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Archive for 21 agosto 2015

Cóbrasela caro

Conseguir trabajo después de dejar el hospital no era algo fácil, pero tampoco era algo imposible. Una señora de más de cincuenta años me había ofrecido trabajo, me dijo que necesitaba que alguien le acomodara su tina de baño y por supuesto que era necesario probarla para saber si había quedado bien, le dije que mi mujer no estaría a gusto y ella me dijo que tendría libre los sábados si decía trabajar con ella, que a ninguna mujer le disgusta el trabajo de su marido si descansa los sábados.

Ella me pregunto si deseaba volver al hospital, y le dije que no tenía nada que hacer en ese lugar, además de que mi antiguo jefe ya se había ido, que era un bueno para nada y era el único que me permitía dormir por la noche, se había ido porque no fue capaz de soportar el manejo deshonesto de los dueños del hospital y porque un día al igual que a mí le dirían muchas gracias y le darían una patada por el culo y asunto olvidado. Le dije que él había salido huyendo, tal cual.

Le dije a ella que hoy era un día para pasarla bebiendo, que me parecía estúpido tener que acomodar una tina para luego probarla, que si lo quería era joder, solo tenía que decirlo, además si me pensaba pagarme por eso, para que inventarnos trabajos agotadores, ella me dio la razón, no sé porque pero me dio la razón.

En fin, teníamos que estudiar lo que le contaría a mi mujer, es decir, estudie lo que tenía que decir, mientras me tomaba una cerveza y luego tuve que hacer mi trabajo, por  eso me pagarían, ni modos de negarme. Ella tenía un humor fuerte, pero ante la presión económica, uno lo soporta todo. Así que allí estábamos, acostados y desnudos, quizá ella habría alcanzado dos o tres veces el orgasmo. Me pagaba por cada orgasmo, la cosa no era fácil. Le enseñe una o dos cosas, que quizá ella ya sabía, pero no me dijo nada, y después de un rato nos pusimos a darle y ella lanzo un grito y luego otro y mientras se inclinaba, la miré y pensé, pronto me olvidaré de todas mis deudas, pronto a todos nos va a ir mucho mejor. Ella no paraba de gritar, no podía estar fingiendo, fingir, le saldría caro.

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Tenía tantas ganas de volver a las andadas, pero para eso tendría que fingir que estaba loco, porque de otra manera mi esposa no me perdonaría, al menos no una vez más. Mientras estaba en el trabajo la cosa era más fácil, todo mundo se la pasaba jodiendo, los médicos con las enfermeras, alguna enfermera con el chofer o con el de mantenimiento, pero en general todos se andaban jodiendo entre todos, al chofer una vez lo amarraron pies y manos juntos y por detrás, el jura que ya estando amarrado, llego a pensar que estaban a punto de cortarle los guevos, pero la cosa fue menos grave, nada que no hubiera hecho un buen proctólogo, eso fue lo que me dijo, a nadie le importaba lo que hacíamos por la noche, el hospital era otro lugar, un mundo aparte y eso estaba muy bien.

Yo tenía ciertos privilegios, a cambio tenía que pasarme encerrado todo el fin de semana, ni por error lo habría hecho con las compañeras de trabajo, aunque había una que otra que me robaría el sueño con facilidad, pero siempre me resistí hacerlo, no me imaginaba tener que andar jodiendo sobre los retretes, eso sin contar que al otro día estaría en boca de todos, porque yo era, un tanto ajeno a la vida del hospital y se caía en manos de alguna chica, desde luego que sería una noticia, pero como dije antes a nadie le importaba lo que pasaba con nosotros por las noches. Alguna vez lo había hecho en el baño de mujeres y en medio de todos esos olores, pero en ese tiempo ni siquiera soñaba con trabajar en un hospital, es más ni siquiera soñaba con trabajar.

Ella me llamaba a cada rato y durante meses no paramos de escribirnos, algunas veces nos confesamos cosas que según nosotros era lo más oscuro de nuestras vidas, luego perdí el trabajo, a veces pienso que lo perdí por cosas que tienen que ver con mi pasado negro, otras veces pienso que todo fue por capricho de un cabrón y me dan ganas de cortarle los guevos, no sé porque pero las cosas se solucionan si a un cabrón le cortas los guevos, sobre todo ya no se reproduce. En el hospital había una mujer más loca que el diablo, que le gustaba pintarse como payaso, que pensaba que ella era la dueña de todo, y con la que desde un principio tuve problemas, después de que me corrieron, a ella le dieron más poder y entonces  pensé que lo que mejor que me había pasado en la vida era eso, quedarme sin trabajo y como siempre he dicho, trabajar es algo que no me gusta.

