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Archive for mayo 2011

La noticia del fin del mundo ha circulado por todos lados como el evento que tenía que suceder hoy, propiamente no el fin del  mundo sino la desaparición de los “elegidos” para ir o cambiar su residencia en los dominios de Dios, el resto los que nos hemos quedado, seremos sujetos de un juicio final de aquí hasta el mes de octubre cuando se concrete el ansiado (si es que alguien lo está esperando) fin del mundo. La duda que me queda es si el promotor de este anuncio fue llevado al reino de los cielos o se ha quedado a disfrutar de todos los millones recolectados.  Más importante que el fin del mundo o la atroz llegada del juicio final es sin duda que en el mundo ya nadie nos quiera contar historias, es algo que no se puede perder, ni con la llegada del “libro” digital, ni con la desesperanza de algunos escritores, ni con la muerte violenta de los que integramos este reino, el que está siendo juzgado.

La noticia que trascendió el día de hoy es que se han reportado cerca de un millón y medio de personas desaparecidas.

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Hoy me dijeron que vivo en la ciudad más fea del mundo y no es necesario pensarlo mucho para saber que eso tiene algo de cierto, aunque de no haber conocido otras ciudades diría irremediablemente que no puedo comparar pues es esta ciudad la única que conozco. El lugar es feo, ya sea por su basura, por sus delincuentes o por otras tantas cosas, eso sin contar el clima que se va a los extremos y por ser vecina de los que están del otro lado del río. Aunque lo cierto es que existen ciudades que en verdad no tienen un solo tinte de hermosas o mejor aún son la antítesis de la belleza, pero meterse con ellas, dar sus nombres puede ser peligroso y motivo de arrepentimientos porque luego uno no sabe a dónde va ir a vivir por el resto de sus días, a mí no me gustaría vivir en ciudades más feas o parecidas en la que ahora vivo, por mil cosas. El que este fea la ciudad no es culpa de los diferentes enfrentamientos que se dan en sus calles, es en parte culpa de la tierra que cubre estas calles y le da un color a muerto. Triste.
Hoy me he llenado de tantas historias, las que me preocupan son las que vienen llenas de crueldad.
En un hospital llego una mujer poli traumatizada, presume haber sido golpeada por el novio, que es un tipo violento que a su vez ya tiene un divorcio por violencia, ella, la mujer violentada es joven, hermosa, no solo tiene belleza física, pero algo en ella no concuerda, dice que ama a su golpeador que por nada del mundo levantaría una denuncia y dejarlo eso mucho menos, que no necesita sui golpeador amenazarla con matarla para que ella se quede, aunque él la amenazo, ella siente amor por él y si la vuelve a golpear o su familia de ella la encuentra muerta no le importa. El pleito-golpiza, empezó porque el sujeto descubrió que ella tiene otra cuenta de Facebook, lo cual no le gusto, el controla todo, sus correos, sus movimientos, su vida, yo pienso que debe tener un complejo muy grande, o es un hombre muy feo o la tiene muy chica o no sé cuantas cosas más, lo cierto es que es un tipo inseguro, que con facilidad puede violar el límite entre cometer un crimen y no. Quizá esta violencia no es otra cosa que las consecuencias de que nuestra sociedad deje que las cosa malas suceden en sus calles, y es por eso que nos hemos acostumbrado a los malos tratos. Lo que más me intriga es si somos tan dependientes como para dejar que alguien más administre nuestras cuentas de redes sociales, correos, vida, sueños.
Mucha gente anda preocupada porque a partir de mañana el fin de mundo empieza la cuenta regresiva, suena de alguna manera hasta romántico saber cuándo o como puede llegar el fin del mundo y de paso nuestro fin. Lo único que yo creo es que nuestro fin empieza desde el momento mismo en que estamos vivos, y eso es desde que nos estamos gestando, es nuestra condena y nuestro irremediable destino y si el mundo se va acabar, eso no es algo que nos espante. Por supuesto que la teoría de este sujeto, el que habla de estas cosas, no puede precisar que día será el elegido. Me pregunto si todas estas cosas no tienen que ver con la muerte de Bin Laden.
Un hombre paga un millón de dólares para salir bajo fianza de un cárcel, con eso habría podido pagar cualquiera de sus perversiones, sin embargo lo que en él esta presente es su instinto de maldad y las ganas de abusar de los pobres, ese mismo hombre estaba a cargo de otorgar préstamos para los países más pobres y negociar comisiones e interés fuera de todo orden. Debe ser su maldad la que nos tiene sumidos en las diferentes crisis. Deberían pedirle que pagara un viaje a la luna y que se quedara por allá quizá encuentre a quien chingar.

