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Hasta aquí

Su sonrisa guarda mil historias, una historia, una esperanza y el sueño contenido durante los últimos años. La pienso todo el día, porque guardo de ella recuerdos que no peregrinan y porque sus acciones determinan el rumbo que hemos escogido para nuestras vidas y porque nos vemos a diario. La existencia de ella, en mi dieta diaria y en el cariño de nuestros niños me hace pensar que no puedo seguir así y que es necesario, pensar en la vida aburrida a la que te condena la monogamia, no lo se, lo estoy pensando.

El olor de la axila de Udele me excita tanto, sobre todo si no lleva desodorante. Lo que más me molesta en la vida: es que no se nos permita amar a más de una persona. Espero a la muerte, teniendo sexo, para que su llegada sea más placentera y se confunda un poco entre olores y orgasmos.

Yo era su mayor problema, era lo que ella buscaba, lo que se había negado durante tantos años y no le bastaba su sonrisa, ni el color de sus encias, ni nada en ella, para ocultarmelo.
Yo reconocía en sus palabras todos los problemas que estaban por venir y estaba dispuesto a todo, incluso a embarcarme en eso que algunos llaman sentimientos.
Sin embargo mi mayor problema no era ella, sino yo, que me había dejado domar por lo imperativo del pronombre y me gustaba el yo, que era capaz de mentir y cerrar el paso a la cruda verdad.

Cambio de planes

Ella me confeso sus planes para ser feliz y debo decir que ni por error aparecía yo en ellos, eso me lleno de tristeza

Acostumbro a decir que soy un hombre de letras, al que le encantan las amantes, pero desafortunafamente soy un hombre rutinario, que tiene un trabajo de noche que nadie más quiere y las posibles amantes, nunca aceptan mis negociaciones para revolcarnos en una cama ajena a ambos. El trabajo no es algo que va conmigo, pero lo acepté, so quisiera vivir de lo que escribo, ya habría muerto de hambre.

Le dije que la ropa le estorbaba, que se quitara los pantalones y ella no se movía en lo más mínimo, le dije de nuevo: amor mío sacate los pantalones que el calor te va a matar y ella se saco incluso las pantaletas, yo estaba como loco y me fui sobre de ella.

Llovía cuando nos volvimos a encontrar, ella abondono la ciudad en un viejo volkswagen y yo seguía trabajando en ese hospital aburrido, ella bailaba mientras conducía, el movimiento de sus caderas me recordaba ese ir de arriba abajo, como cuando lo hicimos por primera vez. El encuentro fue fortuito, casi un accidente y yo no hacía otra cosa que verle sus muslos gruesos, estaba en medio de una erección que moría antes de consumarse y esa era la peor de las muertes. No me atrevía a decirle que lo quería hacer de nuevo con ella, el miedo siempre me había mantenido alejado de todas mis fantasías. Baje del auto y ella me dijo: anda tonto pasa a la casa que quiero ponerte mis braguitas en tu boca.

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