Le dije a mi mujer que tenía que ausentarme unos días, que si no me marchaba, iba a explotar, que me daban ganas de irme de voluntario a cualquier sitio del mundo donde necesiten voluntarios, que estaba cansado de esa necesidad de tener dinero, gigantesco y feo, eso era el futuro, además de gris, a mi mujer desde luego mi idea le pareció de lo más tonto. Volver a las andadas, era alejarse de los hospitales, de las necesidades, de los desvelos sin sentido, era tomar un libro y leer hasta perderme, era escribir y hacerlo con la primera mujer que me regalara una sonrisa, hacerlo, así nada más por hacerlo, pero siempre con la delicadeza con la que lo haría un voluntario y no hacerlo como si fuera una tortura, le dije a mi mujer que creía que estaba a punto de volverme loco y me dijo que estaba vez no sería fácil que de volverme loco me metería a un manicomio y lo único que pensé fue: ojalá que también existan en ese sitio las mujeres, porque un hombre sin relaciones sexuales, termina por perder el juicio. Mi mujer antes de irse a trabajar me arrojo una pelota de béisbol y me dijo: para cuando regrese espero que esos sueños ya no existan y no olvides por favor, por favor, bañar al perro.

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Noches de tanto calor

Son casi las doce de la noche y el calor no cesa, algunos dicen que es el peor calor de los últimos años, yo antes no sentía el calor, como tampoco sentía muchas cosas, no es que tuviera una rara enfermedad sino que disfrutaba de otros privilegios, ahora mis zapatos se manchan de cagadas de perro y me preocupa lo que pasa con el dólar o el peso, no es que esté pensando en invertir, sino que cada día veo las cosas más complejas y lejanas, además no tengo un centavo para pensar en invertir. Antes me daba por no platicar de nada y me escondía de mis amigos, en cuantos los veía venir y sonreír, me decía que detrás de esa sonrisa se ocultaba un signo evidente de nerviosismo y que lo único que podía esperar es que me pidieran dinero prestado y casi nunca me equivocaba, ahora los amigos son escasos, solo han quedado dos o tres, y no suelen pedirme dinero y la cosa va bien, nos gusta platicar de cualquier cosa y muchas veces hasta platicamos de cosas del trabajo, cuando tenemos oportunidad nos vamos a la playa y en ocasiones hasta nos ponemos a pescar. Pescar es un pasatiempo caro, aunque algunos digan que no se necesita de gran cosa para irse a pescar, por acá todo mundo va a pescar, que a veces pienso que es algo de mal gusto hacerlo, pero luego encojo los hombros y me olvido de todos mis prejuicios.

Mi cuñada me llamo para decirme que su hija necesita zapatos para el regreso a clases, me dijo que no quería molestarme, pero que mi hermano le pidió que me llamara y que siente mucha pena, pero que por su hija es capaz de todo, me dijo que si yo quiero nos podemos ver fuera de su casa, y arreglarnos con lo del dinero, pero yo no tengo dinero y pensé en conseguir un préstamo, pero todo mundo te quiere cobrar intereses impagables. Mi cuñada tiene un rostro agradable, me dijo que la esperara un segundo, que deseaba fumarse un cigarrillo, tiene 32 años y pesa unos 65 kilos, nada mal considerando que mide 170 centímetros, también tiene las tetas grandes.

—Puedo conseguirte el dinero—le dije.

Todo era muy raro. Ella me dijo que un poco dinero extra le vendría muy bien, sobre todo porque ya necesitaba comprarse calzones, que si yo quería podíamos ir a comprarlos y ella los modelaría para mí, me dijo que si ya estaba en eso de conseguir el dinero, que no le vendría mal un poquito más para sus vacaciones a fin de año y que por supuesto consiguiera un poco para mí, que no estaba mal si me compraba unos preservativos, pues nunca se sabe cuándo se van a necesitar y que ella ya no deseaba quedar embarazada de nuevo y que mi hermano no quería usar preservativos y que casi no hacían el amor, aunque con él no hago el amor, me dijo mi cuñada mientras le daba una fuerte calada al cigarro. Luego me pregunto si es que yo sabía hacer el amor.

