que no se puede jugar.  Vamos a suponer que no existe la infidelidad si hay distancia de por medio o si tan solo nos hemos intentado seducir mediante mensajes, uno tras otro y de forma lenta, vamos a suponer que todo este tiempo no hicimos otra cosa que jugar y que en ese juego la idea era simple, engañar pero sin hacerlo, como quien dice llevar el juego hasta donde me conviene y luego, bueno el luego es algo que tú y yo sabemos. Vamos a suponer que aun con él, eres una mujer bonita, no sé si la más bonita, pero vamos a suponer que así es, pero con él no te puedo imaginar desnuda, ni puedo imaginar tu sonrisa después de hacer el amor y tampoco puedo imaginar cómo es tu silencio, aunque ahora después de tanto tiempo lo que me regalas es eso, tu silencio. Vamos a suponer que ayer fuiste indiferente porque un día antes había llovido o porque alguien ha dado la noticia que los desaparecidos han muerto, que fueron quemados hasta dejar casi nada y ahora  todo mundo habla de ellos y sienten tristeza, rabia, impotencia o quizá mucho más miedo que antes, vamos a suponer que el gobierno tiene la culpa, pero ni siquiera eso me permite soportar que me ignores, y todo porque crees que le estas mintiendo. Si todo esto de suponer solo me hace querer decir la verdad, que la verdad se vaya al diablo y tú si lo que quieres es ignorar, pues ignora y disfruta, que la pasión que por ti siento, no está en los besos, ni en el corazón, ni en el desnudo de tu pierna que escondes con recelo, la pasión es algo que me invente, supongamos que para tener una historia que contar durante mucho tiempo. Suponer es una puta. Si lo que quieres es ignorar, no me importa, pues mi memoria sabe del pasado lo que yo le permito recordar y a veces cuando en verdad lo necesito, no puedo siquiera un nombre pronunciar, porque ya lo he olvidado.

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No lo descubres sino después de que ha pasado, así suele ser la felicidad. Ella me beso y me dijo que pronto haría un viaje. A mí me pareció que tenía prisa, como cuando una mujer se quiere embarazar. Tal vez ella deseaba tener un hijo pero no lo tenía claro. Mientras las cosas estaban así a ella le dolía la cabeza y yo no dejaba de tener esa tos que invita al reflujo hacer de las suyas. Yo le quería regalar un gato, porque nada más lo acaricias y el mal humor desaparece, pero no solo eso, sino que los dolores de cabeza se esfuman. Tal vez en otro tiempo ella no habría dicho nada y antes de regresar a su casa, habríamos hecho el amor, porque eso hacen los amantes, pero ahora estaba de mal humor y lo único que deseaba era dormir, perderse en el sueño y que al despertar todo fuera algo inexistente y entonces volver hacer el amor, pero antes me llamaría.

La felicidad es algo que no suele habitar en los recuerdos, es egoísta y existe por breves momentos.

Ella abandonaría la ciudad, no nos veríamos durante varios días y lo que en verdad me preocupaba es lo mismo de siempre, que ella al regresar ya no fuera la misma. Estaba aterrado. No podía decir mucho, era como esas cosas que te atormentan todo el día o toda la noche y no sabemos cómo soltarlo, todo estaba en juego y no solo el pulso sexual. Sus labios rozaron los míos y la vida comenzó a tener sentido, como algo mágico, algo que nunca antes había imaginado. Entristecí.Tal vez deseaba viajar con ella.