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No lo tengo muy claro y conste que no es queja, pero en ocasiones me pregunto, como es posible que nos estemos matando entre nosotros. Debe ser que el poder y las drogas son malas inversiones. Sin importar lo que en este país nos suceda, sin importar la hostilidad de este mundo, a diario alguien nos regala un poco de su belleza. La guerra no tiene sentido, supongo…

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Cuando Juan Rulfo escribió el Llano en llamas, pensaba en Guadalajara (probablemente), hoy en día todo el país esta incendiado, ese llano del que tanto nos hablo el maestro Rulfo, lo son cada uno de los rincones de esta patria, la laguna en el centro, el altiplano, la península, las islas por descubrir y las ya descubiertas de nuestra tierra, las fronteras y cada rincón es parte de ese llano, del cual podemos recrear a placer cada una de sus historias,  desde luego con la responsabilidad que eso implica, intentar heredar al maestro, esas son palabras mayores que tal vez unos cuantos querrán pronunciar. Incendiar el llano es mucho más fácil, que cualquiera nos pone a temblar. Lo que el maestro nos escondió celosamente, fue el hecho de que el país se nos iba a incendiar y poco se podría hacer (será cierto eso)

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He resuelto las interrogantes que durante años ha mantenido confundida a la humanidad:

Quién soy, a dónde voy, y de donde vengo.

Soy un aterrado por la ola de violencia de mi localidad, más que ola debería decir por la violencia diaria, puede leerse narco bloqueos, narco enfrentamientos,  y todo los narco que se guste agregar. A dónde voy, a ningún lugar, pues si salgo corro el peligro de ser secuestrado, levantado y sepultado en una narco fosa. De dónde vengo, eso es algo que a nadie le importa, lo importante es que ya llegue a este lugar, que no puedo salir de el y que acá no soy más que uno más que vive con el miedo entre las patas. Me dicen el inmóvil.

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De que voy a morir…

Ningún lugar es seguro. Recuerdo que de niño me preguntaba, qué es lo que iba a ser cuando fuera grande, ahora me pregunto de qué voy a morir y espero que no sea por un encuentro casual con un puñado de plomo. Aquí lo casual es el plomo, el miedo, la sensación del peligro. Los niños no se preocupan por lo que van a ser cuando sean grandes, ya lo tienen claro, solo algunos despistados de dos años, creen que serán paleontólogos.

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Todos los días es la misma historia. Personas que no llegan a su destino.

 —La última vez que hablamos con mi nieto, estaba por llegar a la casa—dijo el anciano—desde ese día no volvimos a saber nada de él—agrego.

 Uno imagina que esas cosas le pasa a la gente que va en carretera, de otra forma nos parece imposible, es decir que alguien entre a la ciudad y “te levante”, parece algo sacado de la ficción, aunque hoy en día ya no sabemos si vivimos dentro de la imaginación de algún escritor perezoso, al que le dio por tener una dosis diaria de muertos o es esto a lo que nos da por llamar la “realidad”.

 —Señorita, si no me atiende de inmediato, voy hablar con mis hijos para que le den un levantón—dijo la señora desde el otro lado de la línea—no le basta con darme un servicio caro, sino de paso, malo—agrego ella, casi gritando.

 Desde luego que estos no son tiempos para ponerse uno a inventar, acá la muerte dejo de tener permiso para hacer su trabajo, acá se induce, ya no con aquellas peleas que por mucho tiempo nos dio por llamar cabales, entre caballeros y no tan caballeros, acá la muerte tiene un rostro distinto, que incluso ella se desconoce cuándo por error se observa en un espejo.

 —Fíjese joven, de la nada perdimos a nuestros hijos, con lo bueno que eran ellos—fueron las palabras de ella—yo veía cuando ellos, cuando “esos hombres” hacían sus cosas en la calle, los vi tirar cuerpos en medio de la noche, y me dije: mientras no se metan con los míos, no importa, y ya ve, ahora me los mataron—con voz apagada, me contaba ella.

 Lo normal, es morir si una bala te encuentra fuera de casa, lo anormal, es morir de muerte natural. Desde luego que estas historias parecen ya no asombrarnos, pero me intriga todos los días el mundo de los niños, que es lo que ellos perciben, que historias nos van a contar, que es lo que ellos van a escribir.

 —Anoche soñé que unos narcos, se estaba peleando con los de la ONU—dice el niño—yo, quiero ser de los malos, porque ellos tienen mucho dinero—agrega.

 — ¿No quieres ser médico o bombero?—me atreví a preguntar

 —Acaso estás loco—contesto el niño.

— ¿Te parece una locura?—volví a preguntar.

