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El infinito placer de criar a un hijo (sobre todo cuando es un bebe), consiste en pasar largos periodos tirados en la cama, sin hacer nada. cuando él se inquieta la cosa ya no es tan hermosa.

Se acerco a mí porque sus deseos la dominaban, me acerque a ella porque mi pasión y mis ganas de hacerla mi musa eran indomables, con el tiempo ella entendió que yo no era lo que buscaba y yo comprendía que a su lado jamás escribiría pagina alguna, así que nos dimos la mano, nos quitamos la ropa y nos despedimos como lo hacen los buenos amantes y nunca más nos volvimos a ver.

Casi te quiero

Ella dijo: casi te quiero y fue suficiente para llevarme a la cama.

Lo que ella tenía de nalgas, yo lo tenía de escritor, casi nada. Entramos a su casa, el ajustado pantalón ya me estaba estrangulando, en su mesa había un gran ramo de flores, ella me dijo que se las había mandado el novio, pero como no sabía coger, no era un atractivo regalo para su cumpleaños. Nos cogimos, esa es la única verdad.

Cuando ya estaba dentro, ella me dijo: te condenaste a este pesado infierno, cuanto lo siento querido y yo no entendía lo que ella quería decir, pensé, esta loca de remate.

Luego ella me dijo ya no te quiero y por primera vez despues de mucho tiempo, la entendí y me deje llevar por este infierno de su ausencia, por ese infierno que no termina de matarte, pero que te ahoga todo el tiempo. A ella no la volví a ver jamás pero la pienso incluso cuando creo que ella ya debe estar muerta.

Ella me dijo, casi te quiero y yo me sentí un hombre completo.

Ella dijo

Ella dijo que yo, ya no era el mismo. Nosotros ya no somos lo mismo le dije y entonces el mundo se vino abajo. Yo la habría seguido hasta el fin del mundo, siempre y cuando el fin del mundo tuviera su inicio en el filo de sus ojos que desde que los vi por primera vez me atraparon. Ella no sabía nada de física y odiaba todo lo que tenía que ver con la tecnología, siempre me decía que el poeta mata carita y que las ciencias para ella no son arte sino necesidad de ganar dinero y vivir una vida de dependencia total. Yo pensaba que ella estaba loca, pero me gustaba su locura. Desde luego que ni era carita y mucho menos un hombre de ciencia, había estudiado ingeniería pero me había auto jubilado sin obtener un solo centavo por esos años de estudio, para ser poeta me faltaba una vida o tal vez dos, así que intente robarme unos versos y pensé que el mejor ejemplo sería aliarme a Pablo Neruda, pero a ella le gustaba Nicanor Parra y entonces me jodió la vida, una u otra opción de poetas me llevarían a Chile, pero no eran lo mismo.

La había visto por última vez, mientras subía por una larga escalera mecánica de un aeropuerto y pensé: nunca volveré a encontrarme con la felicidad y desde luego que estaba equivocado, pero no lo supe sino dos o tres años después, cuando la volví a encontrar y esa fue la última vez. Había algo en ella que la transformo por completo y no era precisamente su operación de tetas, ni los dos o tres abortos que se había practicado, ella me conto que recién se fue había tenido que abortar, porque no estaba para andar con esas cosas, me habría gustado que me ayudaras con los gastos me dijo y agrego, pero tú siempre te pierdes cuando se te necesita. En otros tiempos me habría reído, pero en ese momento estaba muy sensible y me dolió pensar que ese primer aborto pudiera ser un hijo mío, pero no dije nada, tal vez sino tenía la certeza las cosas serían diferentes, pero hoy creo que fue un gran error no saber si era o no mío, aunque saberlo, tal vez no supone diferencia alguna, con todo y eso yo me habría seguido hasta el fin del mundo, siempre y cuando el fin del mundo comenzaran por el borde de sus ojos.

Yo no me fui al fin del mundo y ella se fue muy cerca, pensé que llegaría hasta puerto Montt, pero le perdí la pista y nunca más tuve noticias de ella.