No estaba muy seguro de si todo esto estaba ocurriendo en realidad, mi cuñada era como un sueño, no la podía ver de otra forma, yo deseaba ayudarla por su hija y por mi hermano, por ella no haría nada o mejor dicho por su boca no haría nada, porque cuando ella se pone hablar suele herir a todo mundo. Al principio me agradaba, daba la sensación de pasarla bien, luego cuando se nos vino el tiempo encima, ella comenzó a mostrar sus heridas, esas que se adquieren en la batalla por la vida, odiaba a todo mundo y el odio le brotaba por los ojos. Le conseguí el dinero a mitad de la tarde, para cuando llego la media noche ya estaba arrepentido. Ella se apartó, se incorporó y se alejó. Antes de irse a su casa busco en mis bolsillos, por si se me había olvidado darle algo más, encendió un cigarrillo y me dijo, así hasta da gusto hacer el amor. Afuera el calor estaba a todo  lo que da, ya extrañaba hacer el amor sin sudar, ya extrañaba tantas cosas, pero sobre todo extrañaba esa sensación de confort, ahora todo es desesperación. Me sobro un poco de dinero y me compre una botella barata de whisky y me la bebo con agua y juego con un bolígrafo que me traje del hotel, un hotel barato y pestilente, pero que se le va hacer, esta es una época difícil. Quería sentir culpa, pero me fue imposible, supongo que había aprendido a mandarlo todo a la mierda. Mi mujer me hablo, supongo que tiene mucho calor y me va a reclamar por algo.

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Antes de volver a casa, bebí una cerveza

Todo es cuestión de suerte me habían dicho hace algunos años. En estos momentos, de creer en la suerte podría decir que la muy grosera me había vuelto a abandonar y que si no conseguía algo rápido la cosa se pondría muy fea. Hace mucho tiempo que no dejo que el alcohol me gobierne, porque entre otras cosas me transforma y hago cosas que prefiero no mencionar.

Mentir. No sé cuantas veces he mentido. Eso no tiene importancia.

Por la mañana unos policías llegaron a unos 100 metros de donde ahora vivo, a decir verdad fueron llegando en las siguientes dos horas, supongo que había por lo menos un muerto, pero sentí pereza para ir a preguntar qué había sucedido y el resto del día me lamente no haberlo hecho, un escritor no puede ser escritor sino se interesa en las noticias, sobre todo las noticas de su entorno. Creo que ya estoy un poco viejo como para dejarme sorprender, solo pensé que se trataba de un muerto y seguí con mi trabajo.

Repetí mi nombre dos o tres veces y me dije: a quién demonios le gusta el trabajo, no me digas que a ti.

El día fue muy largo, para la tarde ya no tenía ganas de hacer nada y le daba vuelta en mi cabeza a dos o tres ideas, no deseaba un trabajo sentado frente a un viejo  computador, necesitaba algo más fresco, tratar con las personas escuchar sus historias, porque esa es la única forma de seguir haciendo eso que tanto me gusta, sin historias, cualquier historia contada se siente huérfana de la realidad, sin ese contacto es como estar muerto. Salí a la calle y me puse a vagar sin sentido alguno, en unos días más estaría trabajando de nuevo, aún no sé lo que voy hacer, pero estaré de nuevo en circulación, eso si la suerte no me abandona antes.

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Antes de caer rendido

Lo pensamos mucho y cuando decidimos hacerlo era la peor época del año y no por el calor o por la violencia generalizada que reinaba en el país, mucho menos por la devaluación del peso, porque la gente no sabe de devaluaciones de la moneda y siempre se enferma por una u otra razón se enferma, creo que cuando elegimos hacerlo ya era un poco tarde y los próximos seis meses seguro que van resultar de lo más pesado. Algunos amigos habían terminado este año su novela, incluso Udele estaba trabajando en un novela. Para mí la cosa no estaba fácil y tenía ganas de regresar a los años en los que me levantaba temprano y salía a correr, me gustaría tener 10 kilos menos y dejar de comer como un obsesionado, obsesionado y obeso eso es lo que creo, otra cosa que quisiera hacer es volver a boxear, nunca fui bueno, pero casi siempre fui contundente, me bastaba un par de combinaciones para acabar con el contrincante, pero ahora estoy seguro que soy muy lento y eso me pone de mal humor. La gente se enferma, pero en estos días prefieren reír antes de quejarse de sus males y si se sienten muy mal, primero consultan en el internet antes de ir con  el médico, enfermarse resulta un lujo.

