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Archive for 21 abril 2010

Carta (mail) a Pablo

El tema de la novela, va lento, aunque avanzo con lo que me he propuesto. Quizá sea una buena idea enviar algo de lo que llevo, pero soy ambicioso y prefiero enviar cuando ya tenga al menos el borrador, en este oficio no me he atrevido a llegar más allá del borrador y eso como tú y yo sabemos es lo que hace la diferencia. Si no se trabaja en el oficio, uno no puede llamarse escritor, igual y si, pero hace falta el trabajo para que una historia tenga forma. Quizá algunos escriben de primera intención y logran obras maestras, pero yo no soy esos personajes.

Eso del toque de queda, ya es una moda. Hace unos días releí a Juan Rulfo, no hay muchas obras que leer de él como ambos sabemos (de nuevo remarcar lo que ambos sabemos en menos de dos líneas, me lleva la chingada), el caso de la relectura en donde va implícito lo del placer, es que me encontré con nuevas cosas y no solo nuevas, sino que agradables.  Pero te hablaba de los toques de queda. Pedro Páramo estableció un toque de queda en Comala, porque sus habitantes, los muy hijos de la chingada, les importa un carajo la muerte de doña Susana San Juan. Es lo que pasa en muchas ciudades. Los vieron venir, pero no les importo, coquetearon con ellos, cuando aún eran unos cuantos, les dieron  a sus mujeres, procrearon hijos con ellos y después se volvió una raza indeseable. Todo iba bien hasta que unos con otros empezaron a ser seducidos por el poder y entonces sus ambiciones traicionaron todo principio de convivencia. No es la guerra con el gobierno, es su necesidad de poder lo que los llevo a colgar de bajo de los puentes, como si fueran piñatas a los que les vale madre su presencia.

Sin duda ese toque de queda, le mete miedo a todo mundo y los que menos tienen, se refugian en sus casas y ni como salir por un refresco, ya aquello de buscar un Ginger ale o pensar en una botella de JB no solo constituye un exceso, sino que ni siquiera pasa por su cabeza. Tenemos toque de queda para todos los gustos. Sin embargo no para los enfermos y si al médico le hablan a la una de la mañana para realizar algún estudio, tiene que dejar la cama, cagarse de miedo y salir a la calle. La calle no esta del todo sola. Te encuentras a uno que otro taquero, que dice vender  los mejores tacos del Golfo y uno pienso sino se trata de un mensaje oculto, es decir, claves que solo los malos, los narcos y los sicarios entienden. La verdad es que no lo creo, pero bueno, te encuentras todo tipo de cosas, por ejemplo un grupo de taxistas que cambian una llanta ponchado, un grupo de borrachos que se atrevieron a salir y compran cervezas en el Oxxo más cercano.  Toque de queda existe por supuesto, pero no impuesto por el gobierno, así que puedes salir, si eres de los malos o si eres de los que tienes necesidad o de los aventados, no importa de que bando seas, lo mejor es que sales.

Seguro que un día va a terminar todo esto, a no ser que la profecía de los mayas se cumpla y entonces toda esta guerra y esta lucha por el poder no tendrán sentido, junto con eso me pregunto si estos cabrones agentes del mal (que mamón se escucha), no tienen conexión síquica con los mayas o con alguien que les diga cuando será el fin de todo: el fin del mundo, el fin de la guerra entre malos, el fin de la guerra del gobierno con los malos, el fin de lo malo por lo malo y sobre todo el fin de todos los fines, seguro que algo saben y por eso pretenden tener todo el control de negocios ilícitos.

Esta aquello de si legalizamos el consumo de la marihuana. Seguro podemos legalizar todo lo que se nos ocurra, pero siempre tendremos algo que no este legalizado y que interese a todo mundo y entonces se sigue el juego, porque lo importante no es vivir en un mundo mejor, sino dotar a este mundo de maldad, sino que aburrido.

Estar en una sola pieza me gusta, aunque a veces quiero partir, no en dos ni en tres, solo partirme y hacer tantas cosas, pero eso no siempre es la mejor de las ideas. Te decía de Pedro Páramo y de cómo se vengo de Comala. Así pasa en estas ciudades, dejaron morir los amores de los malos y ahora se están vengando, sin embargo, si los pueblos les dieran trecientos hombres y mil pesos para los gastos de cada uno, quizá no entrarían al pueblo y los dejarían andar libres en sus calles, eso si saboreando una botella de JB y pensando en como solucionar los problemas inmediatos. Yo estaría pendiente de inventar alguna historia (como si todo fuera fácil, aunque en el fondo lo es).