 —No, no es una locura, lo que te pasa es que eres un tonto—dijo el niño—sigue soñando y no me molestes más—agrego.

 Otro día la muerte, aunque espero que alguien me la cuente diferente. Murió por una infección estomacal, por ejemplo o murió ahogado en el placer sexual que le brindaba su amante y no un murió intoxicado por balas extraviadas.

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La filosofía cayó en manos de la gente de “Star Trek”

15/05/11

PorUmberto Eco, ESCRITOR Y FILOSOFO ITALIANO

El 6 de abril el diario italiano La Repubblica publicó un artículo acerca del reciente libro de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow The Grand Design . Un pasaje del libro afirma que “la filosofía está muerta”. Y continúa: “La filosofía no se ha mantenido a la par con los avances modernos en la ciencia, y en particular la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento”. La muerte de la filosofía ha sido anunciada muchas veces antes, y eso no fue causa de alarma . No obstante, viniendo de un genio como Hawking, parecía ser una afirmación muy tonta . Para asegurarme de que La Repubblica no lo había citado equivocadamente, salí y compré el libro, y al leerlo confirmé mis sospechas. En los créditos del libro se indica que fue escrito por dos autores. Pero en el caso de Hawkins el “por” es un término dolorosamente metafórico, porque sus miembros no responden a las órdenes de su cerebro excepcional . Por tanto, el libro es básicamente una obra del segundo autor, Mlodinow, a quien la portada describe como un excelente autor que escribe versiones populares de temas científicos y creador de varios de los episodios de “Viaje a las estrellas” . (Hay una sugerencia de “Star Trek” en las hermosas ilustraciones del libro, que parecen haber sido concebidas para enciclopedias infantiles de épocas pasadas: son plenas de colores y fascinantes, pero no explican en absoluto las complejas teorías físico-matemáticas-cosmológicas que deberían ilustrar). Quizá no fue prudente confiar el destino de la filosofía a personajes de una serie de ciencia ficción. The Grand Design se inicia con la declaración perentoria de que la filosofía nada tiene ya que enseñarnos y que sólo la física puede explicar: (1) cómo comprender el mundo que nos rodea; (2) la naturaleza de la realidad; (3) si el Universo necesita tener un creador; (4) por qué hay algo en lugar de nada; (5) por qué existimos; y (6) por qué existe este juego específico de leyes. Estas son preguntas típicas en la filosofía , pero el libro muestra cómo la física puede responder los últimos cuatro interrogantes que parecen ser los más filosóficos de todos. El único obstáculo es que, antes de que uno pueda intentar contestar las últimas cuatro preguntas, es necesario tener la respuesta para las dos primeras. En otras palabras, ¿qué significa decir que algo es real y que conocemos el mundo exactamente como es? Quizá usted recuerde preguntas como éstas de la escuela secundaria o de un curso universitario de filosofía: ¿Sabemos por qué la mente se adapta a la cosa? ¿Hay algo fuera de nosotros o, como dice Hilary Putnam, de la cátedra de Filosofía de Harvard, somos cerebros en un recipiente? Y bien, las respuestas fundamentales que ofrece este libro son típicamente filosóficas, y si esas respuestas filosóficas no existieran, incluso un físico no sabría decir qué es lo que sabe o por qué. De hecho, Hawkins y Mlodinow hablan de realismo modelo-dependiente; en otras palabras, asumen que no hay un concepto de realidad independiente de descripciones o teorías. De forma que teorías diferentes pueden describir el mismo fenómeno de manera satisfactoria mediante estructuras conceptuales diversas; en consecuencia, todo lo que podemos percibir, saber y decir acerca de la realidad depende de la interacción entre nuestros modelos y el “algo” que existe fuera de nosotros, que conocemos gracias a los órganos de percepción y al cerebro. Lectores más suspicaces quizá hayan detectado el fantasma de Immanuel Kant en el argumento del libro . Los autores proponen lo que es conocido por algunos filósofos como holismo y por otros, como realismo interno. Todo esto no es un asunto de descubrimientos físicos sino de supuestos filosóficos , que sostienen y legitiman la investigación de los físicos. Y si los físicos son buenos en su trabajo, no pueden evitar plantear el problema de los cimientos filosóficos de sus propios métodos . Esto es algo que ya sabíamos, tal como estábamos familiarizados con la revelación del libro (evidentemente obra de Mlodinow y la tripulación de la nave Enterprise) acerca de que en la Antigüedad la gente atribuía los desastres naturales a un Olimpo de divinidades maliciosas. Cielo santo y por Júpiter.

Copyright Umberto Eco / L’Espresso, 2011.

