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Podría asaltarte

Todo el tiempo veo a las mujeres que van de un lado a otro. Abandonan  esta miserable ciudad, unas cruzan por el río, no usan el puente y lo intentan dos o tres veces en un día, otras hacen largas colas y se vuelven invisibles durante un tiempo.

Unos tipos recorren la ciudad y te dicen, oye, tienes que repartir tus ganancias.

Me dan ganas de córtales los huevos, pero también me da miedo, a todo mundo le da miedo cuando hablan con estos tipos, no es por su tamaño, ni el tono de sus voces, sino por las armas que portan, algunos de ellos incluso usan uniformes.

En silencio, respondo, jode a tu madre.

Se bajan de las camionetas, te observan, te piden algunos datos, luego usan un tono que aún no logro descifrar, pero parece que te amenazan o te suplican: tienes que compartir tus ganancias, no hay de otra.

Vuelvo en responder en silencio, jode a tu madre.

Intento adivinar cómo son sus rostros. Sus ojos no tienen brillo. Parecen perros rabiosos; luego viene la noche, supongo que el dinero que nos han quitado, se lo entregan a sus mujeres y dejan un poco para sus putas. Sus mujeres que durante el día se pasean en autos lujosos o van de compras al otro lado, para el resto, los que ahora llamo nosotros, cuando llega la noche, sentimos alivio porque al fin estamos escondidos en un rincón de la casa, alivio casi agónico porque entre la noche y el día no hay tanto espacio.

Los tipos recorren la ciudad y juran que están cuidando de nosotros.

Fotografía

Ella es como una mujer perdida, me arrastra  entre sus piernas. Pensé que tenía alas, pero nunca fui capaz de volar y ahora lo que hago es temblar porque creí que había olvidado su rostro, pero hay algo que me la recuerda casi a diario.

Asuntos de pertenencia.

La pregunta era muy simple: qué somos. Nada. Lo que uno sentía por el otro no era amor, era la necesidad de quitarnos de encima la no felicidad, por eso lo disfrutamos, hasta que a él se le ocurrió reclamar por sus derechos de exclusividad.

Monotemáticos. Aburridos, descontrolados y en ocasiones nos sentimos los amos del universo, que otra cosa podemos ser o hacer, si nuestra virtud es la de ser humanos, a veces miserables, pero que nadie no los diga porque le rajamos la cara.

La misma situación de siempre, todo mundo se queja, pero nadie hace nada o propone algo que nos permita hacer las cosas de forma diferente, estamos atrapados por esa inercia y hacemos cosas sin sentido, carecemos de sentimientos. A nuestra juventud e incluso a los que son 20 años mayores que yo, les gusta estar pegados al teléfono, sin hacer nada, leyendo cosas que no llevan a nada o jugando una serie de juegos que solo entorpecen nuestra capacidad de asombro y nuestra relación con lo que nos rodea, personas haciendo comentarios banales o fotografiando lo que se van a comer, me dan tristeza, nadie aporta nada, desde luego que es un situación personal observar lo que hacen o fingir que lees (en esos comentarios no hay lectura posible) lo que escriben.

Algunas cosas me molestan, como la idea de falsos poetas que se levantan todos los días en la mitad de este continente y sueñan que lo que escriben va a cambiar el mundo. No se escribe para cambiar al mundo y mucho menos para salvar a quienes lo necesitan, la poesía o la literatura en general no ejerce el papel de psiquiatra o de psicoanalista personal, aunque genere en ocasiones ciertos comportamientos que parecen rescatar a cualquiera.  Yo no entiendo como alguien se atreve a decir que es poeta y engaña a un número de personas, supongo, porque no tengo otra opción que debo creer que es la bondad de las personas que les hace creer todo ese tipo de cuentos. Mi molestia carece de sentido.

En ocasiones me canso de la gente y quisiera permanecer alejado, en lugares a los que nadie pudiera tener acceso, una situación en extremo egoísta. Intento escribir todos los días y en ocasiones me resulta muy difícil, no sé muy bien, si por la carga emocional que se me deja venir después de una larga jornada de aburrimiento o de ver pasar la vida sin hacer nada. escribir es para mí, lo más  esperado, pero por desgracia no tengo un tiempo definido para ello, ni el espacio, ni tantas otras cosas, supongo que nada de eso hace falta y que solo me invento pretextos para disculpar mis fracasos, la vida está llena de eso, de fracasos. Me gusta la noche para escribir y la música, pero no esa cosa a la que los jóvenes suelen llamar música y no es otra cosa que sonidos atrapados en una especie de gritos que no son gritos e historias que son todo menos historias, me gusta dejarme llevar por la buena música, supongo que no hay escritor sin buena música.

A veces quisiera dormir todo el día y despertar a mitad de la noche y escribir hasta quedarme dormido de nuevo.