Sin duda me voy acostumbrando a muchas cosas: a no salir de casa (esa es mentira), a estar todo el día conectado y checar que escriben algunos amigos en sus blogs o el en face, o sopear una paleta de limón en un buen trago de JB y sobre todo me voy acostumbrando a vivir con la palabra narcos en la boca, Dios nos libre de ellos, no importa que sea ateo (yo soy el ateo, no Dios). También tendré que acostumbrarme a los lentes así como a imaginar las lindas piernas de Aihnoa o como se escriba.

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Las harpías

Cuando aún era niño, creía que era un semidiós, y mis hermanas me decían: ¿y por eso ya te crees mucho? Creía tantas cosas y cuando estaba feliz me daba por contar historias, historias que a la gente le parecía una ensarta de mentiras. En eso de sentirme un semidiós, no estoy del todo mal, la gente así siente, se creen hijos de un Dios, y veneran a sus madres terrenales, eso precisamente es la definición de lo que yo sentía de niño. Aquello de que mis historias parecieran mentiras, creo que era de lo más normal, en un mundo limitado, geográficamente y culturalmente, no tienes más opción que inventar.

Sigo contando historias y supongo que a muchos les siguen pareciendo mentiras, aunque la diferencia es que ahora no me dicen mentiroso. Con el tiempo me gusto la idea de ser un fauno, de perseguir ninfas y contarles mis historias, era el fauno el semidiós de mi preferencia. Por supuesto que todo eso se vino abajo, no es que dejara de sorprenderme o lo peor de todo, que me domesticara a los usos y costumbres de la sociedad. Lo que siempre me ha gustado es lo que hago, escribir y leer, más leer que escribir, eso quizá por razones evidentes, aunque lo evidente es oculto a nuestros ojos y uno siempre esta diciendo mentiras. Por cierto odio que me digan mentiroso.

De niño me gustaban tantas cosas, al igual que todos los niños quizá. Pero antes de los ocho años descubrí los senos de mi vecina, las piernas de la hermana de la vecina de los senos y los labios de la prima de la misma vecina, como pueden notar, todos en esa pequeña ciudad eran parientes así que no se debe descartar la idea de que ellas también fueran mis primas. Deje de jugar a ser un semidiós, lo que no hice fue dejar de contar mis locas historias, mis terribles historias llenas de mentiras, pero también empecé a jugar al doctor, al jefe de familia, al amante de esas hermanas y primas de las mismas, eran juegos llenos de placer. Algunas tías, ya no recuerdo a bien si de ellas o mías o de todos, me decían con mucho enojo, que si era yo un sátiro. Demonios, es que ellas sabían lo que era un sátiro, o se trataba de los usos y las costumbres, por cierto, la chica a la que le veía los senos, era infinitamente mayor que yo, bueno, no tan infinitamente, solo me duplicaba la edad. La hermana y las primas de estas hermanas, también tenían más que edad que yo y en su cabeza rondaban al mismo tiempo mucho mayores perversiones.

La que me gustaba en realidad no era ninguna de ellas, pero como ellas escuchaban mis historias, yo tenía la necesidad de pagarles el favor, haciendo lo que ellas deseaban. Mujeres jugando a la familia y yo era el único que siempre accedía a ser el papá en dichos juegos, los otros niños, preferían jugar a las canicas e incluso a comer mocos. Ella la que me gustaba, era mi prima, una verdadera prima, hija de una tía, la tía hermana de mi madre y todas esas cosas, ella, la que me gustaba era de mi edad y tenía unos labios hermosos, con el tiempo perdió la frescura de los labios y su aliento era más bien provocador, aliento de mujer inquieta, casi con el aire de ninfa.

Nos descubrieron debajo de la cama. Nos fue mal, yo sin ropa y ella con su primer corpiño, por supuesto que no teníamos maldad en nuestro juego, ella deseaba enseñarme como le quedaba su primer corpiño y yo, yo como siempre intentaba contarle una historia de un primer corpiño de una amiga distante. Nadie nos creyó.

Mucho tiempo después de aquella experiencia, me fui del país, mi vida parecía no tener sentido en estos lugares y había dejado de contar historias. Mi prima se caso, trajo al mundo un par de hijos y nos perdimos en un especie de olvido inconciente. Mi prima y yo, como el único recuerdo real de la infancia y mis mentiras. Pero como todo en esta vida cambia y con el cambio, surgen cosas mágicas, pues a mí también me paso. Regrese al país, a este país, claro que mi prima no me esperaba en el aeropuerto y su marido tampoco estaba dispuesto a compartirla, aunque su marido si estaba dispuesto a que ella, mi prima, lo compartiera. Así que un día fue descubierto y pasaron todas esas cosas que medio mundo ya sabe, el divorcio, las pensiones, el cuidado de los hijos, la separación de bienes y lo mejor de todo las maldiciones disfrazadas en bendiciones: ojala que te vaya muy bien y entre dientes: y te mueras pronto, perra, perro, desgraciado, inútil, pinché, te odio, mira que llevarte todos mis ahorros, y de nuevo la voz, esa voz que han escuchado durante mucho tiempo, esa voz que pregunta: ¿y si nos casamos de nuevo?, y si mejor aquí la dejamos cabrón, y de nuevo el dialogo entre dientes: inútil, vete con ella, te amo.