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Los 10 pasos para convertirse en joven promesa literaria, por Manuel Astur González

Por Manuel Astur González | Crónicas | 11.05.11

Cómo convertirte en una joven promesa de la literatura, sin tener idea de escribir ni nada que contar, en 10 sencillos pasos.

 

1. Menos es más. Ya sabemos que tus limitaciones son enormes pero no te preocupes; haz de ellas tu mayor virtud y sácales jugo. Es todo cuestión de tener la cara muy dura y un par de huevos. Todo vale mientras digas que ha sido intencionado.

Ejemplos:

¿No tienes vocabulario? Repite palabras hasta el hartazgo. El Mundo es un aburrimiento y tú no eres más que un mero reflejo de un tiempo y un momento.

¿Te cuesta la de Dios escribir frases subordinadas o mínimamente complejas? Perfecto, frases cortas y a correr millas: lo que pasa es que tienes un estilo nervioso, tenso y muy directo: no te andas con tonterías.

¿Careces de la más mínima empatía y tus personajes son más planos que tu iPad? Te cagas en la novela psicológica; tus personajes son iconos de esta sociedad superficial en la que vivimos.

Además ten en cuenta que la mayoría de lectores jóvenes tienen las mismas limitaciones que tú y creen descubrir América (o cualquier escuela literaria) en cada vaso de agua, pues están desesperados por encontrar referentes generacionales fáciles. Así que por fin hallarán a “alguien que habla como ellos, sin pedanterías”, “una voz amiga”, “alguien sincero”.

2. Tú eres tu mejor tema. No te devanes los sesos con tonterías. Tú escribe páginas y páginas sin saber ni de lo que hablas y tus propias carencias intelectuales pondrán de manifiesto los dos o tres temas que te interesan por pura repetición. Eso sí, mete las palabras “muerte”, “fin del Mundo” , “locura” y alguna escena de sexo explícito de vez en cuando para redondear.

3. Hitstoria. Esto es aún más sencillo. El resumen de la historia tiene que ser en un buen estado de facebook, de esos con muchos “me gusta”.

Ejemplos:

“Un chico se droga, folla y come kebabs de madrugada y está muy enfadado con el Mundo porque sus padres le han educado para ser consumista pero no para ser feliz”. (Ojo, la palabra “follar” y alguna queja sobre tus padres atraerán a manadas de malcriados como tú).

“Una chica muy puta pero de gran vida interior y tendente a la bipolaridad se dedica a comer pollas y a hacerse fotos con cara de colocada en los baños de las discotecas porque no encuentra sentido a la vida”. (Buf, buf, “bipolaridad”, nunca tanta idiotez y egoísmo se había justificado en una sola palabra, a tus lectoras más tontas les encantará tu gran empatía).

“Un gordo freak se pasa las noches viendo porno, hablando en chats sobe cine raro y leyendo cómics y libros de Cioran porque es un puto genio incomprendido”. (Toma realismo social:  cualquier gordo freak se cree un genio, qué astuto eres).

4. Principio de modernidad. Mete muchas cosas de rabiosa actualidad, aunque no vengan a cuento ni estén justificadas: conversaciones de gmail, nuggets del McDonalds, Spotify, Facebook, Blogs, Formspring, sms, la última mierda de Apple, la droga de moda, ese grupejo de música electrónica que viste en directo en el Primavera Sound. Probablemente dentro de unos años dará mucha risa pero para entonces tú ya te habrás forrado, tranquilo.

5. El lenguaje del pueblo. ¿Desde cuándo se supone que un escritor ha de escribir y hablar mejor que el pueblo? ¿A qué fin tanta pedantería? Tú eres un fiel reflejo de la juventud y tienes que hablar igual (de mal) que ellos. Exagera mucho, como si fuera un capítulo de Física o Química y mete jerga de la peor calaña  y tacos fuera de lugar. Eso sí, de vez en cuando introduce alguna palabra muy compleja (de las de diccionario) y alguna muy profunda (de las de los poemas). Los anglicismos ahora están muy de moda, what the fuck, aprovéchalo.

Ejemplos:

Se me va mazo la pinza. La otra noche soñé que era un abismo, un fucking agujero de bala en mi cerebelo. (Tu-tu chás! muerte!).

El dolor insondable que supone esta poliédrica vida me toca los cojones. (Toma ya; una palabra compleja, una profunda y un taco en la misma frase, eres grande).

También esto dentro de unos años dará mucha grima leerlo, pero qué coño: los cuarentones se mueren de vergüenza viendo sus fotos de los ochenta y bien que se forró el que puso de moda el pelo cardado y las hombreras gigantes.