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Por primera vez lamente no poder hacer lo que se me viniera en gana. Ella me había dicho que no hay nada mejor que una amante que sea soltera. Lo importante en realidad no era su estado civil, sino lo que ella pudiera y quisiera hacer. En estos tiempos resulta tonto andar con fotografías en la bolsa, yo no andaba con fotos de nadie, para eso estaban los teléfonos inteligentes.
No me habría incomodado que alguien más se llevara el regalo de ella a su casa, me bastaba con que se enterara de lo que había hecho y de lo que era capaz de hacer. Últimamente me parece que la ciudad se va llenando de gente extraño y veo unos cuantos que salen a correr en las mañanas, supongo que esa gente tiene trabajo o no se preocupa por nada. Yo, hace mucho tiempo que no salgo a caminar y cuando lo intento la ciudad esta sitiada, balazos en cualquier esquina y algunos dicen que la alcaldesa se pone su chaleco anti balas y recorre la ciudad en busca de frenar esa delincuencia, yo supongo que esa señora ni vive en esta ciudad, que ella al igual que otros tantos fueron haciendo su hormiguero sucio del otro lado, claro nada más cruzan el puente y son ciudadanos modelo. Lo de hacer lo que uno quiere es una mentira, una de esas que tienen la etiqueta de cruel. A veces pienso porque me he quedado tanto tiempo en esta ciudad, al principio era estar un año, luego el tiempo se fue extendiendo hasta el punto que a veces he llegado a pensar que me quedare aquí hasta que muera y lo confieso, es algo que me llena de tristeza.
No la volvería a ver hasta el día siguiente y eso me tenía estresado.
Los negocios ya habían empezado a vender la ropa para la temporada de frío, casi siempre eran ropas caras. Lo de tener una amante soltera me parece una mala idea, es decir no se trata de tener una amante como si fuera un carro o un jarrón, tampoco quiere decir que uno involucre todas sus emociones con las amantes al punto de decir que mueres por ella o quizá si, en este momento no lo sé, pero se supone que es algo sencillo, mujer que besa a un hombre y hombre que besa a una mujer. De querer una vida de trivialidades yo no tendría una amante, tal vez tendría un buen carro y buscaría que todo mundo lo viera.
La tos está volviendo, es un asalto a mi paciencia, a veces pienso que si me pongo a beber las cosas cambien o igual se me olvidan. Ya he dicho que pocas veces me lamento por algo que no he hecho y ahora que me sucede supongo que me voy aflojando, que ya no soy nada de lo que solía ser, que he cedido ante la razón, cuando la verdadera emoción de la vida consiste en desafiar a todo aquello que se da como un hecho y nos hace ir de un lugar a otro, como verdaderos zombis. Lo que ahora diga no tiene sentido, pues me he perdido en un abrir y cerrar de ojos, la mitad de mi vida.

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No había hecho otra cosa que pensar en Laura Blake toda la semana, que me olvide por completo del caso que teníamos que resolver juntos. Las cosas se habían complicado y mucho, uno de los muertos era un agente encubierto del ejército mexicano que participaba en esa tan mencionada lucha contra el crimen organizado. Me daba flojera pensar que el crimen de esa pareja no era pasional, que estaba ligado con el crimen organizado, me daba flojera porque todo mundo hablaba de ello y porque en el fondo esos casos quedaban casi siempre sin resolver, no quiere decir que el equipo de investigadores no hiciera su trabajo, al contrario, casi siempre se sabía con exactitud el nombre de los autores materiales e intelectuales pero poco se podía hacer en contra de ellos, por alguna de las siguientes razones. La primera es que para cuando se llegaba a la solución del caso, los presuntos autores del crimen ya estaban muertos o bien nadie los podía encontrar, la segunda es que en la mayoría de los casos, los supuestos culpables, eran testigos protegidos y sus delitos no eran suficientes para castigarlos. La idea de un crimen pasional, me hacía ver una posibilidad más interesante e incluso intensa, seguro era esa posibilidad la que aguardaba con una historia.

Y entonces me dieron ganas de llorar, pero estaba en una plaza pública y la gente es curiosa, además de que no quería que me preguntaran nada. No sabía si irme a casa o quedarme sentado o meterme al cine y ponerme a llorar, sentí pánico por primera vez desde que llegue a esta ciudad y así sin saber porque empecé a imaginar el cuerpo de María Betania, desnudo, tirado en el suelo, junto al cuerpo de alguien mayor, y me dio tanta tristeza y cerré los ojos, porque en verdad tenía muchas ganas de llorar. Así que me puse a caminar, camine por un largo rato sin saber a donde ir, entonces tome el teléfono y llame a Laura Blake.

—Dónde demonios estas —le dije
—Estoy en camino a la jefatura de la policía —dijo ella
Y yo le dije:
—Tienes que venir por mí, estoy jodidamente triste y no puedo moverme más.
—Tendrás que esperar un poco, es algo urgente lo de la jefatura —dijo ella.
—Maldita sea, te necesito ahora —dije.
Ella dijo:
—No me jodas cabrón.