Así fue como me reencontré con mi prima, después de muchos años y en medio del dolor. Y como las cosas misteriosas y mágicas nunca dejan de ocurrir y como todo lo que se cuenta puede ser mentira, un día sonó el teléfono en medio de la noche y no quería contestar, seguro se trataba de algún cobrador a los que el banco les vende tu deuda y que tienen la gracia de llamarte en el único instante del día en que duermes. Contesté enojado.

—Carlos eres tú —pregunto una voz desconocida.

—Carlos no se encuentra, salio de viaje y no se cuando regrese —dije con voz segura.

—Soy yo Carlos, tu prima Carla.

Lo de los nombres es un capricho de nuestras madres para venerar al abuelo, todos en la familia llevan en sus nombres un Carlos o Carla en los casos de las mujeres. Como si no hubiera más nombres en el mundo, incluso nombres ridículos, en fin, no se trata de una mentira ni de proteger a estos personajes. Lo bueno del caso es que a las mujeres de la familia no se les ocurrió llamarnos a los hombres con el nombre de la abuela Ana.

—¿Dónde demonios estas Carla?

—Necesito verte, ¿puedo ir a tu casa? —dijo Carla.

Por supuesto que ella podía venir a mi casa las veces que quisiera, lo que me intrigaba es que tenía mi dirección, mi número de teléfono y estaba enterada de todos los pormenores de mi vida, incluyendo las mentiras.

De niño, yo me sentía un semidiós y mis hermanas siempre me decían: ¿y por eso ya te crees mucho?

Tenía claro lo que iba a pasar con Carla, por supuesto que en este punto todo lector puede creer que la historia ya se fue al traste, que he revelado desde un principio de que se trata todo esto y que le he hecho leer una historia más sin sentido y con poca diversión, quizá un escritor arrogante diría: a mí eso me vale. Pero no soy ni escritor ni arrogante, recuerden que yo me sentía un semidiós y mis vecinos me llamaban el mentiroso.

Carla llego casi de inmediato, como si al hablarme, ella estuviera en la esquina y llegar a casa le tomara el tiempo que duro lo nuestro, cuando fuimos descubiertos de bajo de la cama. Ella me decía: cuantas ganas de tener un hijo contigo. Y yo entendía muy bien a lo que ella se refería y desde ese día tenía ganas de tener un hijo con ella, claro un hijo inexistente, por aquello de los problemas que se generan en hijos entre familiares, es decir quería hacerlo con ella, empalmarnos.

¿Y por eso ya te crees mucho? Decían mis hermanas, su voz se repetía todo el tiempo en mis recuerdos.

Yo era un semidiós despojado de la única ninfa que le interesaba.

Carla llego a casa y me contó sus penas. Estaba por irse lejos del país. No tenía responsabilidades, lo que si tenía era mucho dinero para gastar. En eso de los pleitos de quien se quedo con los hijos, ella pensó que lo mejor era que se quedaran con él, con su exmarido, después de todo ella se merecía unas vacaciones largas y no tenía el orgullo tan exagerado como para pretender cuidar niños y lo mejor de todo es que le importaba un carajo lo que la gente pudiera decir, después de todo casi siempre terminan por decirle a las madres que son malas madres, por alguna razón sucede.

—Esta noche no —le dije—. No te vayas esta noche, quédate a mi lado, debemos vencer juntos a los fantasmas del pasado y ser felices para siempre.

¿y por eso ya te crees mucho? Eres un cabrón, ¿lo sabías? Las voces de mis hermanas me seguían.

—Por lo menos tienes un buen vino en casa —dijo ella—. Sabes no tengo ganas de salir.

—¿Desde cuando tomas Carla?

—Desde siempre querido.

¿y por eso ya te crees mucho?

La lleve a la cama, nos olvidamos del mundo. Ella ya no usaba un corpiño, pero estaba más hermosa que nunca.

 

¿y por eso ya te crees mucho?

—Si se callan es mejor harpías —dije en el pensamiento.

Fue lo último que escuche de mis hermanas después de callarlas.

 

¿y por eso ya te crees mucho?