Ten en cuenta que los puntos 4 y 5 darán a entender que eres muy joven y actual, por lo tanto, podrás llamar viejo y pasado de moda a cualquier crítico al que se le ocurra poner mal tu obra, acusación que aterroriza al más plantado, y a la vez, hará que muchos carcas pasados que quieran ir de actuales hablen bien de ti. Menudo chollo.

6. Citas y maestros. A ver, se supone que eres escritor y has leído muchísimo. Así que cómprate unos libros de Vila-Matas y fusila todas sus citas. En serio, es genial, es algo así como esos libros de Las 1001 canciones que tienes que escuchar antes de morir pero en culto y poético. Super práctico. Además puedes sacarlas de contexto a placer, nadie va a buscar el sentido original.

Ejemplos:

Yo, al igual que Allen Gisnberg, quería follarme a mi profesor. (Poner versos totalmente sacados de contexto en boca de sus autores es todo un chollo).

Mientras entraba por la puerta de la discoteca mi cerebro acelerado por la cocaína pensaba eso que dijo Baudelaire de que hay que ser absolutamente moderno. (Perfecto, aplicar el moderno de Baudelaire al “modernillo” de hoy en día).

También se supone que tienes que tener un maestro, alguien que te haya inspirado. Pero claro, los que realmente has leído, como Paul Auster, Murakami, Bolaño o Houellebecq, no valen: son demasiado famosos, tú necesitas un terreno casi virgen para plantar tu bandera. La historia de la literatura está llena de escritores supuestamente buenos de los que no se acuerda ni su madre. Elige el que más te guste y encúmbralo. Eso sí, piensa que alguno de tus lectores, como mucho, quizá ponga su nombre en la Wikipedia, así que elige teniendo en cuenta estos puntos: a) biografía turbulenta y llena de lagunas (así podrás inventarte lo que quieras); b) dificultad para conseguir sus textos; c) dificultad para, una vez encontrados, poder entenderlos y/o soportarlos; d) que esté muerto y olvidado (no vaya a ser que le dé por defenderse). Tú serás su mesías y quedarás como una persona que ha leído más y mejor que los demás.

Ejemplo:

Estoy caminando por Nápoles y pienso en mi maestro Juan Rodolfo Wilcock y en los infinitos días que pasó en esta ciudad esperando una fama que nunca le llegó. Yo soy Wilcock, todos somos unos jodidos Wilcock. (Venga, meted en Wikipedia su nombre).

7. Tú eres tu mejor obra. Y, por lo tanto, tu aspecto tiene que ser un buen escaparate. Nada más fácil: como Pajares y Esteso con las suecas pero en versión 2.0. Si eres chica y estás muy buena estropeate un poco; el lápiz de ojos corrido, las uñas mal pintadas de rojo, ojeras, despeinada, como si acabaras de salir del peor after de España desorientada y sin bragas. Si por el contrario no vales ni un duro da a entender sutilmente que en la cama eres una auténtica zorra loca e imprevisible: ropa negra, gran escote, fotos medio en pelotas, sangrando por la nariz, tatuajes en las tetas, esas cosas que ponen palote a los editores y a los lectores y hacen que las mujeres te odien. Si eres chico mejor que seas feo ya que en el inconsciente colectivo los inteligentes han desarrollado su cerebro por su falta de vida sexual. Si, por desgracia, estás muy bueno, disimúlalo, como si no fuera contigo, ni te habías dado cuenta, y conviértete en “alguien atractivo”.

8. Eres un gran tag. Esto es más viejo que Eurovisión pero sigue funcionando, más aún hoy en día gracias a internet. Que hablen de ti, muy mal o muy bien, pero que hablen. Fomenta la polémica a toda costa. Para gustos colores e incluso el mayor capullo si insiste y tiene “actitud” encontrará seguidores.

Tu nombre tiene que ir siempre asociado a una serie de palabras y conceptos; sé el más joven, el más polémico, el más nuevo, el más guarro, sea lo que sea el más, siempre. Los periodistas no tiene mucho tiempo para pensar y ser críticos y si estás siempre rondando por sus cabecitas ten por seguro que te citarán encantados.

Además hay que tener en cuenta que hasta el último idiota que tiene un blog lo que quiere es tener visitas, ser leído, y si tu nombre le garantiza un número elevado de ellas estará encantado de escribir sobre ti. Es así de simple. Insultar o alabar a un don nadie no tiene sentido.

Ejemplo:

Ray Loriga es mierda (10 visitas, fracaso).

Fernandez-Mallo es tonto y feo (1000 visitas, bien).

Pola Oloixarac no me termina de convencer pero bien a gusto me la follaría (10.000 visitas, la hostia).

