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Archive for 5 junio 2010

Que importa

Casi siempre estamos pensando en la fechas, así como en la primera vez de algo y vamos guardando todos esos datos en una agenda que nunca más volveremos a tocar.  El primer libro, el primer beso, el primer amor y la primera desilusión. Los primeros en todo. Y con el tiempo nos perdemos de todo y de todos.

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Sueños

 

Las musas son la ocasión perfecta para contar una historia. Todos los días me pregunto a que te atreves tú. Sí los sueños no fueran tan perfectos, te pediría que fueras mi amante. Pero los sueños son eso, una parte de nuestra irrealidad y sin embargo sin ellos somos poco menos que nada, somos inexistentes. Lo que nos gusta es amar a lo imposible a todo lo que no podemos ver y quizá eso sea porque idealizamos, idealizamos una sonrisa, un sueño, un ser perfecto, una vida única. Quizá ninguno de los dos esta preparado para tener un amante, quizá las cosas son siempre mejor así, estar discapacitados ante esa posibilidad.

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Vida normal…

Por un segundo pasan en mi cabeza tantas cosas, una de ellas, la que más se repite es la posible historia, la que se me escapa todos los días porque algo ocurre, no importa en realidad lo que ocurra, es decir, no importa si todas las noches el golpeteo de las balas no te deja dormir o si por un instante entre todos los instantes nocturnos te agrede el dolor, ya sea el dolor provocado por una gastritis aguda o una de las muelas que se niega a ocupar un lugar que hasta hace poco se encontraba vacío. No importa. Lo que importa es que la historia se escapa y casi siempre uno dice que desea tiempo, tiempo para no decir que estas frustrado porque la historia no fluye o porque todo lo que haces se pierde en los tiempos inmemorables y entonces crees que cuando sales a la calle todo es garrapatear historias, todo te parece imprescindible, único, digno de contarse. Y nada es cierto. Es en esos momento que uno desea normal, si es que se le puede llamar al mundo que se pretende, y es cuando quiere hacer las cosas, inventarse un trabajo, pero no uno de oficina de ocho horas y que después de un tiempo puedas salir a la calle a tomarte un café o ir al cine, sino a ese tiempo de seres normales, donde te puedas sentar a gusto y escribir incontables historias, o al menos una de ellas. Lo cierto es que cada día admiro y respeto más a Jorge Luis Borges por su paciencia y precisión para construir frases únicas que casi tocan la perfección, sino es que más de tres tocaron dicha perfección y fueron capaz de tocar las fibras más sensibles de mi ser y me dieron pautas para pensar en historias que nunca terminan, para mí eso es la literatura, eso, que después de leer una entienda que existen mundos interesantes, donde la historia inconclusa, puede ser también contada, y uno tiene que buscar su voz, su cadencia y ritmo, su tono para ser capaz de contar pues de otra forma no se ejerce el derecho de llamarse escritor. Eso es lo que me pasa a veces, es decir quiero ser un ser normal, como lo fueron Borges o Kafka u otros grandes maestros de la literatura. Lo cierto es que más que escribir, tengo que leer, aprovechar el tiempo, descubrir todo lo que parece oculto a mis pasiones diarias, ser normal y trabajar durante el día más de ocho horas, más de todos los días, en esta tarea llamada letras, aunque eso suene imposible. Cada historia debe ser capaz de arrancarme un suspiro y preguntarme como la habría escrito y hacerlo, solo así voy a llegar a donde en realidad deseo, creo que es el camino. Después de todo esto no es nada. Confesiones, quizá. Las historias se me escapan a diario, creo que es tiempo de ir anotando todas las posibilidades en un diario exclusivo al que puedo llamar, posibles historias, ahora el problema es ganarle a mis costumbres y ser una persona disciplinada. Imposible no es. No apelo a la suerte, ni pido una dósis extra de tiempo. No creo en el destino, pienso que la tarea por hacer es algo que en verdad me hace sentir vivo, así que porque no invertir un poco más de tiempo y dejar de quejarme sino duermo o quejarme por si me duiele algo, la tarea consiste en trabajar, renunciar a lo que se hace es siempre lo más fácil, pero seguir adelante es el reto y creo que casi todo el mundo lo hace. Un día me despierto y creo que estoy perdiendo la vida, me desespero, estoy en ese instante a punto de hacer cualquier tontería, pues no le veo sentido a la vida y a nada de lo que hago, pienso que el mundo no es para mí y que si las cosas siguen como hasta ahora, llegara el momento en que no pueda controlar mis demonios y todo se terminara en la basura, creo no tener historias y entonces me acuerdo: me acuerdo de la chica desconocida que me encontré dos veces en dos ciudades desconocidas. Me acuerdo de las cartas que me encontré en una maleta que vendían en un mercado de cosas usadas y que no tuve más remedio que comprar la maleta si quería ser dueño de las cartas, me acuerdo de los amores crueles y de las traiciones que me llevaron hasta donde estoy ahora, me acuerdo de la primera vez que me encontré un libro, si un libro tirado en la basura y que fue mi primera lectura completa y quizá no entendida del todo porque tenía poco menos de ocho años y ese libro, me acuerdo que era el Quijote de la mancha y lo leí porque el escritor tenía el mismo apellido que yo, me acuerdo del primer beso que a los cinco años le di a una niña inquieta que no me quiso volver a besar cuando ya tenía yo diez y seis y que ella a los veinte murió dejando tres hijos a la deriva, me acuerdo del canto de mi abuelo cuando acarreaba su cosecha y se dormía en la carreta y sus bueyes sabían como llegar a casa sin que nadie les dijera nada, me acuerdo del día que murió ese mismo abuelo, me acuerdo del aborto y del padre que nunca tuve y del padre que siempre estuvo a mi lado, me acuerdo de las clases de escritores y me acuerdo de los escritores que nos dieron su tiempo y de lo único que no me acuerdo es de escribir todo eso.

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Los gatos

De noche me dan miedo.

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