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Las amantes y los celos

Siempre que alguien me diga que dos por dos son cinco, me sentiré feliz. En algún lugar escuche que todo hombre que engaña a su pareja es un hombre corrupto. Quizá, yo sea el más corrupto de todos los hombres y por supuesto, que de inmediato salta a la imaginación de cualquiera, que engaño a mi mujer. A ella siempre le digo que deseo tener una buena esposa (que lo es ella) y tres amantes estables (que lo son otras): pero que demonios significa tener tres amantes estables y sobre todo que implica.

Si soy un hombre infeliz, no quiero ni puedo tener amantes, esa es mi regla. Si la posible amante es una mujer infeliz, una mujer dolida, viuda o lo que sea que lo haga infeliz, no puede ser mi amante, y advierto que no soy exigente, es como tener un seguro o un control de la situación. Por supuesto que nadie desea ser tu amante, sobre todo cuando dices que eres un hombre casado y feliz, así que no se corre un gran peligro en ello. En cuanto a las implicaciones, la cosa se complica, es decir, si tienes una relación no buscas simplemente sexo (aja: eso me dicen algunas amigas), quiero decir con eso, que una relación es hablar, jugar, reír, hacer que alguien más te escuche (aja: me vuelven a decir mis amigas ¿y luego qué?, sigue el sexo).

Y qué pasa si un día alguien te dice: esta bien, vamos a convertirnos en amantes. Resulta que todas las historias (hablo de la potencial amante) la evocan, que todos tus sueños tienen que ver con ella y que no existe nada más importante sobre la faz de la tierra que su presencia y sus orgasmos, pero la verdad es que no me interesa nada más el sexo (aja, me vuelven a decir mis amigas: acaso te masturbas). Entonces todo es tan complicado que regresas a tu antiguas ideas de tener un perro, una casa en la playa y que Dios nos libre de pagar tarjetas de crédito y no se cuantas deudas más, y claro de las malas “mañas”. No pienso en nada en especial, tampoco en nadie, se trata de lo que creo, de lo que sueño, de mis infidelidades que tienen que ver con el pensamiento y que quizá alguna vez han llegado a ofender a mis amigos.

Mientras construyo mi historia, voy pensando en todo lo que nos rodea, voy pensando en las cosas que hago para conquistar un mundo, una acción de mis personajes y como todo en algún momento tiene que ver con mi memoria y así de la nada estoy en medio de un escenario único y soy quien mejor entiendo lo que va pasando y el escritor en potencia y le escritor consumado se convierte en su propio teatro y cuando oyes a esos escritores, sabes o entiendes o te inventas que su obra su gran obra es esa que tiene que ver con su voz y con la forma de contar lo que nos quiere contar, porque nunca más salimos de lo que ya somos en ese instante. Pero regreso a mis sueños. Yo, ya era así cuando me case. Soñaba con tener a tres amantes estables, a veces pienso que no vendría nada mal, tener cinco de esas amantes, otras veces pienso que debería tener nuevas experiencias, y me da por proponerle a mi chica que invite a alguien más a nuestro rincón, pero que debe ser mujer y que yo debo elegirla y es más ya se quien es y todas esas cosas, claro todo lo cuento en mi imaginación, porque creo que no existe quien soporte un desaire o una invitación a algo que no le guste.

Cada línea escrita representa un logro, un avance en el mundo de los sueños, representa un orgasmo. Cada palabra dicha o contada de esas líneas con las amigas es apasionante y hablar con una amante es el mayor de los orgasmos y el sexo puede quedar para otro día (aja de nuevo, me dicen mis amigas. Y para cuando el placer o es que eres insensible). Sexo, sexo, luego sexo y una frase trillada, después existo. ¿Y después del sexo qué?, la cosa no va por ahí, la cosa es simple, es la necesidad de hablar, de contar lo que se hace, de poder decir que cada que hablo con ella, o con las tres que son las posibles amantes que aún no tengo, he tenido el más grande de los placeres, pero es resulta que es de lo más egoísta.

Mis amigas después de tanto hablar, me dicen de nuevo: aja, luego sonríe, y me preguntan.

—¿No crees que ya platicamos mucho?

—Apenas lo suficiente —contesto.

—¿Para cuando la acción o es en serio que no te interesa el sexo? —me dicen ellas.

—Aja —contesto.

Se desvisten, coquetean entre ellas y se ríen. Hablan entre dientes, pero puedo distinguir que se burla, no pueden creer que exista en este mundo un sátiro tan defectuoso y junto a él unas ninfas tan exigentes.

—¿Te animas o no? —preguntan por última vez.

—Aja, ya voy —contesto.