9. Busca secuaces. Para todo roto hay un descosido y si adquieres popularidad te saldrán miles de amigos. Escoge con cabeza. Siempre está bien un amigo muy gracioso pero mucho peor escritor que tú (no vaya a querer suplantarte), una chica alocada con serios trastornos de personalidad, alguna fotógrafa sexy que tome testimonio de vuestra alocada vida, algún poeta infumable e, importante, un crítico literario que quiera medrar. Defendeos aunque nadie os ataque, no hay mejor modo de llamar la atención y crear polémica. Recuerda siempre que una gilipollez, si es colectiva, no es gilipollez sino Movimiento.

10. Hommo Irónicus. Por fortuna para ti, en la actualidad la cobardía, la ignorancia, la tontería o el puro mal gusto pueden resguardarse en la trinchera de la ironía. Tenla siempre a mano, te sacará de más de un aprieto al mismo tiempo que hará ver que eres una persona muy inteligente.

Ejemplos:

Escribes como el puto culo. – Qué quieres, me he pasado la mitad de la vida jugando a la videoconsola y la otra mitad follando.

¿Cómo llevas las malas críticas? – Cada vez que leo una me corto un dedo de la mano y juro ante Dios intentar ser mejor escritor.

Manuel Astur, este texto es una auténtica basura. – Ya ves, viejuno, es que yo también soy joven, polémico y moderno (Dios, pero qué clase tengo…).

Manuel Astur González
www.manuelastur.wordpress.com

(Nota: Todas las imágenes son de Dominio Público o de autoría desconocida)

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Enrique Krauze y Christopher sobre Sicilia. Dos textos que hay que leer cuidadosamente. Sirven para pensar. (Hoy, en Reforma)

Javier Sicilia y su causa

Christopher Domínguez Michael

15 May. 11

Cuando me enteré del asesinato de Juan Francisco Sicilia Ortega, al estremecimiento se sumó, casi de inmediato, mi certidumbre de que el poeta Javier Sicilia iba a mover cielo y tierra para que el sacrificio de su hijo tuviera un significado reparador situado más allá del dolor de una familia. Para quien conozca a Sicilia, como yo, desde hace tantísimos años, no era difícil llegar a esa conclusión. Y encontré, también, una tragedia incrustada en la tragedia que nada tiene que ver con la barbaridad repetida de buena fe que ha otorgado al sufrimiento de un poeta algún grado de superioridad, estética o moral, sobre el dolor del prójimo.

Se trataba de otra cosa: la muerte del hijo en el contexto de una guerra civil entre cárteles de la droga que el Estado no logra detener, obligaba al padre a tomar decisiones públicas consecuentes con su propia biografía. La extrema impunidad delictiva en que ocurrieron los asesinatos de Temixco se concatenaba, dramáticamente, con las causas antes defendidas por Sicilia, personalista, comunitarista y ecologista cristiano, un aliado de los zapatistas proveniente no de la Teología de la Liberación y de su espada, sino de la no violencia de Gandhi, Lanza del Vasto y Teresa de Calcuta.

Por su propia naturaleza espiritual, además, la obra literaria de Sicilia ya era profética desde su primer libro de poesía al último (entre Permanencia en los puertos de 1982 y el polémico Tríptico del desierto) y no es extraño, por ello, que sus nuevos, imprevistos lectores, los que antes del 28 de marzo de 2011 nunca lo habían leído, descubran claves de lo que ocurrió en sus poemas y en sus novelas (El bautista, El reflejo de lo oscuro, Viajeros en la noche), pues el testimonio de una fe suele aparecer, al declinarse en tiempo futuro, como una revelación.

Pero que Sicilia sea un poeta no lo hace un vidente ni tampoco lo convierte en un ingenuo. Las decisiones que ha tomado, en su mayoría atinadas, corresponden a una idea política que preexistía en él antes del asesinato de su hijo. Aquí hay mucha materia para disentir, al menos para mí, desde la supresión de los partidos propuesta por Simone Weil en la Francia de 1942, que Sicilia recupera, hasta algo más profundo, en lo que me concentraré.

Hace suya Sicilia una noción muy cara a la izquierda (no puedo sino generalizar) que viene de la Ilustración más que del cristianismo y para la cual el hombre es intrínsecamente bueno siendo la vida en sociedad su corruptora. Si Sicilia y muchos de quienes lo acompañan no colocan a los narcotraficantes y a sus crímenes en la primera fila de la responsabilidad, como otros quisiéramos, es porque los consideran, a ellos y a sus actos, la consecuencia, a la vez aberrante y lógica, de una sociedad oprobiosa e injusta. De cierta manera, según esta óptica, ellos son moralmente irresponsables y la cuenta final de sus actos debe pagarla el Estado, que los educó mal y es quien representa fatalmente a la violencia y al dinero. Y, como es natural, un Estado tan corrompido y omiso como lo es el mexicano en sus tres niveles y a lo largo de toda la federación, se convierte en el deudor perfecto.

