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Archive for 12 mayo 2012

ya  sé, desde que te vi lo sabía,

no me equivoco cuando digo

que he de vivir 86 años o cuando

pronostico que la vida, sino la atrapas

en un segundo de felicidad,

más valdría no vivirla,

ya  sé que soy un caso perdido,

que mientras juego mil partidas

por amanecer en tus brazos o recorrer

el corto y extenso camino hasta tu útero,

no sé ni quién soy, ni adónde voy,

ni porque me vuelven locos tus olores,

esos olores que me inundan,

ya  sé, nadie me lo dijo,

y mientras me asombro,

quiero saber a dónde voy sino es contigo,

en tus brazos, en tus piernas, en tu sexo,

en eso senos que me recuerdan quien soy yo

 

ahora me pierdo en tu silencio, en tu cuerpo que se pasea

todo el día de un lugar a otro, de un suspiro a otro

de un deseo a otro, de una piel a otra

de una noche a otra

de una ocasión a otra

 

ya sé, me pierdo sin estar en ti

 

vivo enloqueciendo, creyendo adivinar tus deseos

vivo al margen del olvido, jugando con tu destino

con las cosas que estas por hacer, vivo en tus mudanzas

en las cosas que sueñas, en las que planeas sin planear

en las tardes en que me deseas, sin decir nada, vivo

en tu nombre, en esta lluvia que me invita a extraviarme

en la soledad de tus historias, en tus ojos

en la hierba que fumas

en los versos que no escribo

vivo perdido en esta soledad

buscando, buscando

lo que en ti puedo encontrar

 

ya sé, después de un tiempo todo es recuerdo

 

vivo en los atardeceres de una ciudad que se tiñe de rojo

y en los rojos atardeceres que nos regala el cielo,

vivo en la soledad de un mundo con dos lados

y vivo queriendo recorrer tu piel

 

ya sé, ser mortal es un delito

 

todo pasa ahora, estas ganas de ti

de no saber a dónde ir, estas ganas

de parir, de perderme  en los recuerdos

estas ganas  de enloquecer

de no saber quien soy

y mucho menos saber a dónde voy

todo pasa ahora

y no tengo memoria para almacenar

tantas cosas que no quiero olvidar

 

ya sé, estoy perdido y no hay puerto a la vista

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Ella, su pasión la poesía,

se alojo muy cerca del Piaeva,

me escribió un par de veces,

me provoco con su mirada,

me canto en silencio y pronunció mi nombre

más veces de las que nos vimos en realidad.

Dijo que no asistiría a clases sin sentido,

que le gustaba el baile, el vino, y la Italia

que se dibujaba en sus sueños;

las clases en Venecia, las lagrimas  a las 5 de la mañana,

los besos jamás dados,

el sexo con sus poemas y la pintura de su cuerpo,

ella me dijo que cuando sentía deseos de regresar,

se sentaba junto al río y se ponía a pensar,

a soñar, a creer que estaba  en un viaje interminable

un viaje de regreso y no se dejaba engañar

por esos cantos que brotan del mar

su canto, su poesía

esta ira, y mi caída;

la ciudad encendida

en batallas perdidas;

candidatos con políticas agrias

con promesas vacías

no supe decir nada, no le conté

de mis noches en silencio,

de las tardes en las que la pienso,

de su andar por el Claustro

de mi sonreír al ver sus dientes

de la posibilidad de una amante

no supe, no fui capaz de decir nada

y me perdí en este silencio

escribí  versos a las dos de la mañana,

después de cada tiroteo,

después de encontrarme con un muerto

en la puerta de la casa,

después de hacer el amor,

después, todo quedaba para después

incluso el silencio de ella, de los dos

me senté, le conté cualquier cosa

en medio de una guerra mal pagada, con políticos

de ocasión, con olor  a muerte en las calles

era imposible no pensar en Venecia, en ella

en su sonrisa, en la forma de su cuerpo

mientras baila, en sus grandes dientes

en su voz, su voz que de cuando en cuando

le daba calor a mis versos

aquí todo flotaba en el miedo

en el sudor, en la sangre,

allá todo flotaba, en los sueños

en las aguas de sus canales

en sus labios reservados

en los domingos que no nos vimos

me levanté, deje de pensar, me fui

a la cama, puse el ventilador y

sentí la presencia de ella

entonces, solo entonces

se podría decir que el día

estaba hecho

 