El sol en estos días suele quemar más que lo de costumbre o eso es lo que pienso. Algunas tardes intento salir a correr, pero algo me mantiene anclado a la costumbre de desviarme a la cocina y comer como si nunca más lo fuera hacer, tomo la comida entre las manos y me la llevo a la boca, una y otra vez, hasta que llega el momento en el que me siento culpable y corro al espejo y por más que intento engañarme he comenzado a subir de forma alarmante de peso, no pueden ustedes imaginar el horror que causa verse calvo y obeso, lo que más me preocupa de estar obeso es que llegara el momento en el cual ya no me puede ver el pene y entonces entiendo que estoy siendo cruel conmigo y con mis pasiones y me hace sentir como cuando pasas por un lugar y escuchas risas y sabes que esas risas son porque se están burlando de ti. La burla es algo  peor que un asesinato.

Lo mejor de todo esto es que sin importar que es una mala temporada lo hemos puesto y que las cosas son siempre igual, la gente va a enfermar, sobre todo las mujeres, no importa si son ricas o hermosas, casi siempre se enferman y entonces la cosa va a empezar a funcionar, mientras todo eso pasa, yo me dedico a escribir o eso es lo que deseo creer y después de eso pienso en hacer otra vez el amor.

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Se busca escritor

Una oportunidad más se me escapaba de las manos, eso me decía mientras caminaba rumbo a casa con la bolsa del mandado que me venía torturando los dedos de mi mano izquierda, de inmediato me pregunte por qué demonios cargaba la bolsa con la mano izquierda si no era zurdo. En la mano derecha traía mi Smartphone y leía que la editorial donde algunos de mis amigos publicaban, había puesto el siguiente anuncio:

SE BUSCA ESCRITOR

En ese momento pensé que tenía que huir de la ciudad, agarrar mis cosas y presentarme ante la editorial o hacerle una llamada al escritor coordinador del programa de reclutar nuevos escritores para la editorial, había más o menos doce plazas y unas ocho o seis vacantes por si los elegidos no cumplían con las expectativas, llamar al escritor no era problema alguno, pues la amistad no se limitaba al hecho de haber leído sus libros, sino que en más de una ocasión nos habíamos puesto una borrachera junto y luego estaba el tema de su mujer, aunque hablar de ello es un tema delicado, el caso es que si le llamaba y le pedía por favor que me diera una manita, él no me lo iba a negar o eso quería pensar. En mi cabeza se paseaba el encabezado del anuncio de la editorial:

SE BUSCA ESCRITOR

No pude leer más, no me interesaba ni la paga, ni la fama, solo deseaba escribir y estaba seguro que ese era el camino para tener lo que siempre había deseado, uno de mis deseos era ir a New York, el otro era una tontería que no vale la pena mencionar.

No tenía auto y el departamento en la ciudad de México lo había perdido; estaba acostumbrado a perder. El anuncio decía:

“Importante casa editorial, busca a jóvenes escritores entre 20 y 65 años. Que estén desarrollando su obra, no importa si es novela o cuento, que tenga deseos de publicar, no importa si el trabajo aún no está terminado, se ofrece adelante por los derechos de su trabajo, así como la ayuda especializada de un escritor consumado, y la ayuda de sus compañeros de trabajo, sueldo a negociar y total disposición para cambiar de residencia sino vive en la ciudad de México, para mayores informes enviar correo electrónico o llamar a los teléfonos de la editorial.”

Ya tenía 43 años, no me importaba si tenía que cambiar de residencia. Lo que no estaba bien era que te pedían un avance significativa de tu obra y sobre todo estar bien definido de querer ser escritor, digo que no estaba del todo bien, porque uno puede pretender vivir trabajando como escritor, rigurosas 8 horas diarias más tiempo extra. Estuve tentado a llamar por teléfono, me dije: qué demonios puedes perder. Seguí caminado hasta llegar a casa y en ese trayecto pensé en llamar a mi amigo escritor que se encargaría de coordinar la contratación y desde luego de dar la introducción necesaria para formar parte del mundo de las letras, pensé en llamarle y decirle que necesitaba de manera urgente ponerme a trabajar, que a estas alturas ya no tenía ni para pagar la luz y que quizá hoy había realizado el último mandado y que me daba mucha pena pedirle ese favor, pero quería que me contratara como uno de esos escritores a distancia. Una leve sonrisa se me escapo. Estaba celebrando mi suerte y cuando abrí la puerta de la casa ya me había olvidado de todo, no recordaba o no quería recordar que me había quedado sin trabajo gracias a mi necedad de no recibir órdenes de un pobre diablo que se sentía dueño del hospital donde pasaba muchas horas sin hacer nada, no tenía un centavo para afrontar el siguiente día, pero estaba seguro que mi amigo me echaría la mano, porque cuando el necesito, yo no lo dude y compartí todo lo que tenía, además él no podría olvidar lo bien que la habíamos pasado todas las veces que nos emborrachamos, y luego estaba el tema de su mujer, pero de eso no quiero hablar, no ene ste momento. Recordé el anuncio:

