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Decir atrapado es poco, roto es mucho y el silencio un cómplice interminable. Luna roja. Pensé en mi tumba, en la lista de cosas que aún no hago y en los amigos inconfesables y en todas estas cosas que voy dejando pendiente, pensé en el sin sentido de lo que hago y en las cosas que tengo que hacer. Pensar después de todo es un ejercicio sano, aunque no todos tienen el privilegio de hacerlo. Si la suerte cambia, podría ser yo el asesinado. El amor no ejecuta, pero las necesidades de una amante nos puede llamar a matar.

Decir que la vida se ha terminado, es un secuestro. Y mis ojos están secos de tanto esperar por un cambio.

Supongo que la suerte nada tiene que ver; que si alguien llega y te carga es porque ha visto en ti una oportunidad, un paraíso que se le ofrece sin necesidad de creer en un Dios y una ganancia sin necesidad de trabajar, una noche más con su amante y mil porciones más de droga, no importa si la droga es negra o es hierba o es blanca. Cuando eso pasa, las lagrimas brotan de los ojos de tus amigos y de las personas que te quieren, no hay razón, no hay lógica, se actúa con el corazón. Dónde se esconden, donde te esconden que sea un lugar desconocido, después de todo esta es una ciudad que cabe en la palma de la mano y todos conocen cualquier rincón de ella. Secuestros. Esas son las cosas que nos dejan el gaznate seco. Y la suerte termina, también termina Dios y dan ganas de contagiar a las familias de eso plagiarios de ese dolor, de ese llanto, pero una noche después de recibir su paga ellos disfrutan, bailan, se desvisten y tienen una orgía con el crimen.

Estas letras son tan secas, como la boca de un bebedor, que no encuentra un trago que calme su sed.

Una noche que tenía que ser roja y que sin embargo fue fría, oscura, nublada, triste. Una tumba falsa, un hombre atrapado y roto, no sé que es peor, si estar atrapado o roto. Un soplón asesinado y ellos lo que no saben es que mueren también y un día estarán en nuestras manos, porque así es la cosa y no es venganza, solo, digamos: mala suerte, si es que la suerte existe. El dolor es cosa más triste y se adueña de todo, es el mundo de todos y yo estoy triste por los amigos que pueden quedar atrapados cada que salen de sus casas e incluso sin salir de ella, y luego nos dicen que fueron los del bando contrario, como si unos tuvieran permiso de hacer lo que se les venga en gana y uno tuviera que aplaudir sus mañas. No hay funeral para esto, tendremos que seguir viviendo con ello y hoy me asusta.

Yo esperaba que ella hiciera algo diferente, algo que rompiera con su normalidad, nada de otro de mundo, desde luego que no esperaba que abandonara al hombre por el que ella jura tener mucho amor; la verdad es que no se si ella jura eso, pero no esperaba que ella lo abandonara. Que me desvista, es algo que siempre me atrae, pero si lo hace se va acabar todo. Ahora pienso que hace mucho que ella me ha olvidado, incluso antes de dejarnos de ver, me olvido porque le convenía, porque él se lo pidió en nombre de un amor amañado, porque a él no le dolía que ella estuviera conmigo, eso no le importaba, lo que le dolía era eso su nombre de macho, al que no le importa el amor o si ella es como un maniquí, ¡no!, no es amor, a él lo que en realidad le importa es que ella sea una muñeca que pueda romper a su antojo, que la pueda vestir de roja, ni siquiera le importa desvestirla, solo la quiere tener para él y para cuando se le antoje. Ella me había olvidado porque él se lo había pedido y porque él pagaba sus gastos.

Yo quería que ella me dijera: deja todo y vámonos de aquí.

A veces pienso que ella era muerte, era puta, era coqueta y era mía, pero todo es un espejismo. Ella se está probando en una vida que no nunca será suya y se está poblando de sueños en los que yo no estoy presente. ¿bruja?, quizá. Hace mucho que ella no sabe nada de mí y hace mucho que yo no duermo porque ella no está a mi lado. Si me busca podría encontrar mi amor, sino me busca, también podría encontrar mi amor, aunque a ella solo le importe lo que no tengo. Dinero.

Yo quería odiarla y decirle al oído: te odio, pero déjame quitarte la ropa, se mi puta.

