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De camino a casa me entero que la ciudad está llena de unos que disparan a otros, de lluvias que han dejado calles inservibles, de esas mismas calles que ahora están bloqueadas, de gente cansada y pienso en la posibilidad de vivir en otra ciudad, bajo otro ritmo, bajo otro cielo y con todas las cosas que más me gustan, pero al mismo tiempo pienso que eso es imposible. Me rasco la cabeza. La violencia existe donde quiera y la vida a veces es tan lenta que no pasa todo lo que quieres y te tienes que conformar con lo que pasa y en eso de conformarse no hay gritos, no hay pasiones y el sexo es solo eso, una fuga de todo lo que sientes.

¿Por qué volver a una ciudad, que hay en ella que te haga creer que vale la pena correr todos los riesgos?, si alguien lo sabe que me cuente.

La noche empieza a caer y supongo que debería tener miedo, que debería gritar a todo pulmón que no me maten, que tengo un cumpleaños más que festejar este año y no, no es solo el cumpleaños, sino toda la experiencia de vida que me espera, pero no grito, sigo conduciendo en un silencio que ni yo entiendo pero que me lleva al centro de estas batallas en las casi siempre sale derrotado el que se cruza y de inmediato existe una nueva pregunta: cuanta vale la vida de esas personas que todos los días la ponen en peligro y es entonces que siento muchas de llorar, pero no lo hago y sigo conduciendo hasta ver las luces de la ciudad y suspiro y siento necesidad de agradecer y pienso que si fuera creyente, me persignaría y le diría a Dios no sé cuantas cosas, pero en realidad no pienso en eso, y si en las cosas que voy a poder hacer y eso me motiva, tal vez de eso se trata, de disfrutar y de vivir cada instante de esta vida que parece no tener sentido, me rasco la cabeza de nuevo y ya siento el aroma de la casa y el dulce sabor de un día más en este paraíso donde las balas tratan de imponer el orden necesario para que las cosas sean como antes y que nadie sueñe con la paz y días tranquilos. A estas alturas ya no hay esperanzas de nada.

Esta realidad, no es otra cosa que sudor mezclado con sangre y cuerpos que ya no respiran a causa de los balazos. Yo soy un soñador que supone que aún tiene muchas cosas por hacer y me apresuro y me siento de nuevo liberado.

Solo cuando estoy llegando a casa me doy cuenta que vivimos en un polvorín y que no tarda en explotar y entonces quiero que la gente se aproveche de eso sin antes llevarse su merecido. Por qué volver, me pregunto tantas veces, y supongo que es a estas alturas una necesidad de estar en un lugar que cumpla con lo que más nos gusta y no nos ponga en peligro, pero nada es como uno lo imagina y de vuelta a la realidad, el traqueteo infernal me recuerda lo vulnerable que estamos y me dejo llevar por una serie de pasiones que me hacen cada vez más miedoso.

De forma lenta me voy aproximando al regreso, a esa realidad imperceptible, donde todo es ruido, miedo, sueños, pasión y vidas negadas. Hace unos días me decían que los escritores del norte son aburridos, que repiten una y otra vez una historia vieja: ese sueño por ser gringos, por ir más allá de las fronteras, una literatura que va de la mano de la violencia y que eso cansa, y traba el desarrollo de la literatura de este país, podría objetar a casi todo, y desde luego que no me quede callado, cierto es que a los escritores del norte les toca vivir esa realidad de muerte, secuestros y demás balazos, pero no por eso su escritura va de la mano de esa violencia o de las migraciones, la historia de nuestro país nos lleva a escribir una realidad compleja donde la crudeza de las acciones de los personajes que hacen la narración no está del todo desenvuelta, hay algo que no refleja dicha crudeza y es quizá nuestra costumbre por no ser tan crueles con todo ese entornó que nos rodea y que al final no son otra cosa que personajes. A favor de esa literatura existen tantas cosas, no se puede ver a un proceso de violencia, migración y pasiones ocultas como algo deshumanizado y tampoco se puede jugar el juego del poder que trata de callarnos para evitarnos saber que es lo que en realidad esta pasando, yo no creo ni por error que lo que hoy se escribe sea una historia vieja y que todo mundo intente seguir al pie de la letra el mundo de Rulfo o los dramas de Pedro Infante, lo que hoy se escribe tiene otro tiempo y otras variantes y de una u otra forma nos va acercando a lo que uno desea leer desde siempre.

Yo quería decirle a mis amigos que me gusta escribir sobre el amor, sobre las amantes y que aunque quiera no puedo sacarme de encima la violencia y el viaje de todos hacia el otro lado, que eso es una necesidad, que no se puede evitar de la noche a la mañana, a menos claro, que seas una genialidad y sobre todo me gustan las historias crueles. Supongo que mis amigos no sueñan con tener una amante, como tampoco han estado en medio de una balacera o de alguna forma involucrados en algún secuestro y para ellos los pinches gringos no sirven para nada e ir a su país es como resignarse a empinarse y recibir los embates por haber nacido en estas tierras. Yo creo, por necesidad que en mi historia en la que ahora trabajo, tendré que incluir un secuestro y muchas felaciones y ojalá que no me salga al revés, muchos secuestros y una felación.

La lluvia, su casa y Lolita, la tenían atrapada.

Todo historia de amor es más interesante que la historia de violencia y guerras fallidas, el norte no es sólo narco, el norte es frontera y desde ese punto también se puede narrar la vida desde su forma más cruda, tan cruda que todo vestigio de magia desaparece.

Una mujer huye del amor de su vida porque otra mujer intenta hacerla abortar. El hombre se somete a los caprichos de la mujer egoísta y así empieza una historia, el modelo a seguir, lo confieso: no tengo idea.