Por  las noches hacía un par de cosas: una era escribir y la otra era adivinar un amor absurdo y por lo mismo casi imposible. Buscaba su cuerpo en los pasillos del hospital. Al principio su nombre carecía de interés, luego se fue transformando hasta tener una forma breve, no tan breve como el nombre de Ana y desde luego que no se volvió con el tiempo impronunciable. La busque tantas veces que ahora no estoy seguro si es que un día la encontré. La noche anterior a esta, la soñé y fue muy triste porque ella había muerto, un paro fulminante a su corazón y eso fue todo, yo prefiero los sueños donde mi nariz busca estar entre sus piernas, pero esos parecen estar perdidos y no hay para cuando logren aparecer, después de todo no importa, porque no es otra cosa que adivinar un amor, presentirlo, pero nunca tenerlo en mis brazos.

Sigo vivo, quizá eso sea un gran problema. Parece que hay muy poca gente interesante. No entiendo muchas cosas, y me obsesionan otras. Quizá los que ocasionalmente me leen puedan decir que me obsesionan las amantes, a veces no yo sé porque me dejo arrastrar por ese tema, tal vez sea algo tan común que no debería escribir acerca de ello, otra cosa que me desespera es la música, la que ahora oyen los que son más jóvenes es fatal, está llena de ruidos y no entiendo cómo es que se puede llenar una cabecita con esos ruidos, pero la gente ama esos ruidos que nunca trascienden más allá del momento.
Durante mucho tiempo mataba el día corriendo, desde luego que solo lo hacía durante una hora y a veces dos, el resto del día me ponía a trabajar, aunque no estoy seguro si en realidad trabajaba, era un trabajo duro y que tenía que hacer con las manos, quizá por eso le tengo especial cariño a ellas, mis manos; sino asesinaba el día, las cosas se me complicaban y me parecía que era algo interminable, me gusta la noche porque todo está en silencio, prefería escribir cerca de la mitad de la misma, cuando solo se escuchan los ruidos de los gatos en los tejados, aunque en la ciudad de México que era donde antes vivía lo que menos hay son tejados, pero si muchas casas con laminas ruidosas. Donde ahora vivo parece que los gatos esta ausentes o tal vez le tienen miedo a las balas y por eso no salen a la calle.
No me gustan las fiestas y tampoco me gusta la compañía de mucha gente, es más a veces creo que no fui hecho para compartir con la gente y casi siempre la evito. Me gustan las mujeres sobre todo si puedo revolcarme con ellas. Estos tiempos las cosas son muy difíciles, las amantes modernas, prefieren que las veas por skype, o pasar horas interminables enviando mensajes, supongo que no hacen nada de sus vidas en las que el teléfono, tableta o lo que usen para enviar sus mensajes este lejos de sus manos, la comunicación entre amantes hoy en día debe ser del orden de unos quince mil mensajes por mes. Hace un tiempo me gustaban las piernas flacas, no preocupaba por nada más, hoy en día no sabes si la mujer que te gusta tiene las piernas flacas y no solo porque todo mundo use pantalones sino porque la posibilidad de verlas es casi nula.
Alguien más ha tomado el control por nosotros. Nos pasamos el día viendo cuando gente hace like a nuestras publicaciones y cuanta más se agrega como nuestros amigos, no vemos a los demás y nos enteramos de las vidas de nuestros compañeros de trabajo por medio de mensajes. Aunque suene raro tengo que trabajar, yo no tengo padres con mucho dinero que me hagan el chingado favor de evitarme el trabajo y que yo pueda dedicarme de tiempo completo a escribir, lo otro es que no soy muy bueno escribiendo, así que sería un dinero tirado a la basura.
Hay tantas cosas que me llenan de tristeza y que me ponen cada vez con más ganas de no salir a la calle, por ejemplo, cuando voy al trabajo, siempre me topo con las misma historias y los mismos rostros confusos, rostros que parecen no albergar ningún sueño y que parece que están esperando que alguien venga a resolverle sus problemas, el negocio es el dinero, no importa cómo o cuantas mañas te tengas que dar, el negocio es aprovechar la ocasión sin importarnos que el barco se esté hundiendo, un barco que se llama país y donde el capitán se encuentra preocupado porque desea cambiar de set para que su actuación sea magistral, el supone quiero pensar que su actuación es elemental para el país y el resto de nosotros suponemos que sino actúa bien debemos quedarnos callados para no experimentar su furia, pero te hablaba del trabajo y de las cosas tediosas con la que me topo todos los días. En ocasiones pienso que lo mejor sería irme a la cama con todas las mujeres del trabajo, pero desde luego que se trata de una tontería, algo sin sentido, además quien podría aguantar una situación así por el resto de sus días. Yo no. Tengo necesidad y es por eso que tengo que seguir interactuando, pero en realidad esa situación me jode todo el tiempo y parece que estoy ciclado porque no se otra cosa que no sea hablar de lo mismo.
Una amante que no haga otra cosa que estar enviando mensajes no es una amante, aunque en estricto la acción del engaño, si es que se ve a la amante como parte de un engaño, existe. Piernas flacas, ojos grandes, y mucho senos, quizá eso era lo ideal hace algunos años, ahora basta con tener buena conexión, buenos dedos para responder a la brevedad y no importa si en algún momento estas frente a ella y te ignora, pues lo que en realidad importa es que te conteste todo el tiempo y tengas que imaginar su voz, su risa, su vida. A todo esto anoche soñé con Tolstoi y no estoy seguro, de si me sigue gustando.

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