La cosa es que pensar que ella podría ser mi puta era de lo más normal. Yo solo quería estar con ella porque me parecía más coqueta que nunca, pero su fe en el dinero la alejo de mí. Ella era egoísta y mi muerte, me desvestía solo si tenía ganas y yo pensé que olvidarla era fácil, tal y como se olvida la forma de resolver cualquier ecuación matemática medianamente compleja. Un día pensé, que si la buscaba, me encontraría con una mujer que odia, que duerme con la piel ardiente y un puto amante que no se aparece sino se pelea con su mujer, pensé que si la buscaba me encontraría con el deseo apagado por mí y que nunca me encontraría con el amor y me sentí desolado. Ella era una mujer caprichosa que vendió su cuerpo y con eso sello su muerte o mejor dicho su vida en algo: triste, aburrida y lo peor de todo, sin orgasmos.

Sin orgasmos, la vida es un insulto.Yo solo quería que ella hiciera algo o que por lo menos se olvidara de él.

Imposibles

Era esbelta, de buena figura, más de una joven habría deseado tener su figura, pero sobre todo era muy inteligente, ella amaba la buena música y disfrutaba de la poesía. Yo no hacía otra cosa que contemplarla cada que tenía oportunidad.

Insoportable

Parece que otra noche tormentosa se avecina. Así que termino de hacer lo que estoy haciendo y me meto a la cama.

Rutinas

Subímos al carro y nos pusimos a viajar, antes de hacerlo nos hablaron de la carretera del terror, de los secuestros, de las balas perdidas y no se cuantas historias más. Supongo que nos querían decir que antes de hacer el viaje lo pensaramos un poco, pero nosotros ya no sabemos nada del miedo, nosotros ya nos acostumbramos a este tipo de vida, para nosotros esta es la rutina y un día sin violencia ya no es vida.

Así empieza todo

Estaba intentando ser escritor. Había dejado no solo un trabajo de muchos años, sino toda una vida, legalmente ya era otro y del pasado no quedaba ni siquiera el nombre. Me jodia que todo el que se ne ponia enfrente decia estar escribiendo una puta novela, como si escribir una novela fuera de lo más fácil. La conocí a ella, cuando caminaba de regreso a casa, había bebido poco más de lo que era mi límite natural y no podia mantener el equilibrio. Ella fue el motivo de mi primera novela, solo fue cuando la conocí, que empece a escribir.

Nadie más que la historia para recordarte lo que sea. Nos topamos de frente y ella por primera vez pude verme bien y me dijo:

—Te imaginaba diferente—mientras con la mano izquierda se ajustaba los lentes—, pero no estás del todo mal.

Yo pensaba que había posibilidad de escapar de eso a lo que algunos llaman destino, no sé muy bien porque lo pensaba pero así lo venía haciendo desde siempre. Luego descubrí que todos estamos atrapados, que el lugar de Nunca jamás en verdad existe y de no ser así entonces en este instante estoy sumido en un cruel sueño. No he podido encontrar al otro, al que se supone que es la mitad de algo y no me refiero en sentido estricto a la pareja, sino al otro, al que debería ser la otra mitad de lo que somos y desde luego quiero suponer que no es lo opuesto. La ciudad está llena de esa gente fatalista, las calles se llena de ellos, los espacios públicos se llenan, los lugares turísticos si es que existe alguno se llena y los que viene de fuera se confunden entre los que ya están, todos son y somos iguales, es imposible diferenciarnos.

La ciudad cubre las imperfecciones de la gente, la ciudad busca los lugares donde la depravación crece, a la ciudad le gustan los lugares oscuros.

Dentro de mí hay algo, debajo de la carne y dentro de esa cosa que llamamos cerebro. La ciudad no tiene un manicomio, panteones sí, es de lo más común, no imagino una ciudad sin panteón, como tampoco imagino una cama sin ti, tú que al toparnos hoy de frente me pudiste ver a la perfección. Es extraño vernos sin que los únicos testigos sean las paredes, es extraño que esa carne que cubre tus huesos y alberga mi sexo, este tan lejos de mí y se mueva como huyendo, como queriendo contar otra historia. A veces pienso que las mujeres son como jarrones y se rompen ante la más mínima sospecha de un engaño.

Solo hay una posibilidad de volver a nuestra rutina entre paredes testigos y camas solo para nosotros: estar atrapados. Nadie nos encuentra, nadie jamás y tú eres yo y yo soy el otro.

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