Laura llego a los pocos minutos. Hacía mucho tiempo que un caso no me afectaba tanto, no se si por la cercanía con María Betania o por mi incapacidad para reconocerla a la primera o porque en ocasiones me dejaba llevar por mis instintos y los casos me rebasaban de tal manera que no me dejaban dormir, la verdad es que no tenía importancia lo que pudiera ser, pues ya estaba afectado y tendría que trabajar mucho con eso. Entonces salimos de aquel lugar y le pedí que me llevara a su casa. Tenía que relajarme, muchos hablan de diversas técnicas para hacerlo, que van desde la respiración, hasta quedarse dormido, en mi ninguna de esas cosas funcionaba. Era necesario recurrir a las técnicas que usan las madres de cierta tribu en el África y es que cuando sus hijos tienen mucha angustia, ellas le chupan el pene y ellos se van calmando. Laura Blake sabía lo que yo necesitaba y me quitando la ropa.
Yo no quería darle más molestias, no porque no quisiera estar con ella, me gustaba el sexo con ella, me gustaba el cuerpo de ella, pero me gustaba más su esencia como persona, así como lo dulce y delicada que era ella conmigo, ella que cuando casi no me conocía me tendió sus brazos para aliviar mis penas, ella que había llorado conmigo y que había estado en los momentos más trágicos de mi vida, cómo no la iba a querer. Yo no quería preocuparla pero tenía que hacerlo, tenía que contarle de mi angustia y de que llevaba muchas noches sin dormir. Después de chuparme el pene, me fui relajando hasta quedarme profundamente dormido. Entonces comencé a soñar. Estaba de nuevo mi mujer en el sueño e intentaba mostrarme algo, el auto estaba volteado y el combustible regado en el pavimento, vi los ojos de mis niñas, vi la sombra de otras personas y vi llegar a la muerte mientras un hombre egoísta les tomaba fotos de sus últimos alientos en vez de ayudarlas, vi venir la muerte y con ella cada uno de esos días grises, sombríos y llenos de frustraciones. En el sueño, ese lugar ya estaba a oscuras pero yo lo podía ver todo.
Cuando desperté Laura Blake estaba a mi lado e hicimos el amor de manera suave, le debía mi tranquilidad. Le conté una vez mis sueños y le dije que no lograba descifrarlo por completo, le hable de lo que yo suponía que mi mujer trataba de decirme, que tenía que ver con el caso que ambos intentamos resolver, pero ella, Laura Blake, puso un dedos en sus labios para decirme que me callara por un segundo, que dejara de pensar en esas cosas, que era necesario relajarme y sin decir más llevo sus labios a mi pene y así pasamos el resto de la semana, yo no había hecho otra cosa que pensar en ella y me olvide del resto de las cosas que teníamos que resolver, pero ahora nos resultaba necesario volver al trabajo y me sentía con muchas ganas de hacerlo.