Mirada desconfiada, sueños rotos, necesidad de sentir y de no ahogarse algunos dicen que esa es la vida, para otros todo lo contrario pero todos coinciden que el amor en todos los tiempos jamás ha sentido ataduras y su naturaleza es casi siempre dominante y nos contagia su pasión desmedida, tanto que nunca hemos dejado de pensar en el.

Deseos, eso es lo que siento algunas veces, pero no es algo que me domine.

Casi medio siglo después ella le hace un guiño al amor, a veces la veo cansada, con ganas de todo y fuerza para nada, pero es sólo una percepción, es lo que deseo creer. Cuando se dejaron de ver ella no sabía leer y no hizo nada por aprender, le resultaba incómodo que su padre no la hubiera mandado a la escuela y ella quería creer que sí él no la había mandado era por algo y así tendrían que quedar las cosas, yo todo el tiempo supuse que ese eran gran error. Un día le llene su casa de libros, supuse que al verlos, le entraría curiosidad, pero no sólo le llene la casa de libros sino que le fui platicando muchas historias y algunas veces me quedaba a la mitad de las mismas y luego le decía en donde estaban y lo que tenía que hacer y ella siempre sonreía, y dejaba ver esa imposibilidad para hacerlo, como si en ello se le fuera la vida.

Me contó que un día lo hizo, abrió los libros y solo vio en ellos a una gran colonia de hormigas, pero estas hormigas le hablaban y se fueron acomodando de tal forma que le contaban historias, ella juraba no saber leer ni una vocal, pero las hormigas tenían unas formas raras y breves, unas formas que a ella le permitían entender lo que en esos libros estaba escrito. Hormigas que cuentan historias, yo quería unas así.

Cuando el amor de su vida se aparece de nuevo, entre ellos hay un distancia de por medio, no sólo una distancia causada por los años, sino una distancia geográfica y ella piensa que las cosas que ha pasado en su vida tenían como pretexto llevarla a este momento y lo único que se lamenta es no haber aprendido a leer porque ella cree que podrían enviarle mensajes al amor de su vida una y otra vez, y yo pienso que su fortuna es tan infinita porque no depende de un dispositivo para creer en sus sueños y para fomentar su amor, porque ella irá a tomarse un café, porque ella no va a necesitar de estar todo el día frente a un dispositivo tratando de adivinar que pasiones o sensaciones están en el y sobré todo porque no andará en la calle o por los rincones de la casa pendiente del teléfono y ajena de la vida. Y ella me dice: quizá mis amigas las hormigas me ayuden. Entonces pienso en que tal vez la magia en ella es que sabe leer y piensa que los hormigas lo hacen por ella.

La ultima vez que nos vimos, ella me dijo es la tercera vez que nos vemos hoy, y me dieron ganas de decirle, no te vayas, quedate conmigo, pero esa era una situación imposible. Así que me hice un gesto poco habitual y di unos cuantos pasos antes de volver la mirada. Quería decirle: y si hacemos ahora mismo el amor, pero ella ya no estaba. Me sente a esperar por verla una cuarta vez, pero eso no sucedio.

Me acuerdo muy mal de muchas cosas, por las que casi siempre las tengo que anotar. Hoy fue un día productivo, lo primero es que encontré con ayuda desde luego, la música para mi historia, no logró pensar en escribir algo y que no tenga sonidos. Desde luego que lo anote todo. Me gustaría hablar de los sueños pero últimamente, sólo recuerdo fragmentos. El de anoche era un tanto común, una mujer había encañonada con un pistola a un par de sujetos que viajaban en una camioneta grande, los obligo a orillarse y en cuanto se bajaron se arrodillaron y se pusieron a llorar. En ese instante yo juraría que esos hombres se habían convertido en animales. Le suplicaban para que ella no los matara y le hicieron jurar que les perdonaría la vida. Ella no hizo un solo disparo y ellos cuando se levantaron, mostraban en sus ropas la mancha causada por incontrolable rebelión de sus esfínteres. Un sueño raro donde una sola mujer era capaz de someter a quién no le hacía caso.

Lo más importante de la historia una vez que tiene música es que comienza a tener su ritmo y eso me alegra.

Hoy nos vimos tres veces, supongo que era mi día de suerte y tuve muchos deseos de tenerla en mis brazos, pero una vez más la situación y el entorno se encargarían de complicarlo todo.

Lo primero que recuerdo fue el momento en que ella me dijo si dejábamos de lado la idea de ser amantes. No es que no tuviera importancia o que las cosas me dieran lo mismo, solo que en ese momento no fui capaz de contestar. Miedo. Impotencia. Soledad.
Yo debería tener unos 25 o 22 años más que ella. Nadie parecía darse cuenta de lo que estaba sucediendo o eso deseaba creer. Pensé en lo triste de las cosas cuando ya no hay nada, qué sentido tendría todo esto. Dos personas, uno más grande que la otra, una con un cabello hermoso y la otra sin nada. Dos personas hablando de comida. La que tenía ese cabello tan hermoso, era tranquila.

Mi abuela estaba convencida de que me enterraría, yo no hacía nada por verla, no me interesaba.

Me gusta esa platica que tengo con la otra persona, hablar de cosas sin importancia, de sus gustos o los míos, de olvidarnos que existe un mundo afuera que nos hace sentir el peso de la moral y las buenas costumbres, me gusta soñar a que escribo y que puedo lograr lo que sea. Mi abuelo era tal vez un mal hombre, mi tías decían que escupía una saliva más amarga que el ajenjo, para mí eso no tenía importancia, yo a él si lo quería. Mientras todo esto pasa, mi madre sonríe y coquetea con mi padre biológico después de 42 años de ausencia, quizá entre ellos aún queda un poco de fuego por revivir y yo me quedo con el no de ella, que no sé que voy hacer después.

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