NOTA: en cuanto al río, puede ser el Bravo o cualquier otro que este cerca de su ciudad, en cuanto el sueño que tiene que ver con Italia, puede cambiarse por USA o cualquier país de su preferencia, y en lo que corresponde a los canales de Venecia, uno puede cambiarlo, por avenidas, freeway o lo que más nos guste de nuestras ciudades, lo que es imperdonable es cambiar a la sirena en esta historia y sobre todo, no cambiar por nada la presencia del ventilador; olvidaba lo más importante, ella puede ser él o lo que se prefiera y según sea el caso…

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Esto no es un simulacro del país que nos parecía imposible: ahorcados, balaceras, narco-textos, liguilla de fútbol (la cual no me gusta), simulacros, ideas, pasiones que no se entretejen y al final, queda esto, el país que tenemos, con estos días que no se sabe si vienen o van y al final la vida que se nos fragmenta y esta historia que nos revienta.

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Pensando que pronto volvería a encontrarse con G, él suspiro y dejo llevarse por el ritmo de la música.

Las tardes son las horas del día que más me gustan. G, llevaba siempre unas gafas oscuras, porque había descubierto que si se le quedaban mirando fijamente a los ojos, las personas quedaban inmersas en una especie de encantamiento, no importaba si estas personas eran hombres o mujeres, un mirada de ella y era la antesala del laberinto más complejo que pudiera existir, un laberinto interminable. Después de pensarlo unos días, el sexo se había convertido en una interminable platica entre amigos, las cosas iban perdiendo el ritmo y la emoción inicial parecía estar inmersa en una promesa que jamás se cumpliría. G, había dicho que había historias que no se podrían mezclar, tenía ese pensamiento complicado que solo la adolescencia nos regala y es que ella creía que uno nunca debe visitar los lugares que ya ha visitado con otras personas, porque entonces se mezclan las historias y recordar ya no es volver a vivir sino un oscuro y amargo tormento. En ese momento peligraba ese primer encuentro en su sillón. Yo le dije, que se me habían olvidado todas las historias pasadas, que podría ir a cualquier lugar, que las heridas pasadas ya habían dejado de sangrar desde muchas vidas atrás.

—No evitas los lugares visitados en el pasado, evitas algo mucho más complejo y me acabas de decir que es mezclar tus historias, porque no recuerdas nombres, sino emociones—le dije.

—No, no es eso, cada situación es para mí algo especial—dijo ella.

—Tengo una teoría—le dije, rascándome la cabeza—sucede que amas a tu novio y crees que si frecuentas los lugares que reservaste tan solo para él, lo estarías traicionando. Solo que te gusta la emoción y la aventura y eso te confunde

—Puede ser—dijiste, sonriendo—sabes me gusta todo tipo de música, mi familia dice que estoy loca y a veces como hoy, me recomiendan que no de un espectáculo, como si eso en realidad les pudiera importar.

Todas esas vidas que ya he vivido no me dejaban espacios para los errores, era como estar condicionado a un solo camino, al hecho de tener que aferrase a una sola mujer a un solo destino, a una historia, a un cielo, a un mar, a un largo viaje, a un laberinto y que nada lo pudiera romper. Todo el tiempo hablo alrededor de los libros, pareciera que estoy obsesionado con ello y que las otras cosas carecen de importancia. Eso era un horror. G, la moderna medusa, eso no era posible. Su idea de la banda gástrica me tenía confundido, quizá porque yo la veía a ella perfecta.  G, me hablo de sus amigas. De las reinas de la calle, pero nos quedamos sin hierba, tumbados en el pasto, con ganas de besarnos, soñando cada uno con sus cosas y yo regresando al microcircuito de esa ciudad que llevo en todos mis días a cualquier rincón donde me encuentre.

Yo tuve un infierno con una dama, no dormía por las noches, soñaba con las trenzas de medusa y los ojos de ella fueron un largo hechizo y luego se apareció G y me recordo todas esas cosas y mientras su pelo se posaba en su oreja, me fui adentrando en un laberinto, cuyas paredes eran espejos, pero estaba seguro que algún lugar había dejado un fino estambre que me llevaría a la salida. G, me tomo entre sus brazos y me dio ese primer beso, que lo mismo construye historias, que destruye sueños.