De esta idea, que busca el destello luminoso de lo humano aun en el peor de los criminales (la expresión es del doctor Johnson y no de Sicilia), algunos nos apartamos, ya sea porque somos liberales o porque somos conservadores o porque tiende, simplemente, a igualar a todas los muertos. No, para mí no es lo mismo un inocente que un sicario, sean cuales sean las razones que lo condujeron al crimen. Me resisto a que víctimas y verdugos compartan una misma sepultura en nombre de una abstracción llamada México. Pero por ello importa mucho (y allí Sicilia tiene toda la razón) devolverle su nombre y su historia a cada uno de los muertos.

Entre quienes se han manifestado tras Sicilia hay un componente muy variado de ciudadanos. Están los jóvenes antisistema, una multitud desorganizada cuya actividad es un rito de pasaje por fuerza irritante y por fuerza saludable. No han faltado, junto a los grandes poetas, los artistas incapaces de desperdiciar una oportunidad de hacer vida mundana al aire libre.

Sicilia tendrá, empero, que elegir, tarde o temprano, entre dos polos. Uno, el de los familiares de las víctimas, a quienes Sicilia podría contribuir a organizar en una agrupación nacional, permanente y ecuménica que aminore su desamparo e impida su dispersión, obligando al Estado a compensarlos y a la sociedad a protegerlos. (Qué bueno que la señora Wallace, ofendida en la prensa por un fanático, marchó al lado de Sicilia).

En el otro extremo están no sólo los malos perdedores populistas de 2006, sino una izquierda radical que ejerce los derechos que una democracia mal reglamentada le otorga y la cual, enamoradiza, ha encontrado en Sicilia a su pasión de la temporada. Yo preferiría que el poeta los desairara en busca de un meridiano político-moral que concilie a quienes consideramos que el presidente Calderón posee toda la legitimidad para combatir al narcotráfico con quienes consideran errada la estrategia, pero están dispuestos a proponer algo serio a cambio y no sólo pacifismo histriónico y antigobiernismo ritual.

En este sentido, me puedo imaginar a Sicilia capitalizando algo de la energía social desatada hacia la lucha por la despenalización universal de las drogas. O discutiendo el papel de los consumidores en esta pesadilla, tema evadido por los profesionales de la indignación. Pero no sé qué piense él.

Insisto en que lo asombroso, lo estrujante es cómo el dolor personal, la realidad misma (para no meterse ni con el destino de los trágicos griegos ni con la divina providencia) obligó a Javier Sicilia a llevar hasta sus últimas consecuencias las doctrinas político-teológicas que profesa. Rara vez -al menos en la historia literaria de México- había caído un peso tan enorme en la espalda de un escritor.

Haga que esto dure’

Enrique Krauze

15 May. 11

La marcha que encabezó Javier Sicilia el pasado 8 de mayo me recordó un episodio del vasconcelismo. Vasconcelos volvió a México en 1929 para encabezar un vasto movimiento cuyo objetivo era desplazar del poder a los generales e instaurar un liderazgo civil, pacífico y honesto. Acabar, en una palabra, con el «México bronco». A la jornada siguiente del atropello electoral, los vasconcelistas sintieron el vacío: ¿qué hacer? Se abrían varias alternativas: fundar un partido político civilista (consejo del joven Gómez Morin), convocar a una Revolución (la opción maderista), suicidarse heroicamente (como hizo Martí) o partir al exilio (continuar la odisea del «Ulises criollo»).

Vasconcelos, como se sabe, optó por la última, y qué bueno: sin su destierro no hubiese escrito sus maravillosas memorias; pero en términos políticos, la mejor opción era la primera. El PAN hubiera nacido diez años antes, sin los pesados lastres fascistas y clericales que marcaron sus inicios. En esos días de incertidumbre, el intelectual más cercano a Vasconcelos, el licenciado Miguel Palacios Macedo, le pidió: «haga que esto dure». Vasconcelos le contestó tajante: «yo no soy Gandhi».