A ella le gustaba mi forma estúpida de seguirla ciegamente por toda la casa. Ella estaba siempre deprimida, no era mi culpa pero me hacía sentir así, deprimido. Cuando se quitaba la ropa no solo era feliz y gemía, sino que me contaba sus historias, esas historias de amor que sostenía con otros hombres, a mi no me importaban sus historias o lo que hacía con otros hombres, yo pensaba que la felicidad tiene su forma tan caprichosa de llegarnos y si la mía estaba condicionada por la de ella y ella estaba atada a los favores sexuales de otros, quién era yo para prohibirlo, además siempre me decía, poeta mata carita. Yo no era carita, nunca lo fui, supongo que ella estaba ciega y cuando intenté ser poeta y una vez que tenía conocimiento de sus gustos, no encontré un solo verso, pues las únicas posibilidades de construir un poema, las había tomado todas Nicanor Parra, quizá por eso empecé a odiar su poesía, hasta que me dijeron que él era un anti poeta y entonces las cosas tuvieron otro sentido. Quien me gusta en realidad era Bukowski, pero ella me decía que no le gustaba leer poemas en inglés y detestaba las pésimas traducciones, yo, lo único que tenía eran las traducciones y eso era Bukowski, no tenía más opción.

A ella le molestaba verme sin pantalones y solo quería un poco de sexo de tres a seis de la mañana, decía que era la mejor forma de llenarse de energía. El inicio de la noche lo reservaba para sus otros amantes, los amantes que si escribían poesía. Un día la sorprendí con uno de esos amantes y este le leía un poema que no decidía nada, algo simple e indigno de cualquier poeta, si esos eran los poemas que mataban mi supuesta belleza, yo no quería verme al espejo, pues ene se instante me di cuenta que yo podría ser el hombre más feo del universo, el tipo era un tonto, un desastre en la cama, pues cuando ella estaba con él, siempre regresaba a casa de mal humor y deseaba tener sexo, mucho antes de la mitad de la noche y yo tenía que dormir todo el día para recuperar un poco de la noche que había pasado en vela.

¿Qué por qué estaba ella conmigo?, no lo sé. Yo estaba con ella porque un día me vi en sus ojos y me arroje a ese precipicio que suponía ser el fin del mundo. Masturbarse era más simple y no requería aparentemente ningún esfuerzo, pero yo no me daba permiso para masturbarme, era como si de forma inconsciente me estuviera traicionando. La última vez que la vida la lleve a la universidad, a la facultad donde yo había estudiado y de ahí al museo de ciencia y tecnología, ella me dijo que nada de eso valía la pena y se fue a meter a una biblioteca de filosofía y letras, después de un rato me dijo que alguien vendría por ella, que si yo quería ella podría pasar más tarde por mi departamento, le dije que sí, pero nunca le confesé que me había mudado, entonces me perdí y me dije que si algún día la volvía a encontrar le diría: ahora vives en el corazón de un hombre imaginario, pero eso era muy parriano y yo en verdad no era poeta y de preferir a alguno, esta noche yo deseaba, como casi todas las noches, leer al gran Charles Bukowski.

 

Cada vez queda menos de atractivo en mí, quizá sea la edad. El ingrediente secreto para verse siempre joven sigue siendo para mí un secreto bien escondido. El gato no tiene alas porque no desea volar y algunos tienen alas pero no saben volar. Todos los días me enfrento a lo mismo, a esa serie de circunstancias que me van haciendo cada vez más débil y como no queriendo la cosa me hacen acariciar a la muerte, casi de frente. Al tiempo no se le puede vencer pero te puedes convertir en su aliado.

El ingrediente de la vida es la juventud.

A veces creo que he resistido a todo, pero pensar así encierra en mí un poco de egoísmo y las cosas casi nunca son lo que uno desea o recuerda. Llevo varios días sumido en un desvelo descomunal, aunque no lo quiera reconocer es algo que ya me preocupa, sobre todo porque leo menos y desde luego que no logro escribir gran cosa. Las cosas que hago no las hago por dinero o por fama, las hago porque no quiero que después de mi muerte me olviden, la verdad es que me impuse una tarea gigantesca pero por fortuna me gustan los retos complicados, los retos casi vecinos del fracaso. Todos los días me repito lo mismo: hay que seguir en esta lucha diaria.

Lo hago por mí, de eso no hay duda.