Después del sexo, viene el amor, las ganas de hablar y se olvidan los reclamos. Yo tengo una buena esposa, soy feliz y quiero una amante feliz, que no este preocupada por reclamar mis ausencias, que disfrute de la platica y que sueñe con que todo es posible, es como decir que busco un ser perfecto, un ser quizá inexistente. Mis amigas me dicen, lo que tú quieres es una Santa o una monja, o tal vez muñeca inflable.

A la hora de la hora parece que huyo, que soy un fracaso, que no me atrevo a encontrarme con las amantes, y regalo un mal sabor de boca. La otra realidad es que el miedo no es por los besos que no se han dado, sino porque no se ni donde ni cuando alguien querrá robarme la felicidad y entonces me quedare sin nada. Yo quería amar, sin dañar a nadie, seguro estaba soñando.

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y por qué no huimos.

¿Acaso no todos recordamos todo? ¿O el problema es como lo olvidamos todo?, la gente empezó a tener la necesidad de huir, de salir de sus casas eso si han cerrado muy bien, (dicen que la atrancaron por dentro), no sean que se vayan a meter.

No existe un lugar, seguro, no hay tal lugar, sin embargo nuestros amigos, nos dicen: “ven por acá, las cosas están mejor”, seguro que pueden estar mejor o por lo menos si compartes el miedo las cosas ya no son tan duras, eso si, sí se sueltan los balazos, debes tener un lugar para protegerte, paredes en donde tienes las ventanas, esas paredes deben tener más de un metro de altura, así te tiras al piso y por lo menos piensas que todo va a estar bien en cuanto se termine el concierto de tiros, pero si tus amigos tienen una casa con un ventanal gigantesco o la única protección es un vidrio de unos cuantos milímetros, mejor ni acudas a su reunión, pues seguro que una bala te mete tremendo susto. La otra es que tus amigos sean amigos, de esos: a los que llaman, los malos.

A cien kilómetros de aquí la cosa esta fatal, al menos la gente no se atreve a salir de sus casas, y según me cuentan en las noches existe el toque de queda, y luego cuentan que nadie entra y sale del pueblo. Me pregunto que quizá para poder salir o entrar, deben tener un salvoconducto. El caso es que un día le digo a mis suegros, (en realidad quien les dice es mi chava) que deberían venir a la casa, cien kilómetros aguas arriba, como si acá estuviéramos exentos de esas cosas, aunque la verdad es que también pasan todo tipo de cosas y lo peor es que algunos ni siquiera nos damos cuenta.

La gente ahora tiene otros hábitos. Se compran muchas cervezas en alguna tiendita, sacan sus juegos de mesa, sobre todo si es un monopoli, si acaso ponen un poco de música, por supuesto en inglés y ríen mucho, al parecer se divierten. El antro es algo malo, muy malo, eso dicen y la gente que trabajaba o vivía de ello, es la que sufre, quien parece no sufrir los embates del miedo, es el “taquero”, ya sea el de la esquina o el de cualquier calle, pues todas las noches, sale a vender. Quizá la necesidad es más grande que el miedo, pues no importa si llueve, si no tenemos luz, si ponen la ciudad bajo algo que se llama toque de queda, si los malos de esta historia se tiran de balazos, siempre puedes conseguir unos tacos y con un poco de suerte, hasta unas cuantas historias. Suelo comer tacos en un lugar que llaman, los “Chekos”, parece que todos los taqueros son los Chekos.  Pocas son las veces que no cuentan sus aventuras, no sus verdaderas aventuras, sino las aventuras de la noche, te cuentan de cómo se oyeron disparos con armas de alto poder a mitad de la noche, o como alguien llego con múltiples heridas a comerse unos tacos antes de ir al hospital para ser atendidos, otras veces te cuentan de tipos malos, que no deben ser tan malos porque se dirigen con buenos modales mientras comparten y hasta da gusto atenderlos. “Los malos los que en verdad son malos, a eso ni queremos verles la cara, parece que tienen trato con la muerte, como si cada uno que ellos maten, les diera un diez por ciento más de vida”.

Siempre les pregunto porque no se van de la ciudad. Y siempre obtengo las mismas respuestas. Las deudas, un hombre que no paga su deuda no tienen honor. Otras veces me dicen que a donde diablos van a ir si aquí nacieron y que en definitiva no se van a ir. Las que menos oyes, es, que no tienen a nadie, que no se pueden ir. Imagino en sus respuestas colonias de gente marginada, viviendo en casas de cartón, imagino, la gente que durante muchos años salía huyendo de Centro América, imagino mi infancia y caigo en cuenta que no lo recuerdo todo, que nunca lo he podido olvidar y mientras eso pasa, en mi mente suena una canción.