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Salgo a la terraza, siento el aire aún caliente , ya es casi la madrugada, pero no se deja sentir ese calor al que nos da por llamar infernal, tengo sueño, últimamente tengo sueño y cuando logro cerrar los ojos, no hago otra cosa que soñar con Sandra. Hace mucho tiempo que no bebo y no dejo de pensar en mis amigos, hace más o menos el mismo tiempo que no los veo. Acá en esta frontera la vida se va haciendo más lenta, no hay forma de estar más alegre o más triste, no hay un punto que nos permita ser más violentos o que nos haga llorar o cantar con más intensidad. La noche en esta ciudad es muy peligrosa, los depredadores sexuales salen a las calles y también vienen con ellos una serie de asesinos ocasionales, ladrones, delincuentes que no saben la virtud del oficio, todos se suman y hacen a esta ciudad cada vez más peligrosa e inestable, pero aún con todas esas alarmas la gente sale, se divierte, se amanece, canta, llora, después de todo la vida es un suspiro que nos puede dejar sin nada en cualquier momento. La vida se nos escapa con cada amanecer, la vida es una broma, a veces es un juego melancólico, con muchas ilusiones, la vida es en sí misma esa oportunidad para hacer lo que se nos venga en gana y no esa pesadumbre que muchos presumen con su cara y olor a muerto. Laura Blake me dice que piense bien las cosas antes de darle una respuesta. Me encanta discutir con ella, es un gasto inútil de nuestras vidas, nos repetimos mil veces las mismas cosas, nos hacemos recordar lo que somos y quienes somos en realidad, nunca tenemos una conclusión, hacer una conclusión sería como empezar a morir y de eso no se trata, nos escuchamos, nos decimos argumentos sin sentido pero que según nosotros podemos citar y al final terminamos desnudos, entrelazados en la cama, gritando o gimiendo, diciendo uno al oído del otro, lo tuyo no es otra cosa que un capricho.
Estoy en una edad maldita. Ya no es aquella edad en la que podías soñar de manera indiscreta y sin poner un límite a lo que deseabas, pero tampoco es el punto de esa lenta vejez, es algo que te desespera, en ocasiones ni siquiera es posible orinar a gusto, algo lo interrumpe y tienes que esperar un largo rato para que se reanimen las ganas y hasta eso te resulta cansado que mejor te sientas a esperar a que la orina salga cuando se le da la gana, pero a los cuarenta también descubres que en cualquier momento puedes morir y lo que es peor a todo eso, es que la panza te empieza a crecer y cada vez resulta más complicado mantenerla en forma, en buena forma. A estas alturas la creatividad tiene límites, ya no es igual escribir cada página resulta cansado y muchas veces solo piensas o deseas que llegue el momento de tener una siestas, la vida se volviendo cada vez en una necesidad de siestas, y los recuerdos de los buenos tiempos se te vienen a la cabeza a cada momento, a esta edad es casi seguro que sientes miedo y es ese miedo la razón por la cual aún sigues vivo. Después de esta edad, llegan las limitaciones y asumiremos nuestras culpas y no tendremos más salida que conformarnos. Justo estoy pensando eso cuando Laura Blake explota de nuevo, me dice no tiene sentido todo lo que le digo, que es necesario actuar, que no hay nadie más convencida que ella, que la vida no es una mierda y que mis miedos no se fundamentan y que si yo quiero mover un solo dedo, que a ella eso no le importa y luego sonríe y embiste de nuevo. Yo lo voy a tener contigo o sin ti, me dice, pero prefiero que sea un hijo tuyo maldito Carlos, prefiero que sea tuyo me repite y se suelta a llorar. Yo me quedo inmóvil, no tengo ni puta idea de lo que deseo o voy hacer. Me dan ganas de abrazarla, pero si lo hago, ella lo va a interpretar como un acto compasivo y su reacción será aún peor. Su departamento está a oscuras, unas cuantas luces se filtran entre las cortinas. Yo me acerco a ella por la espalda, su pelo ensortijado tiene un olor peculiar y me excita, me embriaga. No digo nada pero ahora recuerdo a mi familia, a las discusiones de mis padres, parece que todo es la misma pelea y es algo que no me gusta. La abrazo y tengo miedo de verla a los ojos, creo que me voy a quedar petrificado, pienso al mismo tiempo que ella es la Medusa. Tengo miedo que un día Laura Blake me diga que se va a marchar a otro lugar, ella es impulsiva, a veces creo que la esperan en otro sitio, donde ella se siente más a gusto, esta ciudad es un infierno y yo soy uno más de sus demonios. La noche no se apura, y nuestras voces, el sonido de nuestras voces se dejan de oír durante un tiempo; le pongo una mano sobre su ombligo y le susurro al oído: hagámoslo mientras fluyo en ella y entonces ella grita extasiada: bendita locura, no tienes idea de cuánto más te voy a querer.
Durante estos últimos meses las cosas no parecían ir bien. Yo no suelo comprometerme, me gustan las mujeres, sobre todo si no me exigen ese trabajo ingrato que supone una relación que va en ascenso. Esas relaciones viciadas en las que uno debe prosperar, para que no exista un final sino la promesa de una vida acompañada. Desde que perdí a mis mujeres, no tengo en la cabeza otra idea que no sea la de estar solo, la de despertarme todos los días sin que nadie esté a mi lado, es quizá un acto cobarde en el que me protejo para no volver a experimentar esa sensación de soledad y de perdida. No me gusta ser el mártir en ninguna historia, pero el traje de héroe me queda muy grande, me gustan las ciudades, me gusta viajar, me gusta abrazar a las mujeres, olerlas y que pronuncien mi nombre cada vez que entre sus entrañas se asome un orgasmo. Desde que me quede solo, decide que me gustan las mujeres casadas porque ellas no exigen ese trabajo arduo de la larga convivencia.
Mi padre se había casado tres veces cuando conoció a mi madre, en cada uno de sus matrimonios había tenido un hijo. Desde luego que yo fui el último. Cuando conoció a mi madre él pensó: la última, esa era su necesidad de alargar un poquito más el tiempo de su vida, ese tiempo que el necesitaba para olvidarse de su trabajo, de los problemas personales, de todas esas cosas que le quitaban el sueño. Él tenía en ese momento 64 años y parecía conservar la energía y el ánimo para proponerle a mi madre que tuvieran un hijo juntos. Mi madre lo amaba de forma distraída, ella ni siquiera se daba cuenta que él ya estaba en su último aliento. Ella sentada en la orilla de la cama, le dijo: sí, sí quiero tener un hijo contigo. Yo trato de ver ese instante y pienso en la imagen inicial de una película amorosa, y donde ellos no se dan cuenta de que los estoy observando. Mi padre a pesar de todos los años vividos, a pesar de que nunca dejo de trabajar, que las enfermedades le fueron cobrando la factura correspondiente a los años, nunca fue capaz de contestar cuando alguien le preguntaba cómo estaba de otra forma que no fuera decir: “bien”. Está a punto de amanecer. Laura Blake se levanta de la cama. Contempla su ropa interior. Yo hago un recorrido por mi vida, noto esa desgracia que me viene siguiendo desde que era un niño, desde que mi perro murió y deje la casa para no cometer una locura, esa larga cadena de desgracias y tristezas y ahora Laura Blake que me ha convencido a ponerme de nuevo en un punto crítico y me siento más vulnerable, más desprotegido y siento un deseo irremediable por salir corriendo, como si al hacerlo todo se pudiera olvidar o como si alguien más me estuviera esperando para resolver mis problemas. Entonces le digo a Laura Blake: ya es hora de irnos y ella no dice nada, solo me acaricia largamente y me mima como lo haría como un animal herido. Entonces y solo entonces yo me pongo a llorar y no hay forma de parar.

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