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Sus piernas largas como las autopistas me rogaban para que me las llevara a la cama

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Un sábado, justo antes de salir de trabajar G, me confesó que era imposible vernos como habíamos quedado. Antes de que ella me dijera todo lo que tenía que hacer, yo pensaba en las mil posibilidades que nos esperaban esa noche, imagine desde luego que después de hacer el amor, ella se quedaría dormida como un tronco, yo aunque quisiera dormir, no soy muy bueno. Una semana antes nos habíamos puesto de acuerdo, y a partir de ese momento todo era esperar. Yo pensaba en el sillón, en ese blanco sillón, aunque no tenga claro si ese es su color, pero el caso es que nos pusimos de acuerdo y entonces mis horas de sueño se vieron reducidas y no solo eso, también deje de leer como suelo hacerlo, ahora leía menos paginas e imaginabas acrobacias imposibles para mi edad, si es que existe un límite acrobacias a cierta edad. Así que no pudo ser como lo había planeado con G, y antes del amanecer yo tenía deseos de irla a buscar. Ella seguramente no entendería mi comportamiento. Le llame.

—Estas durmiendo—pregunte, al mismo tiempo que mi voz se iba quebrando.

Estaba un tanto arrepentido de haberla despertado. Ella lanzo un pequeño gruñido, apenas audible, pero que yo no dejaría pasar por alto. Inexplicablemente no había visto la hora antes y por más que intentaba averiguarlo, me quede estático, sin saber qué hacer en realidad. La imagen de ella en mi memoria era más fuerte que cualquier razonamiento y luego, si me ponía  a pensar, seguramente nunca me habría atrevido a llamarla.

G me había el número de su celular, pero a la hora de transcribirlo, cometí un error, una pequeña equivocación me mantuvo escuchando una voz desconocida durante muchos días y luego le había enviado una serie de mensajes atrevidos, mensajes que describía a la perfección en la que le iría quitando la ropa y de cómo no paraba de pensar en ella, la mayor parte del día. La persona que durante todos esos días leía mis mensajes y soportaba mi mudez cada que la llamaba, seguramente tenía unos nervios a prueba de todos, pues jamás me reclamo, todas mis equivocaciones, he llegado a creer que le gustaba leer esas cosas tan detalladas que según yo, le escribía a G.

—Ya casi amanece—dijo ella, mientras su cuerpo se retorcía en la cama. Estaba completamente desnuda y húmeda, era una noche inmersa en el calor de la primavera.

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se me ocurre que no existe nadie como tú

y de inmediato pienso en una canción,

pienso en los límites de tu cuerpo, en todo

lo que aún no nos hemos dicho, pienso en nada.

en nadie, excepto en ti

 

escribo de traiciones, de balas, de metralla, de muertes

 

luego tu cuerpo que es igual al mío

triste, viejo, desnudo

deshabitado

después viene la tierra que calma su sed con sangre, y

con cuerpos que se volverán polvo,

con  historias inconclusas

con lluvias que nunca terminan de caer

y tú, que no tienes una igual

 

yo, sigo aquí, hurgando en el camino

buscando un pretexto

una ocasión

un suspiro

una noche

tu cuerpo

tu desnudes

tu intimo suspirar

tu orgasmo

tus senos en mis manos

su sexo en mi piel

nunca me he ido

yo estoy aquí

y voy hacia ti

 

después escribo de balas, traiciones, obesidad, silencios

 

escribo el principio de una historia:

sillones que imagino blancos

cuerpos con la piel tatuada

arboles donde se pierde mi voz

soledad inventada

y busco en toda esta ciudad

en donde esconderme

para que las balas

la muerte

el infierno

y la gente no nos pueda encontrar

busco ese lugar

y mientras tanto escribo

soñando que dormirás conmigo

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no importa si eres rubia o morena

si terminaras por quitarte la ropa

o por desnudarme y robarme el frío

no importa si puedo amarte o puedes

amarme tú a mí, no importa

mientras seas una mujer real

entre los dos, existe un límite, un tiempo

un espacio, un último segundo antes

de despedirnos y después todo vuelve

a ese ritmo cansado y con sabor

de terrible realidad; realidad

cruda, oscura, imposible de vivir

no importa si eres rubia o si me gustan las morenas

no importa que quieras o no salir conmigo

o que odies mis poemas que no logran

rimar en verso alguno, no importa

si mi mano izquierda

me desconoce y la derecha

me guía  a la muerte, no importa

mientras que tú seas una mujer real

luego llega la noche, no estás a mi lado

creo que todo depende del momento

busco tu presencia: en redes sociales,

en mensajes ocultos, en comentarios

inexistentes, creo que eres la musa

que al fin mi sequía de palabras

se llevará y los horrores no serán nada

y tú me dirás: yo soy ella

por la que tanto esperas.

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