 Y todo lo que deseo es escribir y siempre tengo una buena historia para contar, lo malo es que aún  no aprendo a contar como yo quisiera y de nuevo el yo, y me gusta.

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Cotidiano.

¿Como narrar la historia sin cometer el error de no contar nada?, la verdad es que no tengo la más minima de las ideas, aunque seguro existe alguna forma.

Hoy empecé a usar lentes (para algunos gafas), se supone que no tienen graduación o eso es lo que entendí del médico especialista correspondiente. Se trata eso si de proteger la vista, así que algo de anti-reflejante y seguro que algún ajuste debe tener por aquello de que la edad no es un asunto que pase desapercibido. Hace un tiempo (tres años atrás) le jugué una broma a mi tía, la más gruñona de todas. Llegue a su casa con unos lentes, que no tenían, propiamente el lente, es decir la pura armazón, ella me pregunto, si ya tenía que usar lentes, a lo cual respondí que si. Luego le dije que se los pusiera y ella dijo:

—Oye tienen mucho aumento, ya ni yo que estoy vieja, no me he quedado ciega —dijo ella, burlándose —. Deberías ya no desvelarte.

—No es mucha la graduación tía —le dije.

—Como que no, ni siquiera puedo ver con ellos, me lastiman —dijo de nuevo ella.

Tome los lentes y metí los dedos por donde deberían ir la lente correspondiente y me empecé a reír, pensé sin decir nada que el afán de mi tía por “chingar” es tan grande, que se inventa cualquier cosa con tal de hacerte sentir del carajo.

—No existe tal aumento tía —le dije—. Es más ni siquiera tiene lentes y tú ni cuentas te diste.

—Ya veras pinché cabrón —dijo ella—. Por andar vacilando te vas a quedar ciego, yo te maldigo.

Lo de mi tía y su maldición me dio mucha risa, claro que hoy en día que tengo por primera vez la “necesidad” de usar unos lentes para poder estar frente a la computadora o leer un libro o lo que tenga que leer, aunque juro que con ellos o sin ellos yo veo igual, pienso que mi tía es una bruja a la cual sus maldiciones terminan por hacer efecto, después de todo que es una maldición sino el odio que sentimos hacia los demás.

Seguro que no logre contar grandes cosas, debe ser un problema grave no hacerlo, aunque en este esbozo paso algo y es que me voy quedando ciego y entonces tengo algo que decir y es por eso que lo digo, aunque suene absurdo.

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Cosas sueltas

Lo único que deseaba era trabajar. Viajo cientos de kilómetros con la esperanza de que su suerte cambiara y se encontró con la muerte. Después de todo es lo único seguro. Antes de partir imagino una vida distinta, una vida con buena suerte, pero el destino es algo que no cambia con la distancia y el tiempo. Ese era su destino. Morir. Lo único que deseaba era trabajar, cambiar su vida. ¿Qué es la vida si la muerte no existe?

Le toco nacer de este lado, del lado donde nada es fácil, donde los sueños, son inmediatos, en corto, donde lo mejor que te puede pasar es casarte, tener hijos y morir de viejo. Él no fumaba, creía que fumar mata, pero mientras tienes vida cualquier cosa te mata.

Pienso un poco en la historia de un tipo que viaja a otro país para poder llevar a cabo sus sueños. Lo primero que encuentra es que todo mundo le niega el trabajo, entonces se ve obligado a robar para sobrevivir, en uno de esos asaltos o robos, es sorprendido y durante el forcejeo que sostiene con quien lo ha descubierto, el otro hombre cae al suelo y muere. Como existen testigos del “accidente” es apresado y sentenciado a muerte. Imagino que puede ser una historia, algo con lo cual se puede trabajar.

Dicho con esas palabras parece un argumento muy pobre.

El día de hoy he releído a Juan Rulfo, sobre todo Pedro Páramo, en realidad releer a Rulfo supone siempre una aventura y considerando que su obra esta llena de imágenes y placeres, es algo de nunca acabar. Son pocos los autores a los cuales regreso, es decir, son pocos los que me atrapan en sus tramas.

En cuanto a la construcción de la novela voy avanzando a buen ritmo, de seguir así, es posible que en un par de meses ya tenga el borrador y supongo que para fin de año, tendré de ese borrador muchas líneas borradas, me sienta bien estar escribiendo, me alegra avanzar, me gusta escribir, me siento en el lugar que deseo estar.

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Posible historia

Ella me pidió que le contara mis sueños. Lo que ella no sabia es que nunca duermo. Nos encontramos en un rincón del país y de inmediato pensamos que era obra del destino, no existía otra manera de explicarnos, lo que nos estaba pasando. El destino, el principio de incertidumbre, la teoría del caos y el simple vuelo de una mariposa, que lo puede cambiar todo, así que  conjugamos en unos cuantos segundos tantas teorías, para darle sentido a nuestra pasión. Esta no es una historia de amor, ni siquiera es una historia, es le relato, de cómo el supuesto destino te lleva a otro lugar.