SE BUSCA ESCRITOR

Me imagine escribiendo todos los días, incluso los domingos y me dije: ya le partiste la madre al destino, ya la hiciste cabrón y me puse a reír como loco. No sé cuantos en el país soñaban con esta oportunidad, ni cuantos amigos de mi amigo el escritor intentarían llamarle y seguro que él apagaría el celular para no tener que prometer nada, la cosa estaba tan jodida, el dólar no dejaba de ganarle terreno al dólar como dicen de manera elegante, la realidad es que no estaba cargando la chingada pero yo me quería aferrar a mi sueño, a mis ganas de escribir y publicar en una editorial, ni más ni menos que en la editorial del país, la que se sostiene con recursos del pueblo, ya sentía que era importante y luego se presenta la realidad y las cosas cambian, eso sin contar que estaba eso con la esposa de mi amigo el escritor. Lo que era imposible era dejar la ciudad, no tenía a donde llegar y luego estaba el tema de los gastos de transportación y la promesa de trabajo que me habían hecho, eso era algo seguro, me tenía que presentar en una semana, lo único que tenía que hacer era sobrevivir todo ese tiempo, dejar de beber cerveza y leer mucho para engañar al hambre. No lo pensé más decidí marcar, y después de que el teléfono sonó cinco o seis, decidí colgar y regrese a mi realidad. El anuncio era tentador y estoy seguro que muchos pelearían por un lugar, no quiero ni pensar con cuantas cosas tendría que lidiar mi amigo, ni a cuantos favores tenía que corresponder, doce o trece plazas de escritor me parecían poca cosa y me sentí triste por todo y lo único que pude hacer fue salir a correr y en mi cabeza se repetía una y otra vez:

SE BUSCA ESCRITOR

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Salud mental

Para algunos la cosa esta clara, como que uno se va a morir y no tiene importancia el cómo, ni el cuándo; para otros tal parece que les han dicho que se van a morir la próxima semana y entonces se la pasan jodiendo y al final te abrazan a modo de despedida y casi exigen las gracias, alguien los debería de callar, regresarlos a la realidad, decirles que esa soledad en la que viven, así estén rodeados de sus muebles es una enfermedad muy cabrona y que se las va a cobrar caro, para algunos la cosa esta clara, la vida hay que vivirla sin querer joderse a los demás.

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A veces me pregunto cómo habría sido mi vida de seguir en ese ridículo trabajo y la única respuesta que encuentro, es que habría truncado toda posibilidad de convertirme en escrito, pero sobre todas las cosas cada vez tendría menos posibilidad de ser feliz

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El día que ella se enoje los van a correr

Lo peor de haber perdido a mi amante, fue que con ella perdí también a Lolita, sí la Lolita de Nabokov. Nos veíamos en el hospital, sin importar el turno que cualquiera de los dos tenía. Cuando ella recupero a su marido, comenzó a verme raro, como si yo fuera un extraño o como si alguien le hubiera confesado en secreto que estaba a punto de morir, desde luego que no estaba a punto de morir, pero si de quedarme sin trabajo; después de quedarme sin trabajo me di mis mañas para ir sobreviviendo, no podía vivir de lo que escribía pues lo hacía de la chingada. Mi amante se convirtió en la amante de un cabrón que detestaba hasta la muerte, ella también lo detestaba, pero su necedad y necesidad por seguir trabajando en ese lugar la llevo a calentarle las cobijas a ese cabrón, mientras que la mujer de él, la que ahora tenía el poder, le calentaba las cobijas a otro, aunque lo de ella era una enfermedad bien cabrona. Lo único que le dije a mi ex amante fue: el día que ella se enoje los van a correr a los dos.

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Nunca viajaba a prisa

Esa noche cuando me llamaron para decirme que no me presentara a trabajar, tenía claro que mi tiempo ya había pasado, lo único que me mantenía tranquilo es que nunca iba a perder mi dignidad rogando por algo que nunca me había gustado, aunque en ese momento no tenía ni puta idea, la felicidad estaba por asaltarme.

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