Vasconcelos no era Gandhi, Sicilia no es Vasconcelos, pero Sicilia, gran admirador de Gandhi, sí tiene la inspiración que se requiere para hacer que su movimiento dure. Y tiene mucho más; por ejemplo, un genuino temple religioso. Es hijo de los cambios del mundo católico a partir del Concilio Vaticano II: la prédica y práctica de Sergio Méndez Arceo, la Opción Preferencial por los Pobres, las Comunidades Eclesiales de Base. De gran importancia para él fue la obra y la presencia originalísima, renovadora y vigente, de Ivan Illich. Este ex sacerdote, filósofo del anarquismo católico, fundó CIDOC, institución liberadora que hizo converger creativamente a la religión, la filosofía y el psicoanálisis. Tengo entendido que estas corrientes intelectuales y religiosas orientan algunos libros de Sicilia así como las revistas que ha dirigido (primero Ixtus, ahora Conspiratio). Estas publicaciones han puesto hogar a la conversación entre la fe, la historia y la filosofía. En el mismo sentido, no es casual que Sicilia sea un editorialista regular en Proceso, semanario marcado por el mismo catolicismo social y progresista. Y no deja de ser significativo que la Meca de toda esa corriente espiritual fuese la ciudad de Cuernavaca, epicentro de la vida de Javier. De su vida y de su tragedia.

«Haga que esto dure». ¿Qué significa hoy este llamado para Javier Sicilia? Formalizar su organización cívica. Integrar en ella a los mexicanos que comparten directamente su pena (por haber sido ellos también víctimas del crimen) y a representantes independientes y plurales de la sociedad civil. Elegir un nombre adecuado, buscar el financiamiento (hasta por colecta pública), trabajar en dos sentidos -uno social, otro intelectual- para encarar, de abajo a arriba, lo que Sicilia ha llamado «la emergencia nacional».

En la primera vía, aunque no será candidato en el 2012 ni probablemente nunca, Sicilia no puede esquivar la significación social de su liderazgo. Su biografía y su legitimidad lo colocan en una buena posición para encauzar la iniciativa social contra el crimen en el país. Su perfil recuerda al Doctor Salvador Nava, que tras sufrir tortura por parte de las fuerzas de seguridad, orientó a los potosinos hacia el cambio democrático y fue -con su marcha estoica antes de su muerte- un personaje clave en la transición nacional. Ayer la prioridad fue la democracia; hoy es la seguridad, la sobrevivencia.

La segunda vía consiste en proponer ideas. Ideas, no rollos autocomplacientes, confusos, vindicativos, militantes, retóricos, dogmáticos. Ideas, no puños cerrados ni pancartas fáciles ni simples exclamaciones de hartazgo u odio. Penosamente, las ideas han faltado en el debate nacional sobre el crimen. Se requieren ideas concretas y prácticas, por ejemplo, en torno al seguimiento de los flujos financieros ilícitos, a las reformas del sistema jurídico y policial, al sistema penitenciario. Y se requiere también una reflexión de orden filosófico, en un sentido amplio. La brutal aparición (reaparición, diría un historiador que haya leído Los bandidos de Río Frío) del crimen organizado nos mantiene en un estado de shock que nos ha impedido pensar con claridad. Hay que responder preguntas clave: ¿cuáles son las raíces históricas de este problema?, ¿hasta qué punto ha sido un lastre nuestra concepción misma de justicia?, ¿qué consecuencias tendría la legalización de la droga?, ¿es posible imprimir un cambio drástico y arriesgado a nuestra relación bilateral con Estados Unidos para que el ciudadano común de aquel país advierta el daño brutal que sus vicios, su legislación, su inercia, su hipocresía y sus redes criminales, están causando en el nuestro?

El discurso de Sicilia en el Zócalo (reproducido por Proceso, ese mismo día) es un diagnóstico puntual de nuestra situación y un llamado moral estremecedor. Gandhi, pensador, político y profeta, no lo habría hecho mejor. El documento «Por un México en paz, con justicia y dignidad» contiene exigencias mínimas y compromisos que tocan temas mucho más amplios (económicos, educativos, sociales, mediáticos) para enfilarnos al rescate integral de nuestra casa común. El debate serio sobre estos temas (sin el dogmatismo y la politización que suele rodearlos) daría un seguimiento magnífico a la jornada del 8 de mayo. Pero cualquiera que sean los planteamientos, no podemos darnos el lujo de un pacifismo ingenuo y contraproducente. Sicilia tiene toda la razón en señalar que la «podredumbre» proviene de los tiempos del PRI. Tiene razón en responsabilizar a este gobierno de imprevisión e ineficacia. Y tiene razón en señalar que la Ley de Seguridad Nacional «no puede reducirse a un asunto militar». Pero en su fuero interno Sicilia no ignora, no puede ignorar, la irreductible maldad de los criminales. Y a ellos, pienso, no se les encara sino con la fuerza y la ley. Ésa es quizá la primera pregunta que debe contestar su fina y desgarrada conciencia religiosa: ¿cómo tratar con los asesinos de su hijo? La sociedad, necesitada de luz, esperanza y claridad, aguarda su respuesta. No se cuál será, pero le pido: haz que esto dure.

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