Ella tenía unos ojos hermosos. Ojos de agua sucia que me enternecían. Ella podría tener lo que quisiera, era hermosa como ninguna y su sonrisa embrujaba, sin contar con la forma de humedecer sus labios antes de decir palabra alguna, sin contar lo bien que se le veían las rodillas, sin contar la suavidad de su piel. Ella lo era todo. Ella se perdió en un aeropuerto. Ella sin contar su ausencia, era perfecta.

Nos encontramos porque la vida así lo pedía. No existía violencia en nuestro mundo, en nuestras entregas, en nuestra pasión disfrazada de amor. Lo nuestro no era amor, sino ganas, ganas de arrancarnos nuestras soledades, ganas de quitarnos los miedos y regresar salvados al mundo, al verdadero mundo que desde siempre disfrutamos. Y entonces ella se perdió y con eso destrozo mi vida, mis sueños, los sueños que no podía tener mientras todo mundo dormía, porque como dije antes, yo no dormía, si acaso cerraba los ojos y entonces allí estaban los demonios, que me han perseguido desde que era un niño. Pero soñaba despierto y soñaba con ella, con su piel suave, con el coche de sus rodillas, con sus labios mordiéndose antes de decirme amor. Ella lo era todo.

Desperté una mañana,  más que despertar abrí los ojos, otra noche en vela y ella, la que tanto menciono, ya no estaba, se fue como llego, pero dejo en mi un largo suspiro.

No se puede contar una historia, sino se trata de amor o desamor,  no se puede existir en medio del destierro de los sueños, no se pueden hacer tantas cosas, sin sueños. En el fondo ella era lo que yo no soy. Libre.

La primera noche que pasamos juntos, hicimos el amor. Era una ciudad ajena para ambos, como quien dice una ciudad neutra. ¿Por qué llegamos a una ciudad ajena?, ambos empezamos a huir del fantasma de los recuerdos y se nos hizo fácil, aunque ella nunca me mintió. Me pidió mi amistad antes que amor, me dijo que todo lo que pudiera suceder sería en nombre de la amistad. El sexo era amistad, los besos eran amistad, tomarle la pierna era amistad, verme en sus ojos era amistad, amarla era amistad. Ella no quería otra cosa que un amigo, yo la quería a ella, pero como traicionar a lo prometido, como decirle que yo deseaba vivir mi vida con ella.

Nos conocimos en medio de una librería, que mejor forma de olvidarse de los problemas o de los amores perros, que mejor forma de dejar la vida en el pasado, que leyendo libros. Ella me recomendó de inmediato: Noches blancas de Dostoievski. A mi se me ocurrió que lo mejor era leer a Henry Miller, por supuesto que ya pensaba en ella, en mi vida a su lado, pues debo confesar que me enamoro a la primera y pienso en el futuro, aunque nunca me veo con hijos, la tarea de los hijos se la dejo a otros. Aunque leer a Miller suponía coger con muchas, pero que diablos importa, en ese momento incluso habría pensado en leer a Bukowsky. Ella me dijo que le encantaba Nabokov y me recomendó un par de textos más.

No pudimos decirnos: en tu casa o en la mía. Sin embargo nos dijimos, en tu hotel o en el mío. El de ella tenía jacuzzi, lo cual lo hizo más atractivo.

Se fue sin decir nada. Un día se le ocurrió que ya bastaba de estar a mi lado. Nunca más nos volvimos a encontrar, nos despedimos en la sala de vuelos internacionales, me dijo que se regresaba a su patria. Que demonios me estaba pasando, todo el tiempo, pensé que ella era del país y luego eso de regresar a su patria me confundió, aún más. Ella no me amaba, al menos como yo hubiera querido, ella no amaba a nadie y sin embargo un día decidió irse con él, vivir con él, tener hijos con él, mientras tanto a mí me estaba cargando la mala suerte, la mala idea de creer que con ella pude ser feliz. Pero se perdió, nadie más la volvió a ver, se perdió en un aeropuerto, un jueves lluvioso, un día que no puedo olvidar.

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Es una mañana agradable, con un poco de lluvia, que más bien merece el calificativo de llovizna. Hoy dan ganas de hablar, de decirle a todo mundo; buenos días, buenos días Matamoros, buenos días México. Al menos esa idea es algo que entra en la frase en el imaginario colectivo. Hoy no existe nada para que nuestra visión del día se vea afectada con malos deseos, ni siquiera lo dicho por un tal Sabina, acerca de que el país no va a ganar su lucha contra la delincuencia, a un más preciso, México no va a ganara la guerra contra el narco (que gran descubrimiento).