Tengo que hacerlo

No es que su muerte me estuviera causando un dolor del cual nunca me recuperaría. ¡No! Con su muerte, recordé aquellos días en los que lo único me importaba era no morir sin antes hacer todo lo que deseaba, era cuando aún iba a la universidad, cuando era fácil saltar de una cama a otra y escuchar a mujeres casadas que te confesaban que lo hacían porque sus maridos las golpeaban, nunca nadie me dijo algo diferente. Pasaron ya más de 22 años y supongo que desde ese tiempo yo no creía que discutir te pudiera llevar a algo. Si alguna vez pensé en morir no fue en esos años.

Yo no me lo esperaba pero un día me tope con el paraíso, desde luego que me visión del paraíso es para algunos el mismísimo infierno.

Las cosas vienen a mí en una especie de flashback. Ahora lo que más echo de menos es la ciudad de México y pienso que nunca más nos volveremos a reencontrar, a veces lloro por eso. Un día entendí que me tenía que ir, y con eso deje abandonado mi pasado y todas las cosas que no deseaba cargar. Tal vez yo no entendía que a veces es necesario salir, dejar atrás todo lo que nos aleja de lo que en verdad deseamos, de haberme quedado mi vida se habría cagado en la rutina y yo sería otro pobre infeliz que se reparte entre amores consuelo o amores inexistentes. Amar es una palabra de la que todo mundo abusa, yo no creo que dos personas se amen, y cuando pienso eso, estoy seguro que soy un cabrón.

Esta noche quiero soñar con ella. Con la ciudad.

Uno de estos días, cuando nadie me moleste, voy a escribir mi historia, será un lugar que va estar poblado de chicas, no de mis chicas ni de mis historias, aunque quizá este mintiendo un poco, jugando a darle interés a eso mágico que durante años me viene pisando la sombre y me reclama para que no me vaya de este mundo sin plasmar todo lo que deseo. Decidí ser escritor, entre otras cosas porque descubrí y muchas lecturas que es el mejor camino a la felicidad y yo quería que alguien más experimentara esa felicidad y que mejor si yo la podía crear. La verdad es que no es tan fácil. Uno de estos días sin lugar a dudas.

 

Acá es más fácil morir que encontrar una musa y ni que decir de las amantes. Los que encontraron a su musa murieron de alcoholismo o por abuso en el consumo de drogas, acá se aspira a morir por fuego cruzado o tal vez en manos de un secuestrador novato que te quiere echar a perder el día, pero nunca se aspira a encontrar musas, a todo esto, qué demonios es una musa.

La cosa esta como para no creerse. No sales a la calle y si sales dejas la cartera en casa y pones un billete en tu bolsa, no bebes, no volteas a ver a nadie y si es posible intentas pasar desapercibido, pero siempre alguien te está observando.

Revisas la casa antes de salir, revisas el coche y ardes en deseo de vivir al otro lado, porque según tú allá nunca pasa nada. Tonterías. Las muchachas ya no quieren ser amante de nadie, al menos no pasa conmigo y te preguntan a que te dedicas y casi todo les parece aburrido si es que no disparas un arma. Acá la fiesta terminó, a nadie le importa. Escogí escribir y no me atrevo, cuento cosas a medias, no salgo a la calle para empaparme de la historia diaria, a veces juraría que tengo miedo, y que no soy capaz de seguir por este camino y pienso en los minutos, en los últimos minutos y sueño con que muero de cáncer, y la verdad es que ya no se que está peor, si morir en sueños o vivir esta lenta agonía. La palabra lo es todo, pero si no dice nada, entonces está perdida. A veces creo que es demasiado tarde para pensar en alternativas, para soñar con defendernos y comenzar a golpearnos, la palabra hoy no daña a nadie, pues la palabra está conmocionada con tanta agresión y se repite casi siempre la misma como si su existencia estuviera gobernada por un eco infinito. Nos derriban, nos aplastan, nos hacen vivir con miedo, que morir hoy en día es poca cosa, comparado con este infierno diario. A través de la oscuridad, la muerte arremete, tiene aliados, tiene formas caprichosas y yo insisto en escribir estas historias desprovistas de alma y de musas, porque ellas se han ido con el primer cabrón que les enseño a vivir de forma fácil y con la vida de los demás en sus manos, si esta es una guerra espero acabar con ella, saliendo vivo cada día, ganar verdaderamente sería tener en contra de esta guerra a personas que sueñan, la esperanza es de todos los días y hasta el último minuto de la misma vida y supongo que no puede empeorar.

Todos se han ido, desde ahora pueblan otras ciudades, pero no dejan de vivir con miedo. Maldita cosa.

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