Los niños regresaron a la escuela. Esos niños que llevan en sus recuerdos inmediatos, muchas aventuras e historias por contar. Alguno de estos niños, se sienten afortunados, porque su curiosidad, observo con detenimiento el mundo mágico y sus curiosidades. Escuche a un niño contarle a otro:

—El domingo que fui a misa, lo cual me parecía aburrido, —le dijo un niño al otro—. Llego una chica muy guapa, que una vez que se sentó, me dejo verle los calzones. Al principio pensé que era una chica muy fea, pero conforme le fui viendo el calzón, me parecía más y más linda.

Sin duda las historia s que puedes oír van cargadas de la imaginación inmediata. Por supuesto que uno debe tener muchas cosas por contar y no detenerse con lo que escucha, pues eso puede dar la sensación de un estancamiento creativo.  Pero regreso a los niños, que por más historias que puedan contar, siempre llegan al mismo cuento. Hablan de granadas, de disparar armas automáticas y sus armas tienen una velocidad que nadie puede imaginar y con las mejores propiedades, pues no se  calientan y sus sonidos son impresionantes (trrrrrrrrrrr, trrrrrrrrrrrr), sus armas por cierto son iguales a las que yo tenía cuando era un niño, es decir suenan igual y disparan miles y miles de balas, aunque en mis tiempos, unos cuantos poseíamos esas armas y la mayoría estaba interesado por jugar al yoyo, el trompo, las canicas y tantas otras cosas. Hoy en día los niños, prefieren jugar al video juego agresivo, de disparos, muertes y supuesta historia.

Un niño le pregunta a otro:

—¿Qué puedes hacer con toallas desechables, cinta adhesiva y mucho, pero mucho gel antibacterial?

—No lo sé —le contesta el otro.

—Puedes hacer granadas de limpieza —le dice el niño que pregunto.

Los niños juegan a quemar trocas (autos, camionetas etc.), quieren el último juego de video, el más agresivo de todos y no desean despegarse de la televisión, dicen que tienen miedo a salir a las calles, porque afuera existe una guerra. Que alguien anda pintando las paredes, dejando a la vista de todos la marca del zorro.

Lo cierto es que hoy tenemos una mañana agradable y dan ganas de hacer el amor…

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Leí hace un rato una reseña de la última novela de Nabokov. Me llama la atención que la novela venga con una copia de las fichas que el escritor usaba para ir armando su historia, pero también esa necesidad o placer que sentimos por hurgar en su vida, en las notas de sus últimos días, es decir el placer vouyerista. Claro que deseaba leer de inmediato la historia y no porque sea un apasionado de las historias del autor de Lolita, lo cierto es que siento mucho placer cuando voy hurgando en la vida de los demás, aunque voy a tener que posponer la lectura hasta que esa novedad llegue a nuestro país, que espero no tarde mucho.

También leí de alianzas entre las pandillas de Juárez, en las que se comprometen a “portarse” bien, —si señor presidente —dijeron las bandas.

Otro tipo de sociedades es las que se dan entre los capos, los narcos y toda esa temática, ya empiezo a tener miedo de que contaminen mi historia, no vaya a resultar que después de 25 paginas el tono de la historia se desvirtúe y caiga en una más de vaqueros cibernéticos.

Uno de mis amigos me ofreció comprar los boletos para el concierto de Sir Paul Maccartey, por supuesto su compra no incluye que después tenga que pagar los boletos, es decir se trata de una invitación y yo con lo malo que soy para acudir a conciertos, le digo, deja lo pienso te aviso mañana. Sin duda prefiero que me regale un libro o con lo que va  pagar por los boletos, un buen diccionario, ya saben que esos siempre hacen falta.

Lo único cierto de este día lluvioso, es que termine por fastidiarme el día, eso sin hablar del recurrente dolor de cabeza que a estas horas se encuentra multiplicado, si me tomo un Tafil quizá me relaje un poco, pero en honor a una verdad a medias, no tengo receta y ya saben que sin recetas, ni siquiera puedes comprar antibióticos, parece que esta medida puede tener algunas consecuencias: o los médicos se vuelven ricos, o las farmacias venden menos o el seguro popular al fin funciona, yo creo que es una tontería. Se imaginan que te pidan receta para todo tipo de medicamentos. Que el destino y la edad nos salve de necesitar algún día Viagra.

En otros asuntos. Ya debería irme a la cama, quizá eso me calme el dolor.

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Otras

La noche empieza, y el arte de amar también, mañana nos leemos.

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